Respuestas a Preguntas del Evangelio: Volumen 1

6
El Matrimonio del Cordero


Pregunta: “La Escritura en Apocalipsis 19:7 habla del matrimonio del Cordero. Esto ha confundido a una de mis investigadoras y he tratado mucho de encontrar una respuesta para ella. ¿Puede ayudarme?”

Respuesta: El pasaje de las Escrituras en cuestión es de naturaleza simbólica y no debe tomarse literalmente como un matrimonio entre un hombre y una mujer. El texto completo es esencial para nuestro correcto entendimiento y es el siguiente:

Y salió del trono una voz que decía: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis, así pequeños como grandes.

Y oí como la voz de una gran multitud, y como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: Aleluya, porque el Señor Dios Omnipotente reina.

Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque ha llegado el matrimonio del Cordero, y su esposa se ha preparado.

Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y blanco; porque el lino fino es la justicia de los santos.

Y él me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios. (D.H.C., Vol. 5, págs. 260-261; Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 275-276. Apocalipsis 19:5-9.)

UNA FIGURA RETÓRICA

Esta profecía del matrimonio del Cordero es una figura retórica que hace referencia a la segunda venida de nuestro Salvador y a la fiesta, o cena, que los justos recibirán en su venida. Al enseñar a los judíos, y más especialmente a sus discípulos, el Salvador habló del esposo al referirse a sí mismo. Tales referencias se encuentran en Mateo 9:15; Marcos 2:19-20, y en la historia de las diez vírgenes en Mateo 25.

En Apocalipsis, capítulo 21, la comparación se hace con un matrimonio del Cordero con la ciudad, la Nueva Jerusalén:

Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.

Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos y será su Dios.

Y vino a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete últimas plagas, y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero.

Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios,

teniendo la gloria de Dios; y su resplandor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal. (Ibíd., 21:2, 3, 9, 10, 11.)

LA SEGUNDA VENIDA DE NUESTRO SEÑOR

En Doctrina y Convenios, sección 109, versículos 73 y 74, encontramos lo siguiente:

Para que tu iglesia salga del desierto de tinieblas y resplandezca hermosa como la luna, clara como el sol y terrible como un ejército con estandartes;

y sea adornada como una esposa para aquel día en que revelarás los cielos y harás que las montañas fluyan ante tu presencia y los valles sean exaltados, y los lugares ásperos allanados; para que tu gloria llene la tierra.

La visión de Juan y la revelación dada a José Smith ambas hacen referencia al mismo acontecimiento: la segunda venida de nuestro Señor en su poder y gloria, para recibir a su Iglesia o reino, siendo la Nueva Jerusalén la ciudad capital de la Iglesia; y no hay diferencia en el significado ya sea que la referencia sea a la Iglesia o a la Nueva Jerusalén, porque los justos tendrán herencia en la Nueva Jerusalén. Por tanto, la esposa del Cordero es la organización de los justos que tienen herencia en la santa ciudad.