Isaías

Isaías 18


Combina imágenes históricas de naciones, mensajeros y conflictos con una visión profética del recogimiento de los últimos días. El Señor levanta un estandarte visible, hace sonar una trompeta y envía mensajeros veloces para buscar a un pueblo esparcido y afligido.
El capítulo también enseña que Dios gobierna con serenidad y precisión. Mientras el mundo se agita, Él observa desde Su morada y actúa en el momento adecuado. Puede cortar los planes de los poderosos antes de que maduren y podar aquello que se opone a Su voluntad. Su aparente silencio nunca debe confundirse con ausencia.
La invitación central es participar en el recogimiento de Israel. Podemos mirar el estandarte, escuchar la voz del Evangelio y convertirnos nosotros mismos en mensajeros. Cada persona que llega a Cristo y guarda Sus convenios se convierte en parte de la ofrenda llevada al monte Sion, el lugar espiritual donde el pueblo del Señor encuentra identidad, unidad y protección.


Isaías 18:1–2 — El Señor se acuerda de los pueblos lejanos
«Tierra que hace sombra con las alas, que está más allá de los ríos de Etiopía».

La profecía se dirige a una región situada más allá de los ríos de Cus, generalmente asociada con Etiopía o Nubia. Para los habitantes de Judá representaba un territorio distante y culturalmente diferente, pero no estaba fuera del conocimiento de Jehová. Isaías amplía así la visión de sus oyentes: el Dios de Israel no era una divinidad local limitada por fronteras, sino el Señor que conocía los movimientos y necesidades de todas las naciones.
Doctrinalmente, esto enseña que ninguna nación está demasiado lejos para ser alcanzada por la obra de Dios. El plan de salvación abarca a toda la familia humana, sin distinción de idioma, cultura o ubicación. Jesucristo invita a todos a recibir Su Evangelio y Sus convenios. Las fronteras políticas y las distancias geográficas pueden limitar temporalmente a los mensajeros, pero no pueden cancelar el propósito universal del Señor.


Orson Pratt: Leed el capítulo 18 de Isaías. Cuando Isaías se encontraba en Palestina pronunciando su profecía, miró hacia el suroeste y vio los ríos de Etiopía, o África; y después de haber contemplado esos ríos en visión, vio también una tierra que hacía sombra con alas, situada mucho más allá de los ríos de Etiopía. ¿Qué clase de tierra se encontraba más allá de los ríos de Etiopía desde el lugar donde Isaías estaba, en Palestina? Era una tierra que tenía la apariencia de alas. Sin duda, os habrá llamado la atención el gran parecido que América del Norte y América del Sur tienen con las dos grandes alas de un ave. Mientras Isaías contemplaba aquella tierra situada más allá de los ríos de Etiopía, le pareció tan semejante a las alas de un ave que dijo: «Una tierra que hace sombra con alas, situada más allá de los ríos de Etiopía». (Journal of Discourses, tomo 18, pág. 182).

Joseph Fielding Smith:  El Evangelio fue restaurado en América, en vez de en alguna otra tierra, porque así lo quiso el Señor. Esta es la tierra «que hace sombra con las alas» de la cual habló Isaías y que hoy envía embajadores por mar a una nación dispersada y despojada, que en sus comienzos fue temible (Isaías 18:1–2). Ahora esa nación está siendo recogida y nuevamente gozará del favor del Señor. (Conference Report, abril de 1966, primera sesión del día, reunión de la mañana, pág. 14).


Isaías 18:2 — Mensajeros enviados con diligencia
«Envía mensajeros por el mar […]. Id, ligeros mensajeros».

En su contexto histórico, estos mensajeros probablemente participaban en comunicaciones diplomáticas entre pueblos amenazados por el avance asirio. Las naves ligeras permitían llevar noticias y convocatorias con rapidez. En una aplicación profética, la imagen puede representar a quienes reciben el encargo de llevar un mensaje urgente a pueblos dispersos y distantes. La palabra «ligeros» comunica prontitud, diligencia y conciencia de que el mensaje no debe demorarse.
Los mensajeros del Evangelio cruzan fronteras geográficas, culturales y sociales para buscar a los hijos de Dios dondequiera que se encuentren. Esta obra requiere valor para abandonar la comodidad, sensibilidad para comprender a otras personas y fidelidad para no alterar el mensaje de Jesucristo. No todos serán llamados a viajar lejos, pero todo discípulo puede ser un mensajero mediante un testimonio sincero, el servicio y una vida que dirija la atención hacia el Salvador.


La mayoría de los intérpretes sugieren que esta profecía se refiere a Etiopía y Egipto debido a las referencias al Nilo y a los juncos. Sin embargo, el capítulo siguiente de Isaías trata sobre Egipto y lo declara claramente (Isaías 19:1), lo cual sugiere que Isaías 18:2 se refiere a otra nación. Estos embajadores llegan por mar desde la tierra de América, pero no existen cestas hechas de juncos flotando por el río Misisipi. Entonces, ¿qué significa esta referencia?

Orson Hyde:  El antiguo profeta tenía la vista puesta en el aumento de la velocidad de los barcos; pero nuestros traductores lo hicieron decir que se enviarían mensajeros veloces a las naciones lejanas en naves de juncos. ¿Qué entendemos por naves de juncos? ¿Vemos alguna vez embarcaciones de esa clase o hemos oído hablar de ellas, aparte de la cesta que se hizo para que Moisés flotara sobre el Nilo? ¿Hemos leído alguna vez acerca de hombres, mensajeros veloces, que viajaran en naves de juncos?
Eso no tiene sentido; una embarcación semejante no podría resistir los embates del viento y de las olas, ni navegar con seguridad entre los elementos que luchan unos contra otros, por así decirlo, por alcanzar el dominio; como si el viento y las olas estuvieran armados de una impaciente sed de venganza para descubrir cuál de ellos se apoderaría primero de aquel pequeño punto que luchaba por sobrevivir sobre la superficie del turbulento elemento. ¿Quién podría creer algo semejante? La idea es incoherente. Pero cuando la examinamos desde otro punto de vista, deja de ser tan incoherente y oscura. El hermano Carn, que se encuentra presente, sabe lo que dice la Biblia en alemán. Creo que las llama barcos de tubos. El junco es hueco y se parece a un tubo; el antiguo profeta no tenía ninguna otra cosa con la cual representar su idea aparte del junco. Sin embargo, vio barcos por cuyo interior se extendían tubos y conductos huecos en todas direcciones, pero no conocía el término «barco de vapor» para describirlos. Por tanto, dijo que se enviarían mensajeros veloces en barcos de tubos, contemplando la época en que el vapor se utilizaría como fuerza propulsora. (Journal of Discourses, tomo 2, pág. 62).


Isaías 18:2 — Un pueblo esparcido y afligido
«Id […] a la nación esparcida y desollada […], gente subyugada y hollada».

La descripción presenta a un pueblo marcado por la dispersión, la humillación y el dominio de fuerzas externas. Aunque su referencia histórica puede relacionarse con una nación concreta de aquella región, el lenguaje refleja también experiencias semejantes a las de Israel: pérdida de seguridad, sometimiento y necesidad de restauración. Dios no mira únicamente a los imperios dominantes; también observa a las poblaciones heridas que la historia suele reducir a cifras o territorios.
El recogimiento divino no consiste solamente en trasladar personas de un lugar a otro. Jesucristo restaura identidad, sana las heridas de la dispersión y reúne a los afligidos en una comunidad de convenio. Quienes han sido desplazados u olvidados por el mundo siguen siendo conocidos por su nombre ante Dios. Su obra procura devolverles dignidad, pertenencia y esperanza, además de conducirlos hacia las bendiciones de la salvación.


Isaías 18:3 — El estandarte del Evangelio
«Cuando se levante estandarte en los montes, mirad».

El estandarte era una señal colocada en un lugar elevado para que las personas dispersas pudieran verla, orientarse y congregarse. Proféticamente, representa a Jesucristo y Su Evangelio restaurado, levantados ante las naciones para recoger a Israel y preparar al mundo para la Segunda Venida. El estandarte no obliga a nadie a acercarse, pero hace visible el punto de reunión y extiende una invitación pública.
Los montes sugieren elevación y visibilidad; también pueden evocar la casa del Señor, donde Su pueblo recibe convenios, revelación y poder espiritual. El Evangelio no fue restaurado para permanecer escondido, sino para conducir a todas las personas hacia Cristo. Mirar el estandarte significa reconocer la señal divina, orientar nuestra vida hacia ella y ayudar a otros a encontrar el lugar de recogimiento espiritual.


Un estandarte no es una revista ni un rango militar. En las imágenes de Isaías se parece mucho más al Estandarte de la Libertad: una bandera, una insignia y un llamado a actuar; una invitación a venir a Sion y «comprar y comer; sí, venir, comprar vino y leche sin dinero y sin precio» (Isaías 55:1). «Yo los llevaré a mi santo monte y los recrearé en mi casa de oración… porque mi casa será llamada casa de oración para todos los pueblos» (Isaías 56:7).

Bruce R. McConkie: ¡Cuán glorioso es saber que habrá un recogimiento literal de Israel, de todo Israel, conforme el Señor lo ha establecido! ¿No podemos sentir el gozo exultante y la sensación de triunfo en las repetidas palabras de Isaías acerca de ese recogimiento? ¿No produce satisfacción saber que está avanzando y que continuará haciéndolo en virtud de las llaves que Moisés entregó a José Smith? «Vosotros, todos los moradores del mundo y habitantes de la tierra, cuando se levante estandarte sobre los montes, mirad; y cuando se toque trompeta, escuchad» (Isaías 18:3). Ese estandarte ondea actualmente bajo las refrescantes brisas de una Sion moderna, y esa trompeta proclama ahora las buenas nuevas de gloria y salvación a todos los hombres. (The Millennial Messiah: The Second Coming of the Son of Man [Salt Lake City: Deseret Book Co., 1982], pág. 340).

Orson Pratt: Al parecer, entonces, Dios levantará un estandarte sobre los montes. ¿Qué entendéis por estandarte? Según las definiciones de nuestros lexicógrafos, un estandarte es una especie de insignia junto a la cual las personas se congregan y alrededor de la cual se reúnen. El Señor levantará, entonces, un estandarte sobre los montes, y será algo tan maravilloso por naturaleza, algo de tanta importancia, que no solamente una parte del pueblo tendrá que comprenderlo; antes bien, en palabras de Isaías: «Todos los moradores del mundo», todas las naciones, lenguas y linajes deberán mirar cuando el Señor levante un estandarte sobre los montes: «Y cuando se toque trompeta, escuchad». ¿Qué clase de trompeta? La trompeta del Evangelio, la que lleva el Evangelio a todas esas naciones y las llama a salir de sus propias tierras. Salid de las naciones, congregaos como uno y subid a los montes donde el reino de Dios ha sido establecido por última vez. ¿Con qué propósito? Para escapar de los juicios y las tribulaciones que deben sobrevenir a las naciones de la gran Babilonia. (Journal of Discourses, tomo 17, pág. 318).


Isaías 18:3 — La trompeta de advertencia
«Cuando se toque trompeta, oíd».

En la antigüedad, la trompeta convocaba al pueblo, anunciaba acontecimientos importantes y advertía acerca de peligros cercanos. En la profecía, simboliza la voz del Señor proclamada mediante Sus profetas y mensajeros. Su sonido debe ser claro para que quienes lo escuchen comprendan que ha llegado el momento de prepararse, reunirse y actuar.
Mirar el estandarte y oír la trompeta requieren una respuesta personal. No basta con saber que el Evangelio ha sido restaurado ni reconocer intelectualmente las señales de los últimos días. Debemos escuchar la palabra, arrepentirnos, recibir los convenios y perseverar en ellos. La trompeta anuncia tanto las bendiciones del recogimiento como la urgencia de prepararse para el día en que Jesucristo regresará.


Isaías 18:4 — El Señor observa desde Su morada
«Reposaré y miraré desde mi morada, como sol claro después de la lluvia».

El reposo de Jehová no representa indiferencia ni falta de actividad, sino serenidad, dominio y conocimiento perfecto. Mientras las naciones se apresuran, celebran alianzas y reaccionan con temor, Dios contempla todo desde una perspectiva eterna. Él no necesita actuar impulsivamente porque conoce el principio, el desarrollo y el final de cada acontecimiento. Su aparente silencio no significa que haya abandonado el gobierno de la historia.
El sol y el rocío son influencias silenciosas, pero esenciales para que la cosecha madure. De manera semejante, la providencia divina puede actuar gradualmente y sin atraer la atención inmediata. Mientras esperamos una intervención visible, el Señor puede estar preparando personas, modificando circunstancias y haciendo madurar Sus propósitos. La fe aprende a confiar no solo cuando Dios actúa de manera espectacular, sino también cuando Su obra avanza silenciosamente bajo Su mirada.


Isaías 18:5 — Dios conoce el momento de la siega
«Antes de la siega […], podará con podaderas los pámpanos».

La viña parece encontrarse a punto de producir una cosecha completa, pero el dueño interviene y corta las ramas antes de que el fruto termine de madurar. Históricamente, la imagen puede representar la interrupción repentina de los planes de una nación poderosa antes de alcanzar su objetivo. Cuando parecía que su estrategia estaba por dar fruto, Dios demostraría que aquel proyecto nunca había quedado fuera de Sus límites.
Doctrinalmente, el pasaje enseña que Jehová conoce el momento exacto para contener el mal. Puede permitir que determinadas acciones se desarrollen durante un periodo sin aprobarlas ni perder el control. Su aparente demora ofrece espacio para el arrepentimiento y permite que queden manifiestas las intenciones del corazón. Cuando llega el momento señalado, Jesucristo puede detener aquello que parecía inevitable y preservar el cumplimiento de Sus propósitos.


Isaías 18:5–6 — La poda y el juicio divino
«Cortará y quitará los sarmientos».

Los sarmientos cortados y abandonados representan el juicio sobre aquello que se ha vuelto improductivo o corrupto. La poda muestra que Dios no permitirá que los planes contrarios a Su voluntad crezcan para siempre. Cuando una persona o nación rechaza persistentemente la corrección, puede perder oportunidades y protecciones que había dado por seguras. El juicio separa aquello que sirve a los propósitos divinos de lo que insiste en oponerse a ellos.
En nuestra vida, la disciplina del Señor también puede funcionar como una poda espiritual, aunque no toda pérdida o sufrimiento deba interpretarse automáticamente como castigo. Mediante Su palabra y el Espíritu Santo, Dios nos muestra hábitos, deseos y actitudes que impiden nuestro crecimiento. Abandonarlos puede resultar doloroso porque se han convertido en parte de nuestra manera de vivir; sin embargo, la poda redentora no busca destruirnos. Jesucristo corta lo que nos debilita para ayudarnos a producir frutos más abundantes de fe, santidad y amor.


Orson Pratt: ¿Dónde podría encontrarse una tierra cuyos contornos se parezcan tanto a las alas de un ave como la tierra de América? No conozco ninguna otra. Y parece que sobre esa tierra descrita de tal manera se pronunció un ay. «Porque antes de la siega, cuando el fruto sea perfecto y pasada la flor se maduren las uvas, entonces podará con podaderas las ramitas y cortará y quitará las ramas. Serán dejados todos para las aves de los montes y para las bestias de la tierra; sobre ellos tendrán el verano las aves, e invernarán todas las bestias de la tierra». Este es un juicio terrible que vendrá sobre aquella tierra situada más allá de los ríos de Etiopía.

Pero antes de que ese juicio sobrevenga a los inicuos de aquella tierra, el profeta habla de un mensaje, o de algo que concerniría a todos los habitantes del mundo y a los moradores de la tierra. Esto demuestra que el pueblo, por la misericordia de Dios, será advertido antes de que lleguen esos terribles juicios; también demuestra que, después de levantarse el estandarte sobre los montes, los habitantes de este continente occidental estarán entre los primeros en experimentar esos terribles juicios.

Se dice que la siega es el fin del mundo inicuo —Mateo 13:39, Traducción de José Smith—; y si es así, «antes de la siega», es decir, antes de que llegue el fin definitivo, Él visitará con juicios terriblemente severos a los habitantes de la tierra que hace sombra con las alas, situada más allá de los ríos de Etiopía. Esos juicios harán que cientos y miles de personas queden sin sepultura, desde un extremo de la tierra hasta el otro, para servir de alimento a las aves del cielo y a las bestias de la tierra. ¿Por qué? Porque los juicios serán rápidos y no habrá tiempo para sepultar a los muertos. (Journal of Discourses, tomo 17, págs. 318–319).

Orson Pratt: ¿Por qué sucederá todo esto? Porque no escucharán cuando aquel sonido llegue a todos los pueblos; no se arrepentirán de sus pecados ni recibirán el mensaje que Dios ha enviado mediante Su ángel (Apocalipsis 14:6). Por consiguiente, Él los visitará primero, porque ellos serán los primeros en escuchar esas buenas nuevas. (Journal of Discourses, tomo 18, pág. 182).


Isaías 18:7 — El recogimiento como ofrenda al Señor
«Será traído obsequio a Jehová de los ejércitos, el pueblo esparcido».

Isaías presenta al pueblo recogido como una ofrenda llevada ante Jehová. El obsequio más valioso no consiste en oro, bienes o monumentos, sino en personas que regresan a Dios y le entregan voluntariamente el corazón. Quienes antes estaban dispersos, oprimidos y alejados llegan a ser una ofrenda viviente al entrar en una relación de convenio con el Señor. Esta imagen revela que Dios no ve a las naciones solamente como territorios, sino como comunidades formadas por almas de valor eterno.
La profecía concede un significado sagrado a la obra misional y al recogimiento de Israel. Cuando ayudamos a alguien a conocer a Jesucristo, recibir las ordenanzas y perseverar en los convenios, participamos en la preparación de una ofrenda para el Señor. Sin embargo, las personas no son objetos que nosotros entregamos ni logros que podemos atribuirnos; conservan su albedrío y pertenecen a Dios. Nuestra responsabilidad consiste en invitarlas, servirlas y conducirlas hacia el Salvador, quien es el verdadero autor del recogimiento.


Isaías 18:7 — El monte Sion como lugar de recogimiento
«Al lugar del nombre de Jehová de los ejércitos, al monte Sion».

El destino del pueblo recogido es el lugar asociado con el nombre y la presencia del Señor. Sion representa tanto lugares físicos relacionados con el cumplimiento de las promesas divinas como una comunidad de convenio caracterizada por la pureza de corazón, la unidad y la justicia. Allí, el nombre de Dios no solo se pronuncia; gobierna la identidad, la adoración y la conducta de Sus habitantes.
Ser recogido en Sion no significa únicamente trasladarse geográficamente o pertenecer externamente a una organización religiosa. Implica acudir a Jesucristo, recibir Sus ordenanzas, guardar Sus convenios y llegar a ser uno con Su pueblo. Una comunidad se convierte verdaderamente en Sion cuando coloca al Salvador en el centro, elimina la enemistad y cuida de los necesitados. El recogimiento alcanza su propósito cuando los dispersos no solo llegan a un lugar, sino que llegan a ser un pueblo santo preparado para morar con Dios.


¿Qué ofrenda podemos llevarle al Salvador cuando Él venga nuevamente? ¿Qué desea Él? Desea santidad y rectitud. Su pueblo será una posesión preciada: «linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido» (1 Pedro 2:9), que será recogido y bendecido en lugar de ser dispersado y despojado. Sus integrantes serán llevados, tanto literal como figuradamente, por los efraimitas de una nación gentil.
«Y el Señor, sí, el Salvador, estará en medio de su pueblo y reinará sobre toda carne.
Y los que estén en los países del norte serán recordados ante el Señor; y sus profetas oirán su voz y no se contendrán por más tiempo; y golpearán las rocas, y el hielo se desvanecerá ante su presencia.
Y se levantará una calzada en medio del gran mar.
Sus enemigos llegarán a serles por presa,
y en los yermos estériles brotarán pozos de aguas vivas; y la tierra reseca no volverá a estar sedienta.
Y traerán sus ricos tesoros a los hijos de Efraín, mis siervos.
Y los confines de los collados eternos temblarán ante su presencia.
Y allí se postrarán, y serán coronados de gloria, sí, en Sion, por manos de los siervos del Señor, sí, los hijos de Efraín.
Y serán llenos de cantos de gozo sempiterno.
He aquí, esta es la bendición del Dios sempiterno sobre las tribus de Israel, y la bendición más rica sobre la cabeza de Efraín y sus compañeros» (Doctrina y Convenios 133:25–33).