Los Registros Sellados y las Revelaciones de los Últimos Días
La consulta del rey Limhi, del Libro de Mormón—Amón responde—La videncia y el Urim y Tumim—El hermano de Jared—La consulta de Hyrum Smith—Qué es una generación—La inmensa cantidad de registros que serán revelados
por el élder Orson Pratt, Discurso pronunciado en la Casa de Reuniones del Barrio Doce, el domingo por la tarde, 9 de diciembre de 1877.
Volumen 19, discurso 33, páginas 204–219
Desde que subí a este púlpito se me ha recordado cierto pasaje contenido en el Libro de Mormón (comenzando en la página 161), el cual leeré.
“Y aconteció que tan pronto como Amón hubo leído los anales, el rey le preguntó si podía interpretar idiomas, y Amón le dijo que no podía. Y el rey le dijo: Afligido por las aflicciones de mi pueblo, hice que cuarenta y tres de mis hombres emprendieran un viaje al desierto para que encontraran la tierra de Zarahemla, a fin de que pudiéramos pedir a nuestros hermanos que nos libraran de la servidumbre. Y estuvieron perdidos en el desierto muchos días; sin embargo, fueron diligentes, y no encontraron la tierra de Zarahemla, sino que regresaron a esta tierra, habiendo viajado por una región de muchas aguas, donde descubrieron una tierra cubierta de huesos de hombres y de bestias, y también cubierta de ruinas de edificios de toda clase; habiendo descubierto una tierra que había sido habitada por un pueblo tan numeroso como las huestes de Israel. Y como testimonio de que las cosas que han dicho son verdaderas, han traído veinticuatro planchas llenas de grabados, y son de oro puro. Y he aquí, también han traído corazas, que son grandes, y son de bronce y de cobre, y están perfectamente conservadas. Y además han traído espadas; sus empuñaduras se han consumido, y sus hojas estaban corroídas por el óxido; y no hay nadie en la tierra que pueda interpretar el idioma ni los grabados que están sobre las planchas. Por tanto, te pregunté: ¿Puedes traducir? Y nuevamente te pregunto: ¿Conoces a alguien que pueda traducir? Porque deseo que estos anales sean traducidos a nuestro idioma; pues quizá nos den conocimiento acerca del resto del pueblo que ha sido destruido, de donde proceden estos anales; o quizá nos den conocimiento acerca de este mismo pueblo que ha sido destruido; y deseo saber la causa de su destrucción.
“Entonces Amón le dijo: Puedo decirte con certeza, oh rey, de un hombre que puede traducir los anales; porque posee aquello mediante lo cual puede mirar y traducir todos los anales que son de fecha antigua; y es un don de Dios. Y esas cosas se llaman intérpretes, y ningún hombre puede mirar en ellas a menos que le sea mandado, para que no mire lo que no debe y perezca. Y cualquiera que sea mandado a mirar en ellas es llamado vidente. Y he aquí, el rey del pueblo que está en la tierra de Zarahemla es el hombre a quien se le ha mandado hacer estas cosas, y quien posee este gran don de Dios. Y el rey dijo que un vidente es mayor que un profeta. Y Amón respondió que un vidente es también revelador y profeta; y no hay don mayor que éste, a menos que poseyera el poder de Dios, lo cual ningún hombre puede hacer; sin embargo, un hombre puede recibir gran poder de Dios. Pero un vidente puede conocer cosas pasadas y también cosas futuras; y por medio de ellas todas las cosas serán reveladas, o más bien, las cosas secretas serán manifestadas, y las cosas ocultas saldrán a la luz, y las cosas que no se conocen serán dadas a conocer por medio de ellas; y también se harán saber cosas que de otro modo no podrían conocerse. Así ha provisto Dios un medio para que el hombre, por medio de la fe, pueda obrar grandes milagros; por tanto, llega a ser de gran beneficio para sus semejantes.
“Y aconteció que cuando Amón terminó de decir estas palabras, el rey se regocijó en gran manera y dio gracias a Dios, diciendo: Sin duda un gran misterio está contenido en estas planchas, y sin duda estos intérpretes han sido preparados para desplegar todos esos misterios a los hijos de los hombres. ¡Oh, cuán maravillosas son las obras del Señor, y cuán largo tiempo sufre con su pueblo! Sí, ¡cuán ciegos e impenetrables son los entendimientos de los hijos de los hombres! Porque no buscan la sabiduría ni desean que ella reine sobre ellos. Sí, son como un rebaño salvaje que huye del pastor, se dispersa, es ahuyentado y es devorado por las bestias del bosque.”
Las instrucciones que aquí se imparten, las cuales acabo de leer, son importantes para los hijos de los hombres. Aquí se nos enseña acerca de un don muy grande, precioso y elevado que proviene de Dios: el don de ser un vidente, un revelador, un profeta, un hombre inspirado. No solamente para recibir revelación de Dios, sino también para interpretar revelaciones dadas a otros profetas que vivieron en tiempos anteriores, sacando a la luz conocimiento, inteligencia, sabiduría y los tratos de Dios con la familia humana entre pueblos más antiguos. Este don se explica con mayor amplitud en el Libro de Mormón que en los registros judíos. En los registros judíos, la Biblia, tenemos alguna información respecto al instrumento aquí llamado intérprete, pero que en aquellos registros recibe otro nombre, a saber, Urim y Tumim.
Fue un don que se ejerció en los días de Moisés entre la casa de Israel; un don concedido especialmente a Aarón, hermano de Moisés, quien fue designado sumo sacerdote sobre todas las tribus de Israel. El Señor tuvo a bien darle instrucciones respecto a los deberes de su oficio y llamamiento, acerca de cómo debía vestirse, qué clase de vestiduras sacerdotales debía usar, qué debía realizar al administrar ciertas ordenanzas y cómo debía efectuarlas; y también le dio instrucciones respecto al pectoral que era llamado el pectoral del juicio. La razón de ello era que Aarón fue designado juez entre los hijos de Israel, ocupando una posición semejante entre aquel pueblo a la que ocupa el Presidente del Obispado en la Iglesia. Pero fue bendecido por encima de quienes han sido ordenados al mismo llamamiento en esta dispensación, porque poseía el Urim y Tumim, y mediante este instrumento podía consultar al Señor acerca de cada caso que se presentara ante él para ser juzgado. El juicio humano es naturalmente muy débil e imperfecto, y puesto que Aarón debía juzgar al pueblo de Dios, era de suma importancia que todas sus decisiones fueran dadas con rectitud, sin imperfección alguna; y por esa razón el Señor dio instrucciones expresas a Aarón, por medio de su hermano Moisés, para que tuviera un pectoral. En este pectoral había doce piedras que representaban a las doce tribus de Israel, y en el centro de aquellas filas de piedras se colocó el Urim y Tumim; y cuando se requería que emitiera juicio sobre algún asunto, consultaba al Señor por medio de él, y así podía dar decisiones de acuerdo con la palabra del Señor.
Tenemos otros relatos en la Biblia concernientes al ejercicio de este mismo don. David fue bendecido con este don, y cuando Saúl lo perseguía de lugar en lugar buscando quitarle la vida, él consultaba al Señor por medio de un instrumento semejante y recibía revelaciones. La naturaleza de sus consultas era la siguiente: ¿Irá Saúl a tal ciudad buscándome? ¿Me entregará el pueblo de tal ciudad en sus manos? Y el Señor le respondía, y él, por supuesto, actuaba en consecuencia. Este don parece haber sido frecuente entre los israelitas durante varias generaciones, hasta algunos siglos antes de la venida de Cristo. Entonces parece que Israel transgredió tanto la ley del cielo y se apartó tanto del Señor, que el Urim y Tumim fue quitado de en medio de ellos, como encontrarán mencionado por uno de los profetas en la Biblia judía; les fue quitado, y habrían de permanecer muchos días sin este instrumento, así como sin rey y sin sacrificios, y finalmente las ordenanzas de Dios también les serían quitadas. En otras palabras, quedarían sin reveladores, sin profetas y sin un rey inspirado que los gobernara; todo lo cual se ha cumplido durante muchos siglos en la dispersión de los descendientes de Jacob de su tierra de promisión, entre las naciones adonde han sido esparcidos, sin tener rey alguno; no ofrecen sacrificios como antiguamente; no tienen sacerdote con el pectoral del juicio y el Urim y Tumim para consultar al Señor.
Parece que el Señor se manifestó al pueblo de este gran continente occidental de una manera semejante. Aquí levantó profetas, y aquí poseían un instrumento que, aunque no era llamado estrictamente por el mismo nombre, era evidentemente un instrumento diseñado por el Todopoderoso como medio de comunicación con Su pueblo. El rey Mosíah, que vivió algún tiempo después de que los israelitas llegaron al continente americano, algunos siglos antes de la primera venida de Cristo, poseía este gran don. Amón, un siervo de Dios que explicó este don al rey Limhi, nos dice la naturaleza de dicho don. Nos informa que Mosíah tenía aquello mediante lo cual podía mirar e interpretar escritos y grabados de fecha antigua. Parece que cuarenta y tres de los hombres del rey Limhi habían sido enviados desde el reino donde residían, que estaba en o cerca de Ecuador, en Sudamérica, para buscar la tierra que habían dejado dos o tres generaciones antes; pero se perdieron en el desierto y no lograron encontrar Zarahemla, la tierra que buscaban, la cual estaba en la parte norte de Sudamérica. Pasaron de largo aquella tierra a través de una región desértica y parece que llegaron a Norteamérica. Encontraron toda la tierra que exploraron cubierta de ruinas de edificios y ciudades, y hallaron huesos de hombres y animales; y entre otras cosas encontraron veinticuatro planchas de oro puro con grabados, las cuales llevaron, junto con otros objetos, al rey Limhi. En aquel tiempo él era un hombre justo, al igual que la mayoría de su pueblo, y estaban sumamente ansiosos por conocer la interpretación de aquellos grabados, creyendo que proporcionarían algún relato acerca del pueblo que había habitado el país donde fueron hallados. Deseaban saber qué había sucedido con una nación tan grande, pues evidentemente les parecía que había sido muy numerosa. Con este propósito interrogaron a Amón. Amón era un hombre que había sido enviado mientras tanto desde las regiones septentrionales de Sudamérica, llamadas Zarahemla, y él informó al rey Limhi que el rey de Zarahemla poseía este elevado don de Dios, que era un vidente y que, utilizando los intérpretes, podía interpretar idiomas antiguos. De ahí el gran regocijo del rey, porque existía un hombre que podía darles la información que tanto deseaban obtener.
Posteriormente tenemos en el Libro de Mormón la historia de cómo el pueblo del rey Limhi fue expulsado por algunas de las porciones inicuas del pueblo. Él llegó a la tierra de Zarahemla llevando consigo, junto con su colonia, estas veinticuatro planchas, y pidió al rey Mosíah que las tradujera al idioma nefita. Así lo hizo; y ellas contenían el relato de un pueblo que había venido de la Torre de Babel en el tiempo de la confusión de las lenguas; que desembarcó en esta región septentrional, llamada Norteamérica, y habitó allí durante unos dieciséis o diecisiete siglos. Durante parte de ese tiempo fueron un pueblo justo y durante otra parte fueron inicuos. Existieron muchos profetas entre aquella antigua colonia, y llevaron sus registros, algunos sobre planchas metálicas y otros sobre diversos materiales. Había un profeta en el tiempo de la destrucción de esta primera colonia cuyo nombre era Éter. Él escribió un compendio de la historia de los jareditas, así como un relato de su llegada a esta tierra desde la Torre de Babel; escribió también acerca de la creación del mundo y de las obras del Señor desde el principio hasta la construcción de la gran torre. Este breve relato estaba contenido en aquellas veinticuatro planchas. Además, en el Libro de Mormón, Moroni, el hombre que escondió las planchas de las cuales se tradujo el libro, presenta un breve resumen de la historia de esta primera colonia que vino de la torre, bajo el nombre del Libro de Éter. En este Libro de Éter encontramos que tuvieron alrededor de treinta reyes desde el tiempo en que salieron de Babel, y que finalmente fueron destruidos a causa de su gran iniquidad, para cumplir una profecía y decreto que el Señor había dado cuando los conducía a esta tierra. El decreto era que si ellos o sus descendientes caían en la maldad y llegaban a madurar completamente en la iniquidad, el Señor los destruiría por completo y levantaría otro pueblo para poseer la tierra en su lugar. En consecuencia, estas veinticuatro planchas mencionan su caída y cómo fueron destruidos; también hacen referencia a algunos de sus profetas más eminentes y contienen muchas enseñanzas respecto a la llegada de esta primera colonia a esta tierra: cómo fueron conducidos aquí por el Señor desde la torre y cómo, al pasar por el valle llamado Nimrod, el propio Señor iba delante de su campamento en una nube, enseñándoles, instruyéndolos y guiándolos, del mismo modo que más tarde guio a los hijos de Israel. También los condujo hasta las grandes aguas, donde les mandó construir embarcaciones, lo cual hicieron, ocho en total, por medio de las cuales, bajo el cuidado especial del Todopoderoso, fueron llevados a través del gran océano Pacífico, como ahora lo llamamos. El viaje les tomó trescientos cuarenta y cuatro días y finalmente desembarcaron en la costa occidental de Norteamérica, tan cerca como podemos determinar por este libro, en México, al sur del Golfo de California. Además, cuando el hermano de Jared venía a esta tierra, el Señor le concedió visiones muy notables y, entre otras cosas, le dio el Urim y Tumim: preparó dos piedras cristalinas colocadas en dos engastes semejantes a un arco, las santificó y mostró al hermano de Jared muchas cosas maravillosas, algunas de las cuales leeré para instrucción de aquellos que quizá no hayan prestado atención a estos asuntos.
Leeré primero cómo el Señor iluminó las ocho embarcaciones en las que la colonia procedente de la torre vino a esta tierra.
“Sin embargo, no podéis cruzar este gran abismo a menos que yo os prepare contra las olas del mar, los vientos que han salido y las inundaciones que vendrán. Por tanto, ¿qué queréis que os prepare para que tengáis luz cuando seáis tragados por las profundidades del mar?”
Sus embarcaciones estaban construidas de tal manera que podían sumergirse bajo las olas y volver a salir a la superficie; y así fueron impulsadas por la fuerza de los vientos durante 344 días.
“Y aconteció que el hermano de Jared (siendo ocho el número de las embarcaciones que habían sido preparadas) subió al monte que llamaban el monte Shelem, a causa de su extraordinaria altura; y fundió de una roca dieciséis pequeñas piedras; y eran blancas y transparentes, como vidrio puro; y las llevó en sus manos hasta la cima del monte, y clamó otra vez al Señor, diciendo: Oh Señor, tú has dicho que debemos ser rodeados por las aguas. Ahora pues, oh Señor, no te enojes con tu siervo a causa de su debilidad delante de ti; porque sabemos que eres santo y moras en los cielos, y que somos indignos ante ti; porque a causa de la caída nuestras naturalezas se han vuelto continuamente malas; sin embargo, oh Señor, nos has dado el mandamiento de invocarte para que recibamos de ti conforme a nuestros deseos. He aquí, oh Señor, nos has castigado por nuestra iniquidad y nos has expulsado, y durante muchos años hemos estado en el desierto; sin embargo, has sido misericordioso con nosotros. Oh Señor, mírame con compasión, aparta tu ira de este pueblo tuyo y no permitas que crucen este mar embravecido en tinieblas; sino mira estas cosas que he fundido de la roca. Y sé, oh Señor, que tienes todo poder y que puedes hacer cuanto quieras para el beneficio del hombre; por tanto, toca estas piedras, oh Señor, con tu dedo y prepáralas para que brillen en la oscuridad; y brillarán para nosotros en las embarcaciones que hemos preparado, para que tengamos luz mientras cruzamos el mar. He aquí, oh Señor, tú puedes hacer esto. Sabemos que eres capaz de manifestar gran poder, el cual parece pequeño al entendimiento de los hombres.”
Podéis ver, por el propio lenguaje de esta oración, cuánta confianza tenía este hombre de Dios en las obras del Señor. No le parecía algo imposible que el Señor tocara aquellas dieciséis piedras, dos de las cuales debían colocarse en cada embarcación, una en cada extremo. Él sabía que el Señor podía tocarlas y que era posible que las hiciera brillar en aquellas embarcaciones, dándoles luz mientras cruzaban el océano.
“Y aconteció que cuando el hermano de Jared hubo dicho estas palabras, he aquí, el Señor extendió su mano y tocó las piedras una por una con su dedo. Y el velo fue quitado de los ojos del hermano de Jared, y vio el dedo del Señor; y era como el dedo de un hombre, semejante a carne y sangre; y el hermano de Jared cayó al suelo delante del Señor, porque fue sobrecogido de temor. Y el Señor vio que el hermano de Jared había caído a tierra; y el Señor le dijo: Levántate, ¿por qué has caído? Y él dijo al Señor: Vi el dedo del Señor y temí que me hiriera; porque no sabía que el Señor tenía carne y sangre. Y el Señor le dijo: Por causa de tu fe has visto que yo tomaré sobre mí carne y sangre.”
Debió de haber sido el espíritu de nuestro gran Redentor cuyo dedo vio entonces, miles de años antes de que viniera a tomar un cuerpo de carne y huesos.
“Y nunca ha venido hombre alguno ante mí con una fe tan extraordinaria como la tuya; porque de no ser así, no habrías podido ver mi dedo. ¿Has visto algo más que esto? Y él respondió: No, Señor; muéstrate a mí. Y el Señor le dijo: ¿Crees las palabras que voy a hablar? Y él respondió: Sí, Señor; sé que dices la verdad, porque eres un Dios de verdad y no puedes mentir. Y cuando hubo dicho estas palabras, he aquí, el Señor se le mostró y dijo: Porque sabes estas cosas, has sido redimido de la caída; por tanto, eres traído de nuevo a mi presencia; por eso me manifiesto a ti.”
Sabéis que una de las consecuencias de la caída fue que el hombre quedara excluido de la presencia de Dios por medio de este tabernáculo mortal; pero este hombre, debido a su conocimiento y a la gran fe que había obtenido, tuvo el velo retirado y fue restaurado nuevamente a la presencia de Dios, tal como el hombre estaba antes de la caída.
“He aquí, yo soy aquel que fue preparado desde la fundación del mundo para redimir a mi pueblo.”
El Señor ya tenía preparado el plan antes de que este mundo fuese hecho o traído a la existencia. Todo fue comprendido en los concilios de la eternidad respecto a la venida del Señor en el meridiano de los tiempos para tomar sobre sí carne y sangre. Se entendía que sufriría la muerte y que sería como un Cordero inmolado desde antes de la fundación del mundo, en la mente de Dios.
“He aquí, yo soy Jesucristo. Soy el Padre y el Hijo. En mí toda la humanidad tendrá vida, y esto eternamente, aun todos los que crean en mi nombre; y llegarán a ser mis hijos y mis hijas. Y nunca me he mostrado a hombre alguno que haya creado, porque nunca hombre alguno ha creído en mí como tú has creído. ¿Ves que habéis sido creados según mi propia imagen? Sí, todos los hombres fueron creados en el principio según mi propia imagen. He aquí, este cuerpo que ahora contemplas es el cuerpo de mi espíritu” (no un cuerpo de carne y huesos, sino la forma, la estatura y la apariencia del cuerpo de su espíritu, un cuerpo puro e inmortal), “y al hombre lo he creado según el cuerpo de mi espíritu; y así como ahora me aparezco a ti en el espíritu, así me apareceré a mi pueblo en la carne.
“Y ahora, como yo, Moroni, he dicho que no puedo dar una relación completa de estas cosas que están escritas, me basta decir que Jesús se mostró a este hombre en el espíritu, según la manera y en la misma semejanza de aquel mismo cuerpo con que se mostró a los nefitas.”
Los nefitas eran israelitas a quienes Jesús se apareció después de Su resurrección.
“Y él le ministró, así como ministró a los nefitas; y todo esto para que este hombre supiera que Él era Dios, a causa de las muchas y grandes obras que el Señor le había mostrado. Y debido al conocimiento que poseía este hombre, no podía ser impedido de ver más allá del velo; y vio el dedo de Jesús, y cuando lo vio, cayó de temor; porque sabía que era el dedo del Señor; y ya no tenía fe, porque sabía, sin dudar nada. Por tanto, teniendo este conocimiento perfecto de Dios, no podía ser retenido fuera del velo; por eso vio a Jesús, y Él le ministró. Y aconteció que el Señor dijo al hermano de Jared: He aquí, no permitirás que estas cosas que has visto y oído sean divulgadas al mundo, hasta que llegue el tiempo en que yo glorifique mi nombre en la carne; por tanto, atesorarás las cosas que has visto y oído, y no las mostrarás a ningún hombre.”
Parece que el Señor no deseaba mostrar estas cosas a otros cuando el pueblo no tenía suficiente fe. Estas cosas eran demasiado grandes y gloriosas para que en aquella temprana época del mundo les fueran dadas a conocer. Pero en un tiempo determinado, cuando Su nombre fuese glorificado en la carne y después de que resucitara de entre los muertos, entonces permitiría que estas cosas salieran a la luz, lo cual ocurrió entre los antiguos israelitas de este continente; entonces fueron traducidas al idioma nefita y dadas a conocer. Pero el Señor dijo al hermano de Jared: “Y he aquí, cuando vengáis a mí, las escribiréis y las sellaréis para que ningún hombre pueda interpretarlas; porque las escribiréis en un idioma que no podrá ser leído. Y he aquí, estas dos piedras os daré, y también las sellaréis junto con las cosas que escribiréis. Porque he aquí, el idioma en que escribiréis lo he confundido; por tanto, haré que en mi debido tiempo estas piedras magnifiquen ante los ojos de los hombres las cosas que escribiréis. Y cuando el Señor hubo dicho estas palabras, mostró al hermano de Jared todos los habitantes de la tierra que habían existido y también todos los que existirían; y no los ocultó de su vista, hasta los confines de la tierra.” ¡Qué gran don es conocer y ver, por la iluminación del Espíritu y mediante visión, las cosas que han sucedido desde el principio de este mundo; ver, por ejemplo, a todos los habitantes de la tierra que habían vivido antes del día en que el Señor concedió esta visión; y luego a todos los habitantes que habrían de existir hasta el fin del mundo! “Porque le había dicho anteriormente que si creía en Él, podría mostrarle todas las cosas; y le serían mostradas; por tanto, el Señor no pudo ocultarle nada, porque sabía que el Señor podía mostrarle todas las cosas. Y el Señor le dijo: Escribe estas cosas y séllalas, y yo las mostraré a los hijos de los hombres en mi debido tiempo.
Y aconteció que el Señor le mandó que sellara las dos piedras que había recibido y que no las mostrara, hasta que el Señor las mostrara a los hijos de los hombres. Y el Señor mandó al hermano de Jared que descendiera del monte de la presencia del Señor y escribiera las cosas que había visto; y se prohibió que llegaran a los hijos de los hombres hasta después de que Él fuese levantado sobre la cruz; y por esta razón el rey Mosíah las conservó.”
Os dije que Mosíah era un hombre justo, un revelador además de rey, que habitó este continente americano algunos siglos antes de Cristo; y cuando interpretó la historia de aquel pueblo, no interpretó estas cosas que el hermano de Jared vio en aquella gran visión; el Señor no le permitió hacerlo.
“Que no llegaran al mundo sino hasta después de que Cristo se manifestara a su pueblo. Y después que Cristo verdaderamente se mostró a su pueblo, mandó que fueran dadas a conocer.”
Fueron traducidas después de que Cristo se apareció por primera vez a los nefitas y probablemente fueron difundidas entre la nación nefita. El profeta Moroni dice: “Y ahora, después de eso, todos han degenerado en incredulidad; y no queda ninguno, excepto los lamanitas, y ellos han rechazado el evangelio de Cristo; por tanto, se me manda que las esconda nuevamente en la tierra. He aquí, he escrito sobre las planchas las mismas cosas que vio el hermano de Jared.”
Muchos, al leer este relato de manera descuidada, se preguntarán por qué una parte de estas planchas debía permanecer sellada y por qué a José Smith no se le permitió romper el sello. La razón era que, en esta gran revelación, la porción sellada de las planchas de las cuales se tomó el Libro de Mormón contenía esta grandiosa visión concedida al hermano de Jared. A José no se le permitió traducirla ni romper el sello del libro; está reservada para salir a la luz en el debido tiempo.
El profeta Moroni además dice: “Y nunca se manifestaron cosas más grandes que las que fueron manifestadas al hermano de Jared. Por tanto, el Señor me ha mandado escribirlas; y las he escrito. Y me mandó sellarlas; y también me mandó sellar la interpretación de ellas; por tanto, he sellado los intérpretes, conforme al mandamiento del Señor. Porque el Señor me dijo: No saldrán a los gentiles hasta el día en que se arrepientan de su iniquidad y lleguen a ser limpios delante del Señor. Y en aquel día en que ejerzan fe en mí, dice el Señor, así como lo hizo el hermano de Jared, para que sean santificados en mí, entonces les manifestaré las cosas que vio el hermano de Jared, desplegándoles todas mis revelaciones, dice Jesucristo, el Hijo de Dios, el Padre de los cielos y de la tierra y de todas las cosas que en ellos hay. Y el que contienda contra la palabra del Señor, sea maldito; y el que niegue estas cosas, sea maldito; porque a ellos no les mostraré cosas mayores, dice Jesucristo; porque yo soy quien habla. Y a mi mandato los cielos se abren y se cierran; y a mi palabra la tierra temblará; y a mi mandato sus habitantes desaparecerán, aun como por fuego. Y el que no cree mis palabras no cree a mis discípulos; y si acontece que yo no hablo, juzgad vosotros; porque sabréis que soy yo quien habla en el día postrero.”
“Pero el que crea estas palabras que he hablado, a él lo visitaré con las manifestaciones de mi Espíritu, y sabrá y dará testimonio.”
Ahora quiero apelar a los Santos de los Últimos Días que ocupan este salón, para preguntarles si esta promesa se ha cumplido en vosotros o no. La leeré nuevamente: “Pero el que crea estas palabras que he hablado, a él lo visitaré con las manifestaciones de mi Espíritu, y sabrá y dará testimonio.” No dice que simplemente tendrá una opinión y dará testimonio, sino que sabrá y dará testimonio. ¿Sabéis vosotros que este libro (el Libro de Mormón) es verdadero, Santos de los Últimos Días? ¿Sabéis que lo que he estado leyendo son las palabras del Señor? Si habéis creído estas cosas con todo vuestro corazón y habéis obedecido los mandamientos del Altísimo, manifestando vuestra fe por medio de vuestras obras, entonces habéis sido puestos en posesión de este conocimiento, y sabéis, por el Espíritu que Él ha derramado desde los cielos sobre vosotros, que estas cosas son verdaderas y están vigentes para todo el mundo; y este Espíritu os da conocimiento concerniente a toda verdad. No sois como aquellos que no tienen revelación, de quienes habló el antiguo apóstol, que estaban “siempre aprendiendo y nunca pueden llegar al conocimiento de la verdad”; sino que sois de aquellos que, si guardáis los mandamientos de Dios, no solamente aprendéis de la palabra de Dios, sino que poseéis conocimiento de toda verdad revelada por el poder del Espíritu, el Consolador, que es un revelador, una unción para todos los que lo reciben; y son capaces de dar testimonio de las cosas que antes solamente creían verdaderas. Así ha levantado el Señor una gran nube de testigos, junto con decenas de miles de otros, para dar testimonio de la verdad en esta última dispensación del cumplimiento de los tiempos. “Porque por causa de mi Espíritu sabrá que estas cosas son verdaderas; porque persuade a los hombres a hacer el bien. Y cualquier cosa que persuade a los hombres a hacer el bien es de mí; porque el bien no viene de ningún otro sino de mí. Yo soy el mismo que guía a los hombres a todo lo bueno; el que no crea mis palabras no me creerá a mí, que soy; y el que no me crea a mí no creerá al Padre que me envió. Porque he aquí, yo soy el Padre, soy la luz, la vida y la verdad del mundo. Venid a mí, oh gentiles, y os mostraré las cosas mayores, el conocimiento que está escondido por causa de la incredulidad. Venid a mí, oh casa de Israel, y se os manifestarán las grandes cosas que el Padre ha reservado para vosotros desde la fundación del mundo; y no os han llegado por causa de la incredulidad. He aquí, cuando rasguéis ese velo de incredulidad que os hace permanecer en vuestro terrible estado de maldad, dureza de corazón y ceguera de mente, entonces las cosas grandes y maravillosas que os han sido ocultadas desde la fundación del mundo os serán reveladas; sí, cuando invoquéis al Padre en mi nombre con un corazón quebrantado y un espíritu contrito, entonces sabréis que el Padre ha recordado el convenio que hizo con vuestros padres, oh casa de Israel. Y entonces mis revelaciones que hice escribir a mi siervo Juan serán desplegadas ante los ojos de todo el pueblo. Recordad que cuando veáis estas cosas sabréis que el tiempo está cerca para que se manifiesten realmente. Por tanto, cuando recibáis este registro podréis saber que la obra del Padre ha comenzado sobre toda la faz de la tierra. Por tanto, arrepentíos todos los extremos de la tierra, y venid a mí, y creed en mi evangelio, y bautizaos en mi nombre; porque el que crea y sea bautizado será salvo; mas el que no crea será condenado; y señales seguirán a los que crean en mi nombre. Y bendito es el que sea hallado fiel a mi nombre en el día postrero, porque será levantado para morar en el reino preparado para él desde la fundación del mundo. Y he aquí, soy yo quien lo ha dicho. Amén.”
He leído estas cosas porque soy plenamente consciente de que hay en la Iglesia de los Santos de los Últimos Días muchas personas que son muy descuidadas en cuanto a la lectura del Libro de Mormón. Es uno de los mayores tesoros, en lo que respecta a libros, que se ha dado a la humanidad durante casi mil ochocientos años. Contiene las cosas de Dios con gran claridad, tan fáciles de comprender que incluso un niño que lo lea puede entenderlas. Y sin embargo, cuántos Santos de los Últimos Días permiten que este libro permanezca en sus estantes semana tras semana sin leer siquiera una página de estas preciosas enseñanzas. También he leído estas cosas para beneficio de los extraños que puedan estar presentes en esta ocasión. No es de esperar que ellos lo lean, porque no creen que sea un registro divino; no creen que Dios haya hablado ni que José Smith haya sido levantado para sacarlo a luz para los hijos de los hombres por el poder del Urim y Tumim. No es de esperar, por tanto, que lean una obra en la cual no tienen fe. No desean tener fe en ella; ni siquiera consideran que sea un asunto de suficiente importancia como para preguntar al Señor si es verdadero o no. Y, sin embargo, a veces pueden sentir durante unos momentos en su corazón el deseo de saber qué contiene el Libro de Mormón; por eso he leído estas cosas, para que tengáis una idea de lo que contiene este libro sobre el cual los Santos de los Últimos Días fundamentan su fe, junto con la Biblia.
Percibiréis, Santos de los Últimos Días, cómo fue formado originalmente este Urim y Tumim. No era algo que existiera sobre la tierra en estado natural; era algo hecho por el Señor. Él es un gran artífice; sabe cómo hacer las cosas. Él hizo los cielos y la tierra; hizo muchos mundos que vemos girar, por así decirlo, sobre sus alas en medio del espacio. Hizo las vestiduras que primero cubrieron a Adán y Eva; e hizo un hermoso jardín, plantándolo con una gran variedad de árboles y haciendo que produjeran fruto y que tuviesen semilla en sí mismos. Él sabe cómo realizar tales cosas; no es como muchos de nosotros que, después de intentar hacer ciertas cosas, fracasamos por falta de conocimiento. Cuando Él emprende una obra, la realiza de la mejor manera posible, y todo lo que hace es perfecto. Y si posteriormente Su obra llega a ser imperfecta, es a causa de la maldición que viene sobre la tierra como consecuencia del pecado. Él hizo el Urim y Tumim, y tenemos un relato de su fabricación en las palabras que he estado leyendo. Las dos piedras cristalinas que dio al hermano de Jared fueron hechas por Él. “Cuando escribáis estas cosas, las sellaréis, así como también los intérpretes, hasta que el Señor considere oportuno, en su debido tiempo, revelarlos a los hijos de los hombres.”
Quizá algunos de vosotros preguntéis cuándo será revelada esta gran visión que fue dada al hermano de Jared. Desearía poder responder esa pregunta; no puedo responder en cuanto al año, porque no lo sé. Sin embargo, puedo responderos en términos generales. Si acudís a Doctrina y Convenios, encontraréis allí una revelación dada en el año 1829 a Hyrum Smith, quien descendió desde Manchester, en el condado de Ontario, Nueva York, hasta el condado de Susquehanna, Pensilvania, para visitar a su hermano José, que entonces estaba ocupado en la obra de traducir el Libro de Mormón. Cuando Hyrum llegó a la presencia de su hermano, sintió el deseo de saber qué quería el Señor que hiciera, o si no sería conveniente que comenzara a predicar, dando testimonio de los manuscritos del Libro de Mormón, etc. Finalmente deseó que su hermano consultara al Señor por medio del Urim y Tumim para saber qué debía hacer. El Señor dio una revelación diciéndole que no debía predicar Su palabra en ese momento, que el tiempo aún no había llegado. Todavía no había recibido la ordenación que lo autorizara a predicar, ni la Iglesia había sido organizada sobre la tierra. Sin embargo, el Señor le indicó ciertas cosas que debía hacer. Le dijo: “Estudia mi palabra que ha salido entre los hijos de los hombres, y también estudia mi palabra que saldrá entre los hijos de los hombres, o sea, aquello que ahora se está traduciendo, sí, hasta que hayas obtenido todo lo que concederé a los hijos de los hombres en esta generación, y entonces todas las cosas serán añadidas.” Después de que la generación que vivía en 1829, hace ahora cuarenta y ocho años, haya cumplido completamente su curso, entonces podremos esperar la revelación que el hermano de Jared recibió sobre el monte; entonces podremos esperar las cosas que vio cuando el Señor le mostró todos los hijos de los hombres que habían vivido sobre la tierra desde el principio de la creación hasta su época, y también aquellos que habrían de venir sobre la tierra hasta el fin de los tiempos. Al mostrarle estas cosas, no creo que simplemente se las mostrara para satisfacer su curiosidad, pues se nos dice que ningún hombre había contemplado antes cosas tan grandiosas, y el Señor no pudo ocultárselas debido a su gran fe. Tampoco creo que este gran hombre buscara al Señor para satisfacer la curiosidad; sino que, como ya os he dicho y realmente creo, le reveló muchos de Sus grandes y maravillosos propósitos concernientes a los habitantes de la tierra, respecto a Sus futuros tratos con las naciones, respecto al establecimiento de Su reino en los últimos días, como está ocurriendo ahora. No tengo duda de que vio cada detalle tal como ha sucedido desde 1830 hasta el tiempo presente. Vio nuestra historia, nuestros viajes y nuestras persecuciones; también vio el estado de oscuridad en que estaría el mundo antes de que el Señor estableciera nuevamente esta Iglesia sobre la tierra, así como las persecuciones que sobrevendrían a los santos de épocas anteriores, y cómo la Iglesia caería en apostasía y el sacerdocio sería quitado de entre los hombres. Todas estas cosas le fueron manifestadas, y se le mandó escribirlas. Y si tuviéramos ahora esas cosas que él escribió, no tengo la menor duda de que podríamos leer la historia futura de esta Iglesia del mismo modo que podemos leer su historia pasada; podríamos comprender todos los acontecimientos hasta que los inicuos sean destruidos de la tierra; podríamos ver nuestros futuros viajes, nuestras futuras tribulaciones y persecuciones, y también las bendiciones que vendrán sobre nosotros cuando hayan terminado los días de tribulación. Podríamos contemplar la gloria de Dios que reposará sobre Sion, la resurrección de los justos, la venida de la Iglesia del Primogénito en las nubes del cielo junto con Jesús, y la llegada de la antigua Sion. Todas estas cosas, no tengo duda, fueron reveladas a este hombre de Dios, y se le mandó escribirlas; y saldrán a luz cuando haya pasado completamente la generación que vivía en el año 1829, hace cuarenta y ocho años.
En cuanto al número de años por los cuales debe medirse una generación, no se nos ha dado por revelación un período definido y específico; el Señor habla en términos generales cuando se refiere a las generaciones. Entre los nefitas, inmediatamente después de la aparición de Cristo entre ellos, una generación era de cien años, y en la cuarta generación fueron destruidos como nación, excepto unos pocos que se unieron a los lamanitas. Encontramos generaciones contadas de padre a hijo, y de hijo a nieto, etc.; y cuando calculamos el promedio de las generaciones según las estadísticas de las naciones, encontramos que son aproximadamente treinta años por generación. Pero cuando el Señor habla en términos generales y dice: “Esta generación no pasará hasta que una Casa sea edificada a mi nombre”, como se declara en este Libro de Convenios, y que una nube reposará sobre ella, en ese caso no creo que esté limitado a ningún período definido. Baste decir que no todos los que vivían en 1832, cuando se dio aquella revelación, habrán desaparecido; algunos seguirán viviendo cuando sea levantada la Casa de la que se habla y sobre la cual reposará la gloria de Dios. Ya han pasado cuarenta y cinco años desde que fue dada aquella revelación concerniente a la construcción de esa Casa. Y cuando le dice a Hyrum Smith: “Estudia mi palabra, etc., hasta que hayas obtenido todo lo que concederé a los hijos de los hombres en esta generación”, no sé cuánto tiempo pretendía Dios que durara esa generación, y no creo que haya persona alguna en la Iglesia que lo sepa, a menos que el Señor se lo haya revelado. Pero tenemos toda razón para creer que el tiempo no está lejano, y que hay algunos de los jóvenes que ahora viven sobre la tierra que vivirán para contemplar un gran número de revelaciones dadas, y verán aparecer otros libros y otros registros traducidos por el Urim y Tumim, el mismo instrumento que José Smith utilizó en la traducción del Libro de Mormón, el cual volverá a salir a la luz y será revelado al vidente y revelador que Dios levantará, mediante quien estos antiguos registros serán dados a conocer. Entonces estas grandes cosas serán conocidas; entonces nos regocijaremos en una mayor plenitud de conocimiento y entendimiento, conforme a la promesa. Y cuando rasguemos ese velo de incredulidad del que habla el Libro de Mormón, y cuando sea quitado de en medio de nosotros, y ejerzamos fe en Dios tal como lo hizo aquel antiguo hombre de Dios, el hermano de Jared, entonces el Señor revelará a este pueblo lo que fue mostrado a aquel hombre. Y si fue importante para él, en las primeras edades del mundo, comprender las grandes cosas de los últimos días, cuánto más importante es para nosotros que vivimos, por así decirlo, inmediatamente antes de la venida del Hijo del Hombre; y si los antiguos hombres de Dios fueron privilegiados y bendecidos al comprender las cosas futuras, cuánto mayor bendición será para nosotros, puesto que estas cosas están ya a nuestras puertas.
Creo que haré algunas observaciones más en relación con esta misma revelación que ha de ser dada. En el Segundo Libro de Nefi, capítulo 11, tenemos algún relato de lo que el Señor va a hacer con referencia a las cosas que vio el hermano de Jared. La profecía que estoy a punto de leer fue pronunciada casi seis siglos antes de Cristo por un hombre llamado Nefi, a quien el Señor sacó de Jerusalén junto con la familia de su padre y algunos otros, llevándolos a la costa occidental de Sudamérica, donde formaron una colonia. Antes de llegar allí recibió una gran revelación, y también después de haber llegado. Comenzaré con el párrafo diecisiete de la visión que recibió.
“Y acontecerá que el Señor Dios os hará llegar las palabras de un libro, y serán las palabras de aquellos que han dormido.”
Él estaba profetizando acerca de los últimos días, del tiempo en que el Libro de Mormón sería dado a conocer a los habitantes de la tierra.
“Y he aquí, el libro estará sellado; y en el libro habrá una revelación de Dios desde el principio del mundo hasta su fin.” Esta es la parte que está sellada. “Por tanto, a causa de las cosas que están selladas, las cosas selladas no serán entregadas en el día de la iniquidad y de las abominaciones del pueblo.” Esto concuerda con lo que os estaba diciendo acerca de la generación que está pasando. Los inicuos serán barridos de la tierra, y aquellos que permanezcan justos tendrán esta gran revelación abierta para ellos. “Por tanto, el libro les será retenido.” El Señor no permitió que estas planchas llegaran a manos de los inicuos, porque sabía muy bien que las habrían destruido por causa del oro sobre el cual estaban escritas. “Pero el libro será entregado a un hombre, y él entregará las palabras del libro, que son las palabras de aquellos que han dormido en el polvo, y entregará estas palabras a otro; pero las palabras que están selladas no las entregará, ni tampoco entregará el libro.” Deseo señalar aquí, para información de aquellos que no lo entienden, que antes de que José Smith tradujera la parte no sellada, copió algunos de los caracteres y los envió por medio de Martin Harris a la ciudad de Nueva York para que fueran mostrados a los eruditos, a fin de ver si podían leerlos. “Porque el libro será sellado por el poder de Dios, y la revelación que fue sellada permanecerá en el libro hasta el debido tiempo del Señor, cuando saldrá a luz; porque he aquí, revela todas las cosas desde la fundación del mundo hasta su fin.” Obtendremos algún conocimiento de los propósitos de Dios, no solo respecto a los seis mil años pasados, sino también respecto a los mil años venideros, cuando sea dada esta revelación que mostrará los propósitos y designios del gran Jehová concernientes a esta creación. “Y llegará el día en que las palabras del libro que fue sellado serán leídas sobre los terrados; y serán leídas por el poder de Cristo; y todas las cosas serán reveladas a los hijos de los hombres, tanto las que han sucedido entre los hijos de los hombres como las que sucederán hasta el fin de la tierra. Por tanto, en aquel día, cuando el libro sea entregado al hombre de quien he hablado, el libro será ocultado de los ojos del mundo, de modo que nadie lo verá excepto tres testigos, quienes lo contemplarán por el poder de Dios, además de aquel a quien el libro sea entregado; y ellos testificarán de la verdad del libro y de las cosas contenidas en él. Y no habrá otros que lo vean, salvo unos pocos según la voluntad de Dios, para dar testimonio de Su palabra a los hijos de los hombres; porque el Señor ha dicho que las palabras de los fieles hablarán como si vinieran de los muertos. Por tanto, el Señor Dios procederá a sacar a luz las palabras del libro; y por boca de tantos testigos como le parezca bien, establecerá Su palabra; ¡y ay de aquel que rechace la palabra de Dios!”
Esto nos da un poco más de luz sobre el mismo tema. Cuando eso salga a la luz, espero que el mismo Urim y Tumim que el Señor dio a José Smith aparezca junto con estas planchas, y que sean traducidas; pero por quién, no lo sé. No me ha sido revelado quién será el vidente y revelador favorecido que será levantado entre este pueblo para sacar a la luz esta revelación. Y no solamente esta revelación, sino también aquellas veinticuatro planchas de oro que contienen la historia de la antigua nación jaredita que habitó este continente norteamericano; pues actualmente solo tenemos un compendio, ni siquiera la centésima parte de su historia. Estas planchas de oro saldrán a la luz, así como muchos otros registros conservados por la primera nación que vino a esta tierra: los jareditas. Y no tengo duda de que el Señor proporcionará el Urim y Tumim para traducirlos. Y no solo estos registros, sino que el Señor tiene el propósito, en esta dispensación en la que vosotros y yo vivimos, de inundar toda la tierra con un torrente de conocimiento acerca de Él mismo; acerca de Sus propósitos y designios; y acerca de las futuras glorias y bendiciones preparadas para los Santos de los Últimos Días; así como respecto a la preparación de la tierra para los mil años de justicia que han de venir. Por tanto, estas planchas, estos grandes números de registros que fueron conservados por los reyes de los nefitas y por muchos profetas antes y después de Cristo, así como los registros sellados de los que he estado hablando, saldrán todos a la luz. Entonces tendremos revelaciones de cosas celestiales y terrenales, y conoceremos los designios y propósitos de Dios. Tendremos, quizá, la historia más completa de este continente que exista acerca de nación o reino alguno sobre la tierra. Además, tenemos abundantes promesas que Dios nos ha hecho en este libro llamado Doctrina y Convenios, dado por medio del profeta José, concernientes a otros registros además de los que he mencionado, conservados por los jareditas y los nefitas; un registro, por ejemplo, que se remonta hasta los días de Enoc. Podríais decir que en aquellos días no sabían escribir. Pero la Biblia indica que sí sabían, y habla del libro de las generaciones de Adán incluso antes del diluvio. Además, tenemos el relato de que tres años antes de la muerte de Adán, reunió a los justos de su posteridad; reunió también a los sumos sacerdotes de aquella época en un valle llamado Adán-ondi-Ahmán, situado aproximadamente a cincuenta millas al norte del condado de Jackson, o lo que hoy se llama el condado de Daviess, Misuri. Allí se congregaron los justos de su posteridad durante ocho generaciones, y él les impartió su última bendición como el gran patriarca de todos ellos. Y se puso de pie, a pesar de estar encorvado por la edad, ante la gran multitud reunida en aquella ocasión, y profetizó acerca de todas las cosas importantes que acontecerían entre su descendencia y entre las naciones que surgirían de él, hasta el fin mismo de los tiempos. Se nos dice que estas cosas fueron escritas en el libro de Enoc y que serán dadas a conocer a su debido tiempo. Cuando obtengamos ese registro, creo que sabremos mucho más acerca de los antediluvianos, de quienes actualmente conocemos tan poco.
Luego hay todavía otro registro que ha de salir a la luz. Según la más alta autoridad, Juan el Bautista fue uno de los mayores profetas nacidos de mujer; sin embargo, tenemos muy poco escrito acerca de él en los registros judíos. Tenemos una revelación en Doctrina y Convenios referente al registro de Juan, ese gran profeta. Y se nos promete que, si somos fieles como pueblo, la plenitud del registro de Juan será revelada más adelante. Cuando lo recibamos, creo que tendremos todavía mayor conocimiento respecto a doctrinas, principios y cosas grandes y maravillosas de las que ahora sabemos muy poco, o nada en absoluto.
Y esto no es todo. El Señor nos ha dicho que sacará a la luz aquellas planchas de bronce que Lehi y las familias que vinieron con él desde Jerusalén, unos seiscientos años antes de Cristo, trajeron consigo. Estas contienen la historia de la creación y los escritos de hombres inspirados hasta los días de Jeremías, pues fueron llevadas desde Jerusalén en la época de ese profeta. Se nos informa en el Libro de Mormón que contenían muchas profecías de gran alcance y extraordinaria importancia. Y cuando estas planchas, ahora ocultas en el cerro Cumorah, sean dadas a conocer, tendremos la historia del Antiguo Testamento de una manera mucho más completa, junto con una gran cantidad de profecías que actualmente no se encuentran en ese registro. Las profecías de José en Egipto fueron muy extensas, y se nos dice en el Libro de Mormón que recibió muchas de ellas. Cuando las tengamos, junto con las profecías de Neum, un gran profeta que profetizó acerca de Cristo; así como las de Zenos y Zenoc, y las de otros profetas de los cuales actualmente solo se hace una breve referencia; y cuando además las diez tribus de Israel regresen del país del norte, traerán consigo los registros que han conservado desde unos setecientos veinte años antes de Cristo. Estos contendrán una historia de la mano de Dios entre aquel pueblo perdido, algo que sin duda será tan interesante como instructivo.
¿Nos detendremos aquí? No. Llegará el tiempo en que este pueblo llegará a ser más plenamente revelador, profeta y vidente por sí mismo, y la tierra será llena del conocimiento de Dios; e incluso de la boca de los niños y de los más pequeños el Espíritu de Dios revelará cosas que han permanecido ocultas desde la fundación del mundo. Ellos hablarán de las cosas de Dios, ayudando a llenar la tierra con el conocimiento de Dios, como las aguas cubren el mar.
Podríamos detenernos ahora y no decir más acerca de las Biblias y registros que aún han de venir. Por lo poco que he dicho, los extraños presentes quizá comiencen a creer la verdad de aquella Escritura que dice: “Y hay también muchas otras cosas que hizo Jesús, las cuales, si se escribieran una por una, pienso que ni aun el mundo mismo podría contener los libros que se escribirían”. El Señor no ha permitido que estas cosas salgan a la luz debido a la incredulidad y la maldad de la gente, para que no sean pisoteadas, como los cerdos pisotean las joyas bajo sus pies. Pero tan pronto como la rectitud del pueblo lo justifique, Él revelará estos tesoros ocultos de conocimiento, y entonces comprenderán y entenderán las grandes cosas de Dios. Y no solamente saldrán a la luz registros escritos, sino que las mentes de hombres, mujeres y niños, y las mentes de todos los creyentes, serán como fuentes de luz e inteligencia, y podrán comprender todos los registros y libros inspirados desde lo alto.
A veces, cuando reflexiono sobre estas cosas bajo la influencia del Espíritu, me parece que apenas puedo esperar a que pase la presente generación sin ver a los Santos de los Últimos Días en posesión de estas grandes bendiciones. ¡Ciertamente llegarán! Tened la seguridad, Santos de los Últimos Días, de que estas cosas se cumplirán, sí, cada jota y cada tilde; y todo registro que Dios haya mandado conservar entre los antiguos videntes y reveladores será sacado a la luz en esta última dispensación, y nadie debe pensar que el Señor está jugando con nosotros, porque estas cosas serán manifestadas.
Que Dios os bendiga, es mi oración, en el nombre de Jesús. Amén.


























