8
¿Por qué Jesús volvió a vivir?
Pregunta: “Mientras contaba la historia de la resurrección de Jesús, uno de los niños preguntó: ‘¿Por qué Jesús volvió a vivir?’ La única respuesta que pude darle fue que él era tan bueno que simplemente no podía permanecer muerto. He leído las escrituras sobre la crucifixión, pero no logro comprender completamente la razón de la necesidad de su muerte y cómo tenía poder sobre la muerte. ¿Podría explicármelo tal como se enseña en las escrituras?”
Respuesta: La muerte y resurrección de Jesucristo forman el fundamento mismo del plan de salvación. Son las doctrinas más fundamentales de todas las enseñanzas de las Escrituras. Es esencial que cada miembro de la Iglesia tenga una comprensión perfecta de la razón por la cual Jesús vino al mundo y de la naturaleza de su misión. La responsabilidad de esta instrucción recae principalmente sobre los padres, pero también es necesario que se enseñe en nuestras organizaciones auxiliares así como en las clases del sacerdocio.
El plan de salvación fue preparado antes de que se pusieran los cimientos de nuestra tierra. Entonces éramos los hijos espirituales de nuestro Padre Eterno. En el curso de nuestra progresión fue necesario que tuviéramos el privilegio de venir a esta tierra y aquí recibir nuestros cuerpos de carne y huesos y pasar por este período de mortalidad, donde estamos sujetos a todas las condiciones que encontramos en esta vida: placer y dolor, felicidad y tristeza, y ser probados y tentados para ver si seríamos fieles a nuestro Padre Eterno y guardaríamos sus mandamientos cuando no estuviéramos en su presencia, tal como los guardábamos cuando éramos espíritus viviendo en su presencia. Esta tierra es un estado probatorio, o un lugar preparado donde somos probados y se nos da el privilegio de andar por fe, para que podamos llegar a ser dignos de regresar a nuestro Padre para morar en su presencia y convertirnos en sus hijos e hijas eternos.
ADÁN Y EVA COMO LOS PRIMEROS PADRES
El gran honor de venir aquí y ser los primeros padres de toda la humanidad fue dado a Adán y Eva. Fueron colocados por el Padre en el Jardín de Edén, donde no había muerte. Adán y Eva, en la condición en la que se encontraban cuando fueron puestos en el Jardín de Edén, podrían haber vivido allí para siempre si no hubieran quebrantado una ley, pero habrían vivido solos y no habrían tenido hijos. (2 Nefi 2:22-25; Moisés 5:11.) El Señor les dijo que podían comer del fruto de todo árbol del jardín excepto del fruto del “árbol de la ciencia del bien y del mal”, y que si comían de ese fruto ciertamente morirían. Satanás los tentó y ellos comieron de ese fruto y quebrantaron este mandamiento. Al hacer esto, vino un cambio sobre sus cuerpos y quedaron sujetos a la muerte, tal como el Señor había dicho, y fueron expulsados del jardín. Después de ser expulsados, les nacieron hijos y se han multiplicado sobre toda la tierra. Todos los hijos heredaron la muerte de nuestros primeros padres, por lo tanto todos tendremos que morir como lo han hecho nuestros antepasados antes que nosotros.
Esto hizo necesario que algo se hiciera para redimirnos de la muerte y restaurarnos nuevamente a la vida donde no habría muerte, porque esta transgresión de Adán y Eva nos colocó a todos sujetos al poder de Satanás después de la muerte. El Señor nos ha dicho por medio de sus profetas que, si no se hubiera provisto algún remedio para restaurar la vida, nuestros espíritus quedarían sujetos a Satanás para siempre y él habría gobernado sobre nosotros mientras nuestros cuerpos habrían permanecido en la tumba eternamente. Tanto la justicia como la misericordia exigían que esta ley quebrantada que trajo la muerte tuviera que ser reparada para derrotar a Satanás y hacernos volver a recibir las misericordias de nuestro Padre Eterno.
REDENCIÓN DE LA MUERTE PREPARADA EN EL PLAN
Los medios provistos para nuestra redención de la muerte fueron preparados en el plan de salvación antes de que Adán y Eva fueran enviados a la tierra, y Jesucristo se ofreció voluntariamente para venir y expiar esta transgresión y así obtener la victoria sobre el diablo. Por lo tanto, él es llamado el “Cordero de Dios”, quien fue escogido para ser inmolado “desde la fundación del mundo”. (Apocalipsis 13:8; 1 Pedro 1:19.) La única manera en que esta expiación podía efectuarse era que Jesús, quien fue escogido para pagar la deuda a la justicia y a la misericordia y redimirnos del poder de Satanás, viniera al mundo con poder sobre la muerte, porque nadie que estuviera bajo la esclavitud de la muerte podría pagar la deuda y restaurarnos para vivir para siempre.
Jesús fue la única persona que vino a este mundo que tenía poder sobre la muerte, y teniendo ese gran poder, mediante el derramamiento de su sangre en la cruz pudo redimirnos y obtener el poder de la resurrección. Después de salir del sepulcro, tuvo todo poder para llamar a toda otra persona a salir de la tumba. Y después de que salió, al tercer día después de su crucifixión, abrió las tumbas de los santos justos que habían vivido desde los días de Adán hasta el tiempo de su crucifixión.
Él había declarado a Marta que él es la resurrección y la vida (Juan 11:25-26), y esto enseñó a sus discípulos. Jacob, el hermano de Nefi, nos ha dado una comprensión muy clara de la misión de Jesucristo y de cómo vino para redimirnos de la muerte y de Satanás. Esto se encuentra en el segundo libro de Nefi, capítulo nueve, el cual todos los que consideren lo que aquí se ha escrito deberían leer cuidadosamente. Él explica cómo habríamos sido ángeles para el diablo, sin la muerte y resurrección de Jesucristo, y ahora, gracias a las misericordias de nuestro Padre Celestial y de su amado Hijo Jesucristo, hemos escapado de las garras de este gran monstruo.
CRISTO RECIBIÓ VIDA DE SU PADRE
Es necesario decir una o dos palabras mostrando cómo fue posible que Jesucristo viniera y nos redimiera. Jesús no tuvo un padre según la carne, es decir, que fuera mortal y sujeto a la muerte. Nuestro Padre Eterno, a quien dirigimos nuestras oraciones, es el Padre del cuerpo de Jesucristo, y de su Padre heredó la vida, y la muerte siempre estuvo sujeta a él. Él tenía el poder de poner su vida, porque era el Hijo de María, quien era como nosotros, mortal, y tenía el poder de volver a tomar su vida porque ese poder estaba en él. En sus enseñanzas a los judíos y a sus discípulos les habló frecuentemente de este poder y de su misión. En una ocasión dijo:
Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre [Dios]. (Juan 5:26-27.)
Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar.
Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre. (Ibid., 10:17-18.)
Espero haber aclarado este asunto a todos los maestros de niños, porque deben tener la comprensión correcta de la doctrina de la resurrección y de cómo fuimos redimidos mediante el derramamiento de la sangre de Jesucristo.

























