Respuestas a Preguntas del Evangelio: Volumen 1

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La Resurrección Universal


Pregunta: “Si los hijos de perdición han de llegar a ser miembros del reino del diablo, ¿se les permitirá tener cuerpos tangibles, o serán como Satanás, a quien se le negó el derecho a un cuerpo? En otras palabras, ¿serán resucitados los hijos de perdición y recibirán cuerpos inmortales, o sus cuerpos serán destruidos?”

Respuesta: Las escrituras son muy claras sobre esta cuestión. Pablo, por ejemplo, escribió a los miembros de la Iglesia en Corinto: “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados”. (1 Corintios 15:22.) El Salvador dijo a los judíos que vendría la hora en que él visitaría a los muertos y ellos oirían su voz, “Y saldrán; los que hicieron lo bueno, a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”. (Juan 5:29.) En una revelación al profeta José Smith, el Señor dijo: “Pero he aquí, de cierto os digo que antes que la tierra pase, Miguel, mi arcángel, tocará su trompeta, y entonces todos los muertos despertarán, porque sus sepulcros serán abiertos, y saldrán; sí, todos”. (D. y C. 29:26.)

Nuestro Redentor vino al mundo para obtener dominio sobre la muerte. Si un alma nacida en este mundo, sin importar cuán inicua pueda ser, fuera privada de la resurrección, entonces Jesucristo no tendría la victoria. Es imperativo, por tanto, que todos reciban la resurrección, y Amulek declaró esto enfáticamente al pueblo de Ammoníah, (Alma 11:40-45), así como Alma lo hizo con su hijo Coriantón. (Ibíd., 40:22-26.)

La segunda parte de la pregunta es: ¿recibirán sus cuerpos en la resurrección y luego después los tendrán destruidos? Alma ha respondido esto en su discurso en Ammoníah:

Y ahora, he aquí, os digo que entonces viene una muerte, sí, una segunda muerte, que es una muerte espiritual; entonces es el tiempo en que quienquiera que muera en sus pecados, en cuanto a una muerte temporal, también morirá una muerte espiritual; sí, morirá en cuanto a las cosas pertenecientes a la rectitud.

Entonces es el tiempo cuando sus tormentos serán como un lago de fuego y azufre, cuya llama asciende para siempre jamás; y entonces es el tiempo en que serán encadenados a una destrucción eterna, conforme al poder y cautividad de Satanás, habiéndolos él sujetado según su voluntad.

Entonces, os digo, serán como si no se hubiese hecho redención alguna; porque no pueden ser redimidos conforme a la justicia de Dios; y no pueden morir, puesto que ya no hay más corrupción. (Ibíd., 12:16-18.)

LOS PROFETAS DE LOS ÚLTIMOS DÍAS PROCLAMARON UNA RESURRECCIÓN UNIVERSAL

El presidente John Taylor, en un discurso del 31 de diciembre de 1876, dijo:

¿Qué?, ¿será resucitado todo ser? Sí, todo ser viviente; “pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Después el fin”. Es decir, los santos vivirán y reinarán con Cristo mil años. Uno de los apóstoles dice: “Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años”. Ahora bien, todos deben salir del sepulcro, tarde o temprano, en los mismos tabernáculos que poseyeron mientras vivían sobre la tierra. Será tal como Ezequiel lo ha descrito: hueso vendrá a su hueso, y la carne y los tendones cubrirán el esqueleto, y al mandato del Señor el aliento entrará en el cuerpo, y muchos de nosotros apareceremos, para asombro de nosotros mismos. (Deseret News, 31 de diciembre de 1876.)

El presidente Joseph F. Smith, en un discurso pronunciado el 20 de enero de 1895, dijo esto:

Entonces todos los cuerpos que yacen en el sepulcro serán llamados; no todos en la primera resurrección, ni en la mañana de la primera resurrección, sino algunos quizá en la última resurrección; y cada alma será requerida a comparecer ante el tribunal de Dios y ser juzgada según las obras hechas en el cuerpo. Si sus obras han sido buenas, entonces recibe la recompensa del bien obrar. Si malas, entonces será desterrado de la presencia del Señor. Sin embargo, es un ser inmortal, porque posee su cuerpo resucitado. Toda criatura que nace a imagen de Dios será resucitada de entre los muertos, tan ciertamente como muere; pueden escribir eso si desean, y jamás olvidarlo, jamás permitan tener incredulidad al respecto: “Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados”. (1 Corintios 15:22.)

No importa si hemos hecho bien o mal, si hemos sido inteligentes o ignorantes, o si hemos sido siervos, esclavos o libres, todos los hombres serán levantados de los muertos; y, según lo entiendo, cuando sean levantados de los muertos se convierten en seres inmortales, y ya no sufrirán más la separación del espíritu y el cuerpo. (Improvement Era, Vol. 19, p. 386.)

En un discurso en la conferencia celebrada el 7 de abril de 1844, el profeta José Smith hizo las siguientes observaciones sobre la resurrección:

Se han hecho comentarios acerca de que todos los hombres son redimidos del infierno; pero yo digo que aquellos que pecan contra el Espíritu Santo no pueden ser perdonados en este mundo ni en el mundo venidero: ellos morirán la segunda muerte. Aquellos que cometen el pecado imperdonable están condenados a Gnolom, a morar en el infierno por mundos sin fin. Así como traman escenas de derramamiento de sangre en este mundo, así se levantarán a la resurrección que es como el lago de fuego y azufre. Algunos se levantarán al ardor eterno de Dios; porque Dios mora en fuegos eternos; y algunos se levantarán a la condenación de su propia inmundicia, la cual es un tormento tan exquisito como el lago de fuego y azufre. (D.H.C., Vol. 6, p. 317.)