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Juegos de cartas y juegos de azar
Pregunta: “Desde hace algún tiempo he tenido una pregunta muy seria en mi mente. Es con respecto al juego de cartas. ¿Es un pecado jugar cartas o unirse a clubes de cartas? Soy un misionero retornado y he pensado que nada bueno proviene de jugar juegos de cartas y unirse a clubes de cartas. Algunos de mis amigos piensan que soy muy tonto por mantener tal creencia, pero aun así no deseo unirme a ellos en hacer tal cosa si se considera incorrecta y no aprobada por la Iglesia.”
Nada bueno proviene de los juegos de cartas o de los juegos de azar. Existen numerosas maneras en las cuales podemos obtener diversión y recreación sanas que son beneficiosas tanto para el cuerpo como para la mente. En los juegos donde se usan cartas, generalmente se juega por “apuestas”, y se realizan apuestas de dinero. Alguien obtendrá las “apuestas”, pero nadie realmente gana, porque quien obtiene las “apuestas” ha perdido parte de su hombría, la cual es difícil de recuperar. Parece existir un impulso en la naturaleza humana que lleva a muchos hombres y mujeres a procurar obtener algo por nada, y muchos han arriesgado el fruto de su arduo trabajo sobre el altar del azar, esperando ganar una fortuna que no han ganado. Hay un atractivo en todos los juegos de azar que Satanás coloca delante de ellos, y en su codicia o deseo egoísta de ganancia toman el incierto anzuelo mucho menos inocentemente que un pez que muerde el anzuelo del pescador.
Las cartas estándar de juego se usan regularmente en juegos de apuestas. Se encuentran en lugares dudosos y guaridas de juego. Los jóvenes que han aprendido a jugar estos juegos en sus propios hogares o en clubes de cartas con intención inocente, con demasiada frecuencia son atraídos a lugares cuestionables donde prevalece el juego. Tales juegos de azar generalmente están asociados con cigarrillos y cerveza, y aquellos que se entregan a las cartas también adquieren los males del tabaco y la bebida. El juego de cartas se convierte en un hábito tanto como el fumar y el beber. Recuerdo a un vecino mío que en sus primeros años era adicto al juego. Más adelante en su vida se arrepintió y se unió a la Iglesia. Un día, ante un grupo del cual yo era miembro, impresionó enfáticamente en nuestras mentes el hecho de que el juego es una enfermedad que se aferra a quienes lo practican tan tenazmente que rara vez lo abandonan. Su influencia sobre el carácter es exactamente la misma que el uso del tabaco y las bebidas fuertes. Él aconsejó a todos evitar todo juego de cartas y juegos de azar para que el hábito no llegara a destruirlos.
DESAPROBADOS POR LAS AUTORIDADES
El juego de cartas y todos los demás juegos de azar deben evitarse como la puerta de la destrucción. Todas esas prácticas han sido desaprobadas por las Autoridades de la Iglesia desde el comienzo de nuestra historia. Cuando el Batallón Mormón fue llamado al servicio del país, el presidente Brigham Young se dirigió a los voluntarios y dijo que deseaba que demostraran ser los mejores soldados al servicio de los Estados Unidos. Amonestó a los capitanes a ser padres para los hombres de sus compañías y a dirigir a los oficiales y soldados por el poder del sacerdocio. Debían mantenerse limpios, enseñar castidad y gentileza. No debía haber blasfemias, y ningún hombre debía ser insultado. Debían evitar contiendas con los habitantes de Misuri —sus enemigos— y con todas las demás personas. Debían llevar sus Biblias y ejemplares del Libro de Mormón y estudiarlos, pero no imponer sus creencias a los demás. Debían evitar el juego de cartas, y si llevaban cartas consigo, debían quemarlas. Si seguían estas instrucciones, les prometió que no serían llamados a derramar la sangre de sus semejantes.
El presidente Joseph F. Smith ha dado este sano consejo:
Aunque un simple juego de cartas en sí mismo pueda ser inofensivo, es un hecho que, mediante la repetición desmedida, termina en una fascinación por los juegos de azar, en hábitos de exceso, en desperdicio de tiempo precioso, en el embotamiento y estupor de la mente, y en la completa destrucción del sentimiento religioso. Estos son resultados graves, males que deben y tienen que ser evitados por los Santos de los Últimos Días. Además, existe un grave peligro que acecha en el persistente juego de cartas, el cual engendra el espíritu de juego, de especulación y despierta el peligroso deseo de obtener algo por nada. (Gospel Doctrine, pág. 412.)
El juego de cartas es un placer excesivo; es intoxicante y, por lo tanto, de la naturaleza de un vicio. Naturalmente es compañero del cigarrillo y de la copa de vino, y esto último conduce a la sala de billar y al salón de apuestas. Pocos hombres y mujeres se entregan al peligroso pasatiempo de la mesa de cartas sin comprometer sus asuntos de negocios y las responsabilidades más elevadas de la vida. Dime qué entretenimientos prefieres y si tus diversiones han sido una pasión dominante en tu vida, y te diré quién eres. Pocos se entregan frecuentemente al juego de cartas sin que en sus vidas llegue a convertirse en una pasión dominante. (Juvenile Instructor, Vol. 38, pág. 529.)
El Señor dijo:
“El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.
Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.
Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.” (Mateo 12:35-37.)
Si esto es cierto respecto a las palabras ociosas, ¿no podemos decir que los actos ociosos empleados en prácticas malas merecerán la misma recompensa?
EL SEÑOR APRUEBA EL ENTRETENIMIENTO SANO
Esto no significa que el Señor desapruebe la diversión inocente y el tiempo dedicado a juegos sanos. El cuerpo humano necesita relajación, y esto puede obtenerse de una manera legítima. Con este propósito, en parte, se han organizado las Asociaciones de Mejoramiento Mutuo, donde pueden enseñarse formas apropiadas de diversión y entretenimiento, y por ese medio fortalecer el cuerpo y avivar y desarrollar la mente. En una de las horas más oscuras de la historia de la Iglesia, cuando los agotados miembros cruzaban las llanuras habiendo sido expulsados de sus hogares, el Señor, por medio del presidente Brigham Young, les dijo:
“Si estás alegre, alaba al Señor con cantos, con música, con danza y con una oración de alabanza y acción de gracias.
Si estás triste, invoca al Señor tu Dios con súplica, para que vuestras almas se llenen de gozo.” (D. y C. 136:28-29.)
El profeta José Smith participó en deportes varoniles en las pocas ocasiones que tuvo. El presidente Brigham Young y sus hermanos construyeron el Salt Lake Theatre y el Social Hall. El drama, la danza y otros entretenimientos fueron ofrecidos a los miembros de la Iglesia, y por este medio eran edificados y fortalecidos; todos esos entretenimientos comenzaban y terminaban con oración. Las organizaciones auxiliares fomentan competencias atléticas y deportes bajo adecuada supervisión y reglamentos. Se anima a nuestro pueblo, no se le restringe, en toda clase de recreación y entretenimiento necesarios; pero todas aquellas cosas que el mundo busca y que conducen al mal, tales como el juego de cartas, las rifas y el uso de máquinas de azar, son desaprobadas por ser destructivas de la moral y de la fe perdurable en aquello que es justo y verdadero.

























