Respuestas a Preguntas del Evangelio: Volumen 1

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La visión del Profeta sobre
la salvación de los muertos


Pregunta: “Tengo una pregunta concerniente a la visión del reino celestial dada a José Smith, tal como está registrada en el volumen dos de la D.H.C., página 380, la cual es la siguiente:

“ ‘Todos los que han muerto sin un conocimiento de este evangelio, quienes lo habrían recibido si se les hubiese permitido permanecer, serán herederos del reino celestial de Dios; asimismo todos los que de aquí en adelante mueran sin un conocimiento de él, quienes lo habrían recibido con todo su corazón, serán herederos de ese reino, porque yo, el Señor, juzgaré a todos los hombres según sus obras, según el deseo de sus corazones.’

“Sabiendo que el bautismo es esencial para entrar en el reino de los cielos, supongo que se entiende que aquellos que mueren sin un conocimiento del evangelio tendrán que recibir el bautismo, vicariamente, antes de poder heredar el reino; pero ¿no tendrán también aquellos que murieron en ignorancia que recibir la enseñanza del evangelio y recibir su recompensa de acuerdo con cuán sinceramente acepten a Cristo y Sus enseñanzas, o serán recompensados conforme a las cosas que habrían hecho en la tierra si hubiesen tenido la oportunidad de hacerlas? Parece que esto último es lo que implica la revelación.”

Respuesta: Esta revelación es una de las primeras que anticipan la salvación de los muertos. Fue dada en el Templo de Kirtland bajo las siguientes circunstancias: La Primera Presidencia y algunos otros se reunieron en el Templo de Kirtland para atender algunas ordenanzas, cuando los cielos se abrieron ante ellos y el Profeta contempló el reino celestial y vio a su padre, a su madre y a su hermano Alvin, quien había muerto antes de la restauración del evangelio, en ese reino. Él se maravilló de esto, ya que Alvin había muerto antes de que el sacerdocio fuese restaurado y la Iglesia organizada y, por lo tanto, no había sido bautizado. Entonces vino la voz declarando las palabras previamente citadas. Esto ocurrió el 21 de enero de 1836.

Más tarde, en octubre de 1840, el Profeta escribió una epístola a los Doce que estaban en Gran Bretaña, en la cual les predicó el bautismo por los muertos. En esta epístola dijo:

Primeramente mencioné esta doctrina en público al predicar el sermón fúnebre del hermano Seymour Brunson; y desde entonces he dado instrucciones generales en la Iglesia sobre este asunto. Los santos tienen el privilegio de ser bautizados por aquellos de sus parientes que han muerto, de quienes creen que habrían aceptado el evangelio si hubiesen tenido el privilegio de escucharlo, y quienes han recibido el evangelio en el espíritu, mediante la ministración de aquellos que han sido comisionados para predicarles mientras están en prisión.

Sin ampliar más el tema, sin duda verán su consistencia y razonabilidad; y presenta el evangelio de Cristo probablemente en una escala más amplia de lo que algunos han imaginado.(D.H.C., Vol. 4, p. 231.)

REVELACIONES SOBRE EL BAUTISMO POR LOS MUERTOS

Desde ese momento en adelante, el tema del bautismo y la salvación por los muertos fue uno de los temas favoritos del Profeta, en el cual declaró que solamente mediante el bautismo podían obtener la salvación en el reino celestial tanto los vivos como los muertos. En septiembre de 1842 escribió por revelación las dos importantes cartas sobre la salvación de los muertos y la necesidad de un registrador que llevase un registro completo de cada ordenanza realizada de esta manera. Estas aparecen como las secciones 127 y 128 de Doctrina y Convenios.

El Salvador dijo a Nicodemo: “El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Nicodemo no entendió esto; por lo tanto, el Señor repitió: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.”(Juan 3:3, 5.)

El bautismo, por consiguiente, tanto por agua como por confirmación, bajo las manos de alguien que posee autoridad divina para oficiar en estas ordenanzas, es un requisito impuesto a toda persona lo suficientemente mayor como para ser responsable ante el Señor. La visión dada al Profeta en el Templo de Kirtland en 1836 era una representación de lo que sería, no de lo que ya había ocurrido, pues su padre y su madre aún vivían. Debido a que Alvin había aceptado y aprobado la misión dada a su hermano menor José, pero fue quitado antes de que hubiese oportunidad de que fuese bautizado, el Señor indicó que él, mediante las ordenanzas vicarias del evangelio cuando fuesen efectuadas por él, tenía derecho a todas las bendiciones de la exaltación que habría recibido si hubiese vivido para obtenerlas personalmente.

En su justicia, nuestro Padre Eterno concede a todos aquellos que habrían recibido el evangelio si ese privilegio hubiese llegado a ellos, las mismas bendiciones que reciben los fieles que viven. Esto se realiza mediante la obra vicaria en los templos del Señor.