Isaías 60
La gloria del Señor amanece sobre Sion
Isaías 60 presenta a Sion levantándose después de una larga noche de oscuridad, dispersión y sufrimiento. Aunque las tinieblas cubren la tierra, la gloria de Jehová amanece sobre Su pueblo y lo invita: «Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz». Sion no posee una luz independiente ni se glorifica a sí misma; resplandece porque recibe y refleja la luz de Jesucristo. Por eso las naciones y los reyes acuden a ella: no para honrar la grandeza humana de Israel, sino para conocer al Señor como Salvador, Redentor y Santo de Israel.
El recogimiento transforma una ciudad abandonada en una familia mundial. Hijos e hijas regresan desde lugares lejanos, los extranjeros participan en la edificación y los recursos de las naciones son consagrados a la casa del Señor. Esta expansión no tiene como propósito elevar a un pueblo sobre los demás, sino reunir a todos los hijos de Dios en los convenios del Evangelio. La restauración de Sion demuestra que Jesucristo puede convertir la soledad en comunión, la desolación en abundancia y el rechazo en una obra que bendice a todas las naciones de la tierra.
La visión culmina en una Sion celestial donde la violencia termina, la paz y la justicia gobiernan, los muros reciben el nombre de Salvación y sus puertas el de Alabanza. El sol y la luna dejan de ser las imágenes principales de su iluminación porque Dios mismo se convierte en su luz eterna y los días de duelo llegan a su fin. Aunque el establecimiento de Sion pueda comenzar con un grupo pequeño y aparentemente débil, el Señor promete multiplicarlo: «Yo Jehová, a su tiempo, apresuraré esto». La obra pertenece a Jesucristo; Él determina su tiempo, le concede poder y finalmente transformará la oscuridad del mundo en la claridad permanente de Su presencia.
Isaías 60:1 — Levantarse y resplandecer con la luz de Cristo
«¡Levántate, resplandece!, porque ha venido tu luz». Sion había permanecido abatida por el cautiverio, la dispersión y el pecado, pero ahora recibe el mandato de levantarse porque ha llegado el tiempo de su restauración. Esta invitación también se dirige a cada discípulo que, después de atravesar periodos de oscuridad espiritual, recibe la luz del Evangelio. Levantarse significa abandonar la desesperanza, responder al llamado de Dios y comenzar a vivir de acuerdo con la verdad recibida. Sion no produce su propia luz; resplandece porque Jesucristo, la Luz del Mundo, ha venido sobre ella. Del mismo modo, los discípulos reflejan Su luz cuando siguen Su ejemplo, guardan sus convenios y testifican mediante sus palabras y acciones.
«La gloria de Jehová ha nacido sobre ti». La restauración de Sion no será únicamente el resultado de la organización, los recursos o la capacidad humana, sino una manifestación de la presencia, el poder y la santidad del Señor entre Su pueblo. Esta gloria no tiene como finalidad alimentar el orgullo nacional o religioso ni exaltar a Sion sobre las demás naciones. Su propósito es atraer a todos hacia Jesucristo, el Dios que redime, reúne y transforma. Cuanto mayor sea la luz recibida por el pueblo del convenio, mayor será también su responsabilidad de compartirla con humildad y permitir que otros reconozcan, por medio de su vida, la gloria y la bondad del Salvador.
Charles W. Penrose: Doy este testimonio con palabras de verdad y solemnidad, ante Dios y ante todos los hombres. Sé que esta es la obra de Dios y sé que prevalecerá. Sé que no será entregada a otro pueblo (Daniel 2:44). Sé que permanecerá, y que todo poder y toda influencia que se levanten contra ella para destruirla perecerán y serán destruidos; y todo brazo que se levante contra esta obra, en el debido tiempo del Señor, quedará paralizado y se marchitará, porque es la obra del gran Dios y permanecerá para siempre…
Y la Sion de nuestro Dios se levantará y resplandecerá (Isaías 60:1), y su gloria se extenderá hasta los confines de la tierra. Dios derribará toda nación, reino y gobierno de la tierra que se niegue a escuchar Su voz, hasta que los reinos de este mundo lleguen a ser el reino de nuestro Dios y de Su Cristo, y Él reine (Apocalipsis 11:15) de polo a polo y de costa a costa. (Journal of Discourses, tomo 25, pág. 50).
Isaías 60:2 — La luz de Cristo en medio de la oscuridad
«Tinieblas cubrirán la tierra y oscuridad los pueblos». Isaías describe una época de confusión espiritual, apostasía, injusticia e ignorancia, en la que muchas personas no logran reconocer su verdadera identidad ni el propósito eterno de la vida. Sin embargo, la extensión de las tinieblas no puede impedir que amanezca la luz de Dios. La restauración del Evangelio ofrece claridad en medio de esa oscuridad porque Jesucristo revela quiénes somos, por qué estamos aquí y cuál es el camino para regresar a la presencia del Padre. Su verdad permite distinguir entre aquello que conduce a la vida eterna y aquello que, aunque resulte atractivo temporalmente, termina alejándonos de Dios.
«Mas sobre ti amanecerá Jehová». Así como el amanecer llega después de una noche prolongada, la presencia del Señor marca el comienzo de una nueva etapa para Sion. La oscuridad nunca es definitiva cuando Jesucristo está por manifestar Su poder. Su luz puede aparecer gradualmente, como los primeros rayos de la mañana, pero finalmente revela lo que la noche había ocultado y devuelve esperanza a quienes permanecieron esperando. Esta promesa enseña que, incluso cuando el mundo se encuentre espiritualmente oscurecido, quienes acudan al Salvador podrán recibir orientación, discernimiento y fortaleza para convertirse también en portadores de Su luz.
Thomas S. Monson: Cuando Jesús de Nazaret recorrió personalmente los senderos pedregosos de la Tierra Santa, Él, como el Buen Pastor, mostró a todos los que quisieran creer cómo podrían seguir aquel camino angosto y entrar por aquella puerta estrecha que conduce a la vida eterna. «Ven, sígueme», invitó. «Yo soy el camino»…
La historia registra que, en efecto, la mayoría de los hombres no acudieron a Él ni siguieron el camino que enseñó. El Señor fue crucificado, los apóstoles fueron muertos y la verdad fue rechazada. La brillante luz del conocimiento se desvaneció, y las sombras cada vez más largas de una noche oscura envolvieron la tierra.
Una palabra, y solo una, describe el lamentable estado que prevaleció: apostasía. Generaciones antes, Isaías había profetizado: «Las tinieblas cubrirán la tierra, y la oscuridad los pueblos» (Isaías 60:2). Amós había predicho una hambruna en la tierra: «No hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová» (Amós 8:11). ¿Acaso Pedro no había advertido acerca de falsos maestros que introducirían herejías destructoras, y Pablo no había predicho que llegaría el tiempo en que no se soportaría la sana doctrina?
Las edades oscuras de la historia parecían no terminar nunca. ¿No tendría fin aquella noche blasfema? ¿Había olvidado a la humanidad un Padre amoroso? ¿No enviaría mensajeros celestiales como en los tiempos antiguos? (Ensign, mayo de 1975, pág. 15).
Bruce R. McConkie: Cuando el sol del Evangelio se puso hace casi dos milenios, cuando el sacerdocio fue retirado y un lúgubre crepúsculo descendió sobre las congregaciones que antes habían conocido la luz, cuando la luz y la verdad dejaron de resplandecer desde los cielos y los habitantes de la tierra dejaron de ser enseñados y dirigidos por apóstoles y profetas, entonces reinaron las tinieblas espirituales. Las tinieblas cubrieron la tierra, y una profunda oscuridad, la mente de las personas. (Véase Isaías 60:2). Comenzaron las edades oscuras, y la luz del cielo dejó de morar en el corazón de quienes profesaban adorar a Aquel a quien pertenecemos. (Ensign, mayo de 1978, pág. 12).
Bruce R. McConkie: Y con el amanecer del Evangelio y la difusión de la verdad por toda la tierra, los terrores de la noche están desapareciendo. Donde había temor, ignorancia y superstición, ahora hay amor, luz y religión pura. El temor se ha convertido en valor; la ignorancia se transforma en sabiduría; la superstición y la tradición son reemplazadas por la luz y la verdad del cielo.
Pronto los lobos de la maldad dejarán de aullar, y los chacales del pecado dejarán de gimotear y de atacar al reino que sigue avanzando, y el gran día milenario habrá llegado.
¡Este es tu día, oh Sion! «Levántate, resplandece, porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti…
Sobre ti será vista su gloria.
Y vendrán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento…
Nunca más se oirá en tu tierra violencia, ni destrucción ni quebrantamiento en tus confines, sino que a tus muros llamarás Salvación, y a tus puertas, Alabanza…
Jehová te será por luz perpetua, y tu Dios, por tu gloria». (Isaías 60:1–3, 18–19). (Ensign, mayo de 1978, pág. 13).
Isaías 60:3 — Las naciones caminarán hacia la luz
«Andarán las naciones a tu luz». Los pueblos no serán atraídos hacia Sion para glorificar a Israel ni para engrandecer una institución humana, sino porque en ella resplandece la luz de Jehová. Sion cumple verdaderamente su misión cuando dirige la atención hacia Jesucristo y ayuda a las personas a conocer Su doctrina, recibir Su gracia y seguir el camino de los convenios. La luz que ofrece no le pertenece: es la verdad, la santidad y el poder redentor del Salvador reflejados en la vida de Su pueblo.
El recogimiento de Israel posee un alcance universal. Personas de todas las culturas, lenguas y naciones están invitadas a venir a Cristo, entrar en Sus convenios y caminar en Su luz. Esta profecía enseña que ninguna procedencia, historia o condición social excluye a alguien de las bendiciones del Evangelio. A medida que los discípulos viven con rectitud, unidad y amor, se convierten en instrumentos mediante los cuales otros pueden reconocer la luz del Salvador y encontrar el camino de regreso al Padre Celestial.
Orson Pratt: Reyes, nobles y grandes hombres de todas las principales naciones de la tierra acudirán en multitud a Sion con sus ejércitos y sus siervos para contemplar su grandeza; y tendrán que obedecer los mandatos del gran Rey, quien promulgará Sus leyes desde Sion (Isaías 2:3), o no habrá allí lugar donde puedan morar…
Por eso me regocijo; espero con anhelo el día de gloria, cuando la gloria de Sion sea como una luz sobre una colina (Mateo 5:14) que ilumine al mundo entero. Los grandes hombres de la tierra vendrán a contemplar la gloria de Dios y a ser instruidos en los santos mandamientos que procederán de entre nosotros; y contemplarán Sion, se maravillarán y quedarán asombrados. (Journal of Discourses, tomo 3, pág. 74).
Elaine S. Dalton:Espero que nunca vacilen en dejar que «alumbre [su] luz… para que [otros] vean [sus] buenas obras y glorifiquen a [su] Padre que está en los cielos» (Mateo 5:16). Espero que ustedes también eleven bien alto sus estandartes. Sé que, al dirigir con rectitud, se cumplirá este pasaje de Isaías: «Porque he aquí… sobre ti nacerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria» (Isaías 60:2). Será perceptible, y «vendrán las naciones a tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento» (Isaías 60:3).
Puedo imaginar un día en que el mundo las mire y diga: «¿Quiénes son ustedes? ¿Quiénes son estas jóvenes que irradian esta luz? ¿Por qué son tan felices? ¿Por qué saben hacia dónde dirigirse en un mundo tan confuso?». Y ustedes se levantarán, se pondrán de pie y dirán con convicción: «Somos hijas de nuestro Padre Celestial, quien nos ama, y nosotras lo amamos a Él. Seremos “testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar”».
Mi llamado a ustedes es el mismo que el de Moroni: «Despierta y levántate… oh hija[s] de Sion» (Moroni 10:31). Él las vio. Vio este día. ¡Estos son sus días! Les corresponde decidir que se «levantarán y resplandecerán». Creo que, al despertar y levantarse, su luz será un estandarte para las naciones, pero también creo que sus normas serán una luz para las naciones. (Conference Report, abril de 2006, pág. 111).
Isaías 60:4 — El recogimiento como una reunión familiar
«Tus hijos vendrán de lejos, y tus hijas serán llevadas en brazos». Isaías presenta el recogimiento de Israel como una reunión familiar llena de amor y esperanza. Quienes regresan desde lugares lejanos no son multitudes anónimas, sino hijos e hijas de Dios que habían permanecido dispersos y ahora vuelven a Sion. La profecía revela el carácter personal de la obra del Señor: Jesucristo conoce a cada persona, recuerda a quienes parecen perdidos y prepara caminos para conducirlos nuevamente a Su presencia y a las bendiciones del convenio.
La imagen de las hijas llevadas en brazos enseña que no todos regresarán con la misma fortaleza ni avanzarán al mismo ritmo. Algunos necesitarán ser sostenidos debido a sus heridas, dudas, debilidades o falta de experiencia espiritual. Por eso, participar en el recogimiento requiere más que proclamar la verdad; demanda ternura, paciencia y disposición para acompañar a quienes todavía no pueden recorrer solos todo el camino. Cuando los discípulos reciben, fortalecen y cuidan a los que regresan, reflejan el amor del Salvador, quien lleva con misericordia a Sus hijos de vuelta al hogar.
Isaías 60:5 — El corazón de Sion será ensanchado
«Se estremecerá y ensanchará tu corazón». Sion contemplará con reverente asombro la magnitud de la restauración y el regreso de hijos de Dios procedentes de muchas naciones, culturas y circunstancias. Su corazón tendrá que ensancharse para recibir a personas que antes parecían distantes o extranjeras. Esta profecía enseña que el recogimiento no consiste solamente en aumentar el número de quienes pertenecen al pueblo del convenio; implica formar una comunidad espiritual capaz de recibirlos con amor, reconocer sus dones y ayudarlos a sentirse parte de la familia de Dios.
La expansión visible de Sion requiere primero una expansión interior. No podemos participar plenamente en el recogimiento mientras conservemos prejuicios, levantemos barreras culturales o hagamos que otras personas se sientan extranjeras dentro del pueblo del Señor. Jesucristo ensancha nuestro corazón al reemplazar el temor con amor, la indiferencia con compasión y la exclusión con verdadera hermandad. Sion crece realmente cuando sus miembros aprenden a contemplar a cada persona como un hijo o una hija de Dios y le ofrecen un lugar genuino entre ellos.
Orson Pratt: «Pero —preguntan las personas—, ¿creen que los tiempos de los gentiles ya se han cumplido?». No; aún no se han cumplido. Cientos, miles y decenas de miles de gentiles de las diversas naciones de la tierra todavía se someterán a la plenitud del Evangelio; y vendrán, y las puertas de Sion no se cerrarán ni de día ni de noche (Isaías 60:11), para que las riquezas de los gentiles fluyan hacia ella. El Señor seguirá obrando tanto entre Israel como entre los gentiles, y Su poder aumentará cuanto más llevemos el Evangelio a Israel; cuanto más busquen los siervos de Dios a la descendencia de Jacob, más se manifestarán los poderes del cielo para la redención de ese pueblo. Ellos son la descendencia prometida; Dios no ha olvidado las oraciones de sus padres. Abraham, Isaac y Jacob oraron por su posteridad y tuvieron fe en favor de ella, y en ellos serán bendecidas todas las naciones de la tierra. (Journal of Discourses, tomo 2, pág. 41).
Isaías 60:5–7 — Los recursos de las naciones serán consagrados
«Las riquezas de las naciones habrán llegado hasta ti». Isaías contempla pueblos provenientes de regiones lejanas que llevan oro, incienso, animales y otros bienes para apoyar la adoración y embellecer la casa del Señor. Aquello que anteriormente podía utilizarse para alimentar el orgullo, demostrar poder o buscar únicamente prosperidad personal recibe ahora un propósito santo. Las riquezas no llegan a Sion para exaltar a sus habitantes, sino para honrar a Jehová y contribuir a la edificación de Su obra.
El principio doctrinal central es la consagración. El Señor no reúne solamente personas; también santifica los recursos, talentos, conocimientos y capacidades que ellas aportan. Cada cultura y nación posee dones que pueden emplearse para fortalecer Sion y bendecir a la familia humana. Cuando ofrecemos voluntariamente nuestro tiempo, habilidades y medios a Jesucristo, lo temporal se convierte en instrumento de propósitos eternos. La verdadera consagración no se mide únicamente por cuánto entregamos, sino por nuestra disposición a permitir que todo lo recibido de Dios sea utilizado para glorificarlo y servir a Sus hijos.
Isaías 60:6 — Oro, incienso y alabanza para el Rey
«Traerán oro e incienso y proclamarán las alabanzas de Jehová». Isaías describe a las naciones llegando a Sion con presentes valiosos y reconociendo públicamente la grandeza del Señor. La imagen anticipa y recuerda los dones que los magos ofrecerían al niño Jesús: oro e incienso colocados a los pies del verdadero Rey. En ambos casos, las riquezas de los pueblos dejan de servir solamente a intereses humanos y son consagradas para honrar a Jesucristo, el Salvador y Rey de todas las naciones.
Sin embargo, la ofrenda más importante no es el oro ni el incienso, sino la alabanza, la adoración y la lealtad del corazón. Dios no necesita riquezas materiales, pues todas las cosas le pertenecen; lo que desea es que Sus hijos reconozcan a Jesucristo como Señor y se entreguen voluntariamente a Él. Nuestras posesiones, talentos y esfuerzos se convierten en ofrendas santas cuando expresan una devoción verdadera. La consagración alcanza su propósito más elevado cuando aquello que entregamos va acompañado de un corazón humilde que ama, adora y proclama al Salvador.
Isaías 60:7 — La casa de la gloria de Dios
«Glorificaré la casa de mi gloria». La restauración de Sion incluye necesariamente la edificación del templo, lugar de revelación, convenios y comunión con Dios. El templo es glorificado no solamente por la belleza de su construcción, sino principalmente por la presencia del Señor, la autoridad del sacerdocio y las ordenanzas sagradas que allí se administran. Dios promete aceptar las ofrendas de Su pueblo y santificar Su casa como un espacio donde Sus hijos puedan recibir poder espiritual y prepararse para regresar a Su presencia.
Los templos de los últimos días constituyen una parte esencial del recogimiento de Israel porque extienden las bendiciones del Evangelio a ambos lados del velo. En ellos se realizan ordenanzas por los vivos y, vicariamente, por quienes murieron sin recibirlas, permitiendo que generaciones enteras sean vinculadas mediante Jesucristo. De esta manera, el recogimiento no reúne únicamente a personas de diferentes naciones, sino también a padres, hijos y antepasados en una sola familia del convenio. La casa de la gloria de Dios manifiesta que la obra redentora del Salvador alcanza a todas las naciones, generaciones y épocas.
Isaías 60:8–9 — Los dispersos regresan al nombre de Jehová
«Vuelan como nubes y como palomas a sus ventanas». Isaías contempla una multitud que se desplaza con rapidez hacia Sion, semejante a nubes que cubren el cielo y a palomas que reconocen el camino de regreso a su hogar. La imagen representa a los dispersos descubriendo finalmente el lugar de su pertenencia espiritual. En los últimos días, el Señor puede apresurar este recogimiento mediante recursos que las generaciones anteriores no poseían, como los modernos medios de transporte, comunicación y traducción, que permiten proclamar el Evangelio y llevar las enseñanzas de Jesucristo a pueblos de toda lengua y nación.
«Para traer a tus hijos de lejos… al nombre de Jehová tu Dios». Los hijos de Israel no regresan solamente en busca de prosperidad, seguridad política o identidad cultural, sino para entrar en una relación de convenio con el Señor. El nombre de Jehová representa Su autoridad, Su carácter y la responsabilidad de pertenecerle y llegar a ser semejantes a Él. Por eso, el recogimiento verdadero siempre conduce a Jesucristo: invita a ejercer fe en Él, arrepentirse, recibir las ordenanzas del Evangelio y guardar Sus convenios. Si el Salvador deja de ocupar el centro, la reunión podrá conservar una apariencia social o cultural, pero habrá perdido su propósito espiritual y redentor.
Isaías 60:10 — Participación en Sion y misericordia restauradora
«Los hijos de los extranjeros edificarán tus muros». Personas que anteriormente eran consideradas ajenas a Israel contribuirán activamente a la reconstrucción de Sion. No permanecerán como visitantes u observadores, sino que llegarán a ser participantes esenciales en la obra del Señor. Esto refleja el alcance universal del convenio abrahámico: todos los que vienen a Jesucristo, reciben Su Evangelio y entran en Sus convenios son contados entre la casa de Israel. Junto con sus bendiciones, reciben también la responsabilidad de edificar Sion, fortalecer a sus hermanos y colaborar en el recogimiento de otros hijos de Dios.
«En mi ira te herí, mas en mi buena voluntad tendré de ti misericordia». Sion había sufrido las consecuencias de su rebelión, pero el juicio no constituiría la última etapa de su relación con Dios. La disciplina divina tiene como propósito despertar, corregir y conducir al arrepentimiento, no producir una desesperación permanente. Por medio de Su sacrificio expiatorio, Jesucristo permite que la corrección concluya en perdón, sanidad y reconciliación. Para el pueblo que se arrepiente y regresa al convenio, la misericordia restauradora del Señor tiene la última palabra: aquello que fue herido puede ser sanado, y aquello que quedó derribado puede volver a ser edificado.
Isaías 60:11 — Las puertas de Sion permanecerán abiertas
«Tus puertas estarán de continuo abiertas». En la antigüedad, las ciudades cerraban sus puertas durante la noche para protegerse de los enemigos. Las puertas permanentemente abiertas representan, por tanto, una condición de seguridad, paz y confianza bajo el gobierno del Señor. Sion ya no tendrá que vivir encerrada por el temor, sino que podrá recibir constantemente a los pueblos que llegan para adorar a Dios y consagrar sus dones a Su obra. La imagen también comunica hospitalidad: la ciudad redimida no existe solamente para proteger a quienes ya están dentro, sino para recibir a todos los que desean acercarse a Jehová.
Espiritualmente, Sion debe mantener abiertas sus puertas al converso, al que regresa después de haberse alejado y a quien todavía se siente extranjero. La santidad establece requisitos de fe, arrepentimiento y convenio, pero nunca justifica una cultura de orgullo, indiferencia o exclusión. Jesucristo invita a todos a venir a Él, y Su pueblo debe reflejar esa misma disposición mediante una bienvenida sincera, un acompañamiento paciente y oportunidades reales de participación. Las puertas de Sion permanecen verdaderamente abiertas cuando nadie tiene que superar barreras humanas innecesarias para encontrar su lugar en la familia de Dios.
Isaías 60:12 — Solo el reino de Cristo permanecerá eternamente
«La nación y el reino que no te sirvan perecerán». Esta declaración no debe interpretarse como una autorización para que un pueblo domine o someta egoístamente a otros. Servir a Sion significa reconocer el gobierno de Jehová, apoyar Sus propósitos y someterse a los principios de verdad, justicia y misericordia sobre los cuales será establecida. Las naciones no son llamadas a engrandecer el poder político de Israel, sino a reconocer a Jesucristo como Rey y a participar en la edificación de una sociedad gobernada por Su ley.
Todo sistema que se oponga de manera permanente a Jesucristo terminará desapareciendo porque carece de un fundamento eterno. Los imperios, ideologías e instituciones edificados sobre la violencia, la mentira y la opresión pueden parecer poderosos durante algún tiempo, pero no pueden permanecer delante de la justicia de Dios. Solo el reino de Cristo perdurará, pues está fundado sobre la rectitud, la paz y el amor. Esta profecía es tanto una advertencia como una invitación: toda persona y toda sociedad debe decidir si resistirá la luz del Salvador o permitirá que Sus principios transformen su manera de vivir y gobernar.
Orson Pratt: ¡Qué! ¿No quedará ningún pueblo ni nación que no sirva a Sion? Ni uno. ¿Qué será de esta gran república —es decir, Estados Unidos—, con sus cuarenta millones de habitantes y su continua expansión? Si cumplen las ordenanzas de Sion, se arrepienten de sus pecados y se preparan para ese gran y glorioso día, Dios los salvará; pero, si no lo hacen, serán completamente destruidos. Así lo han declarado los profetas. (Journal of Discourses, tomo 14, pág. 46).
Wilford Woodruff: La mano de Dios ha guiado esta Iglesia desde sus comienzos hasta el presente. Dios continuará dirigiendo sus asuntos, y no hay poder sobre la tierra ni debajo de ella que pueda detener jamás su progreso, porque Él mismo ha decretado que la Sion de los últimos días nunca será derribada. Por el contrario, como ha dicho por boca del profeta Isaías: «Porque la nación y el reino que no te sirvan perecerán; sí, esas naciones serán completamente destruidas». Es una doctrina bastante contundente para ser enseñada por un humilde hombre de Dios —es decir, José Smith; véase Doctrina y Convenios 45:66–70—. Sin embargo, el tiempo traerá su cumplimiento, y el hombre no tiene poder para impedirlo. Creo en la revelación. Creo, desde la coronilla hasta la planta de los pies, con cada partícula de espíritu que hay en mí, que Dios cumplirá, literalmente y al pie de la letra, todo lo que ha hablado por medio de Sus siervos, antiguos y modernos. (Journal of Discourses, tomo 19, pág. 362).
Isaías 60:13 — La belleza y la santidad de la casa de Dios
«Para embellecer el lugar de mi santuario». Isaías contempla las mejores maderas del Líbano siendo llevadas a Sion para honrar y embellecer la casa del Señor. La belleza se convierte en una expresión de reverencia cuando no busca exhibir riqueza ni despertar admiración humana, sino elevar los pensamientos hacia Dios y recordar la santidad de Su presencia. Dedicar materiales, talentos y esfuerzos excelentes al cuidado de los lugares sagrados manifiesta gratitud, amor y respeto por Aquel a quien pertenecen.
Sin embargo, la hermosura exterior del santuario debe estar acompañada por la pureza interior de quienes acuden a él. Ningún ornamento puede sustituir un corazón humilde, arrepentido y dispuesto a guardar los convenios. El Señor desea una casa digna y reverente, pero también procura hacer de Su pueblo un santuario espiritual donde pueda morar Su Espíritu. La adoración sincera une ambas dimensiones: cuidamos los lugares consagrados mientras permitimos que Jesucristo embellezca nuestra vida mediante la santidad, la obediencia y la transformación del corazón.
Isaías 60:14 — Sion será reconocida como la ciudad del Señor
«Te llamarán Ciudad de Jehová, Sion del Santo de Israel». Quienes anteriormente despreciaron y afligieron a Sion reconocerán finalmente que Dios habita con ella y que Su poder ha producido su restauración. La ciudad abandonada, humillada y convertida en objeto de burla recibirá un nombre de honor que expresará su nueva identidad. Su grandeza no procederá de la fuerza militar, la riqueza o la influencia política, sino de su relación de convenio con Jehová y de la presencia del Santo de Israel en medio de ella.
La vindicación de Sion pertenece al Señor. Por eso, Su pueblo no necesita responder al desprecio con resentimiento, orgullo o deseos de venganza. Su respuesta debe ser una vida de santidad, justicia y misericordia que manifieste quién es su verdadero Rey. Cuando Jesucristo transforma a Su pueblo, incluso quienes antes lo rechazaban pueden llegar a reconocer los frutos de Su obra. El nombre honorable de Sion no será una proclamación de superioridad, sino un testimonio de que el Salvador puede levantar lo despreciado y convertirlo en una comunidad donde se reflejen Su carácter y Su gloria.
Isaías 60:15 — De ciudad abandonada a gozo de generaciones
«Te pondré en exaltación eterna, gozo de generación en generación». Sion había sido abandonada, despreciada y evitada por los pueblos, pero el Señor promete reemplazar su desolación con una condición permanente de honra, comunión y alegría. Esta transformación no será solamente material o política; revelará lo que Dios puede hacer con un pueblo que vuelve a Él y vive conforme a Sus convenios. La identidad de Sion ya no estará determinada por las humillaciones del pasado, sino por la presencia de Jehová y la obra redentora realizada entre sus habitantes.
Aquello que parecía una historia definitiva de abandono se convertirá en un testimonio de restauración para muchas generaciones. Por medio de Jesucristo, el dolor pasado no tiene que establecer el significado ni el desenlace final de una persona, una familia o un pueblo. Su misericordia puede sanar las consecuencias del pecado, transformar la desolación en esperanza y conceder un futuro que antes parecía imposible. Sion será motivo de gozo porque demostrará que el Salvador no solo recupera lo perdido, sino que puede otorgarle una belleza, una estabilidad y un propósito eternos.
Isaías 60:16 — Conocer personalmente al Salvador y Redentor
«Sabrás que yo, Jehová, soy tu Salvador y tu Redentor». El propósito principal de la restauración de Sion no es simplemente concederle prosperidad, seguridad o reconocimiento, sino llevarla a conocer personalmente al Dios que la rescató. Las bendiciones recibidas se convierten en evidencia de Su fidelidad y ayudan al pueblo a reconocer que su liberación no fue resultado exclusivo del esfuerzo humano. En el lenguaje de las Escrituras, conocer al Señor implica más que saber acerca de Él: significa confiar en Su carácter, experimentar Su poder redentor y vivir en una relación de convenio con Él.
Los títulos «Salvador», «Redentor» y «Fuerte de Jacob» se cumplen en Jesucristo. Como Salvador, Él nos libra del pecado y de la muerte; como Redentor, paga el precio que nosotros no podíamos pagar y recupera aquello que parecía perdido; y como el Fuerte de Jacob, posee todo el poder necesario para llevar Su obra hasta su cumplimiento. En Cristo se unen el amor que desea rescatarnos y la fuerza que puede hacerlo plenamente. La restauración alcanza su verdadero propósito cuando las personas no solo disfrutan de las bendiciones del Señor, sino que llegan a conocer, amar y seguir a Aquel que las concedió.
Isaías 60:17 — Una restauración superior gobernada por la paz y la justicia
«En vez de bronce traeré oro». Cada material es reemplazado por otro de mayor valor, mostrando que la restauración del Señor no consiste solamente en reproducir la condición anterior. Dios puede reconstruir de una manera superior y convertir la pérdida en una oportunidad de transformación. Por medio de la gracia de Jesucristo, no solo puede recuperarse aquello que el pecado, el sufrimiento o la adversidad dañaron; también pueden desarrollarse mayor fe, sabiduría, humildad y capacidad para servir. El Salvador no siempre devuelve la vida exactamente a su estado anterior, pero puede santificar la experiencia y producir algo más fuerte, puro y valioso.
«Pondré la paz como tus gobernantes y la justicia como tus capataces». El gobierno de Sion no estará caracterizado por la explotación, la violencia ni el temor, sino por principios que reflejan el carácter de Jesucristo. La paz y la justicia son personificadas como las autoridades que administran la ciudad, porque toda decisión estará orientada al bienestar y a la dignidad de sus habitantes. Ambas son inseparables: la paz verdadera necesita justicia y no puede edificarse ocultando el abuso o silenciando al oprimido para conservar una tranquilidad superficial. Sion existe donde la rectitud corrige lo injusto y la paz nace de relaciones reconciliadas bajo el gobierno del Salvador.
Brigham Young: ¿No saben, hermanos, que llegará el día del cual el Señor dice: «En lugar de bronce traeré oro, y en lugar de hierro, plata; y en lugar de madera, bronce; y en lugar de piedras, hierro»? Sin embargo, si esas cosas fueran entregadas ahora en nuestras manos, habría egoísmo. He visto manifestarse ese espíritu y le temo. Temo más a la codicia de nuestros élderes que a las hordas del infierno. (Journal of Discourses, tomo 5, pág. 353).
John Taylor: Con la ayuda del Señor, procuraremos primero purificarnos, purificar nuestros hogares, librarnos de la codicia, del engaño y del fraude de toda clase; actuar honorablemente ante Dios y ante todos los hombres, y no amar al mundo ni las cosas que están en él, porque si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él (1 Juan 2:15). Todo lo que podamos tener o poseer proviene de Dios; y si somos exaltados, si poseemos las cosas buenas del mundo —lo cual les digo, en el nombre del Dios de Israel, que sucederá, a pesar de todos los hombres y de todas sus influencias, porque el pueblo de Sion será el más rico de todos los pueblos (Doctrina y Convenios 38:39)—, esto está de acuerdo con las Escrituras. Las Escrituras nos dicen: [cita Isaías 60:17–18]. (Journal of Discourses, tomo 26, págs. 37–38).
Orson Pratt: Será una época de gran abundancia de metales preciosos. En esos días, Dios dará las llaves de los tesoros de la tierra y los abrirá al pueblo. (Journal of Discourses, tomo 18, pág. 154).
Isaías 60:18 — Salvación, alabanza y el fin de la violencia
«Nunca más se oirá de violencia en tu tierra». Esta promesa alcanzará su cumplimiento pleno bajo el reinado milenario y celestial de Jesucristo, cuando la destrucción y el quebrantamiento dejen de caracterizar la experiencia humana. El Señor no se limita a consolar a las víctimas ni a reparar parcialmente las consecuencias de la violencia; finalmente eliminará las condiciones de injusticia, odio y pecado que la producen. Sion será una sociedad transformada interiormente, cuyos habitantes vivirán bajo la ley de Cristo y aprenderán a relacionarse mediante la justicia, la misericordia y la paz.
«A tus muros llamarás Salvación, y a tus puertas, Alabanza». La defensa principal de Sion no será su poder militar, sino la obra salvadora de Jehová. Jesucristo rodeará a Su pueblo con la protección espiritual de Su gracia y Sus convenios. Aunque los fieles todavía puedan experimentar pruebas y pérdidas temporales, su redención eterna permanece segura en Él. Las puertas llamadas Alabanza enseñan que se entra en Sion con gratitud y reconociendo a Dios como la fuente de toda bendición. Esa alabanza protege al pueblo del orgullo, pues Sion comprende que no se reconstruyó ni alcanzó la gloria por sí misma: fue salvada, protegida y restaurada por Jesucristo.
Isaías 60:19 — Jehová será la luz eterna
«Jehová te será luz eterna». La profecía trasciende la restauración temporal de Jerusalén y dirige la mirada hacia una condición milenaria y celestial. Isaías no enseña necesariamente que el sol y la luna dejarán de existir, sino que su luz ya no será la fuente principal de seguridad, orientación y gloria para Sion. La presencia de Dios proporcionará una iluminación infinitamente superior y permanente. A diferencia de las luces naturales, que aparecen y desaparecen, la luz del Señor nunca se extingue ni puede ser vencida por las tinieblas.
Jesucristo es la Luz del Mundo. Su gloria revela plenamente la verdad, descubre aquello que permanecía oculto y elimina la oscuridad producida por el pecado, el engaño y la ignorancia espiritual. En Su presencia ya no serán necesarias las fuentes limitadas con las que ahora procuramos comprender la vida, porque conoceremos las cosas mediante Su perfecta verdad. Esta promesa también comienza a cumplirse en el presente: cuando seguimos al Salvador, Su luz ilumina nuestras decisiones, fortalece nuestra esperanza y nos prepara para habitar algún día en una sociedad donde Dios será nuestra luz eterna.
Orson Pratt: La presencia del Señor estará en medio de ellos y resplandecerá sobre sus templos; iluminará su ciudad de noche y de día (Isaías 60:19–20; Apocalipsis 21:23; 22:5). «Pero ¿está seguro —pregunta alguien— de que sucederá algo así?». No tengo tiempo para leer todo lo que el Señor dice sobre el tema, pero, si leen el capítulo 60 de Isaías, encontrarán que el sol ya no será necesario de día, ni la luna de noche, para dar luz a cierto pueblo. ¿Por qué? Porque «Jehová te será por luz perpetua, y tu Dios, por tu gloria. Tu sol no se pondrá jamás». No será como nuestro sol, que sale por la mañana y permanece sobre el horizonte durante unas horas, para luego descender mientras la oscuridad cubre la tierra. No será así con esta luz, la gloriosa luz divina que iluminará las alturas de Sion (Jeremías 31:12). Nunca se pondrá (Isaías 60:20); será un milagro permanente, de día y de noche, de una semana a otra, mes tras mes y año tras año, hasta que hayan transcurrido mil años sobre los habitantes de la tierra. (Journal of Discourses, tomo 24, pág. 28).
Isaías 60:20 — Los días de duelo terminarán
«Los días de tu duelo se acabarán». Isaías enseña que la aflicción, aunque profunda y prolongada, posee un límite establecido por Dios. En la presencia del Señor, las pérdidas, separaciones e injusticias que hoy producen dolor serán reparadas mediante el poder redentor de Jesucristo. La resurrección vencerá la muerte, las relaciones santificadas podrán continuar y toda injusticia será corregida con perfecta misericordia y rectitud. La tristeza no tendrá la última palabra ni dominará eternamente la experiencia de los hijos de Dios.
Esta promesa no exige negar el sufrimiento actual ni aparentar fortaleza cuando el corazón está quebrantado. El Evangelio nos permite llorar, lamentar nuestras pérdidas y acompañar con compasión a quienes sufren. Sin embargo, también nos ayuda a llorar con esperanza, confiando en que Cristo ha preparado un final para el duelo. Él no solo promete consolarnos mientras atravesamos la aflicción; mediante Su expiación, finalmente transformará nuestro dolor, enjugará toda lágrima y nos dará una plenitud de gozo que ninguna pérdida futura podrá destruir.
Isaías 60:21 — Un pueblo justo, plantado por el Señor
«Tu pueblo, todos ellos, serán justos». La gloria de Sion no dependerá principalmente de su arquitectura, sus riquezas ni su prosperidad, sino del carácter transformado de sus habitantes. Será una comunidad justa porque sus miembros habrán recibido a Jesucristo, se habrán arrepentido y permanecerán fieles a sus convenios. Esa justicia no se alcanza independientemente del Salvador ni es una afirmación de perfección humana. Cristo perdona, justifica y santifica a quienes acuden a Él, hasta hacer de ellos personas capaces de vivir en unidad, rectitud y amor.
«Serán los renuevos de mi plantío, obra de mis manos». El Señor se presenta como un jardinero que planta, cultiva y desarrolla pacientemente a Su pueblo. Un renuevo necesita tiempo, cuidado y alimento para alcanzar la madurez; de igual manera, la santificación es un proceso dirigido por la gracia divina. Sion no se edifica únicamente mediante el esfuerzo de sus habitantes, sino por la obra constante de Dios en sus corazones. Los redimidos glorifican al Señor porque sus vidas demuestran lo que Él puede hacer con quienes se someten a Su cuidado: sanar lo dañado, fortalecer lo débil y producir frutos de justicia donde antes parecía existir esterilidad.
Isaías 60:22 — El Señor multiplicará y apresurará Su obra
«El pequeño llegará a ser un millar». La obra de Dios puede comenzar con una persona, una familia o una comunidad pequeña y aparentemente débil, pero su condición inicial no determina su alcance final. El Señor posee poder para multiplicar los esfuerzos humildes de quienes actúan con fe y convertirlos en una bendición para multitudes. Este principio se observa en la restauración del Evangelio, que comenzó con pocos creyentes y, mediante el poder de Dios, se extendió entre muchas culturas y naciones. Por ello, nunca debemos menospreciar los comienzos pequeños ni creer que nuestra contribución carece de importancia.
«Yo Jehová, a su tiempo, lo apresuraré». El Señor reúne dos verdades complementarias: existe un tiempo señalado para el cumplimiento de Sus propósitos y, cuando ese momento llega, Él puede acelerar extraordinariamente Su obra. La paciencia divina no significa inactividad, sino preparación sabia de personas, circunstancias y medios. No podemos forzar el calendario de Dios, pero sí debemos permanecer atentos y preparados para actuar cuando Él abra las puertas. El recogimiento pertenece al Señor; nosotros participamos con diligencia y fe, confiando en que Jesucristo determinará su ritmo y garantizará su cumplimiento.


























