Respuestas a Preguntas del Evangelio: Volumen 1

19
La Segunda Muerte


Pregunta: “Al enseñar una clase de teología surgió una pregunta sobre la cual nos gustaría recibir una respuesta, si es posible. Deseo enseñar solamente aquello que es verdadero. La pregunta se encuentra en el capítulo catorce de Helamán y se centra particularmente en los versículos 17 y 18 donde Samuel dice:

“‘Pero he aquí, la resurrección de Cristo redime al género humano, sí, a todo el género humano, y lo trae de nuevo a la presencia del Señor.

“‘Sí, y lleva a cabo la condición del arrepentimiento, de modo que quien se arrepiente no es cortado y echado al fuego; pero quien no se arrepiente es cortado y echado al fuego; y sobre ellos viene otra vez una muerte espiritual, sí, una segunda muerte, porque son separados nuevamente en cuanto a las cosas pertenecientes a la rectitud.’

“Ahora bien, a primera vista, esto transmite la idea de que Samuel se refiere a los hijos de perdición, y siguiendo la referencia cruzada a Alma 19:16, obtenemos la misma impresión de que la segunda muerte es una muerte eterna en cuanto a las cosas pertenecientes a la rectitud. También en Jacob 3:11: ‘Oh hermanos míos, escuchad mis palabras; despertad las facultades de vuestra alma; sacudíos para que despertéis del sueño de la muerte; y libraos de los dolores del infierno para que no lleguéis a ser ángeles del diablo, para ser arrojados a aquel lago de fuego y azufre que es la segunda muerte.’

“Un miembro de la clase explicó que esta segunda muerte, o muerte espiritual, significaba cualquiera que no alcanzara el reino celestial; en otras palabras, cualquiera que no recibiera nuevamente la presencia de Dios el Padre. Ahora bien, con esta idea todos los que van al reino telestial y terrestre, así como los hijos de perdición, sufren la segunda muerte. ¿O eran estas personas de quienes hablaron Alma, Jacob y Samuel tan malvadas y de naturaleza tan asesina que estaban a punto de caer bajo la misma maldición que el diablo y sus ángeles?”

Respuesta: Está muy claro en Doctrina y Convenios 76:30–37, que las únicas personas que serán completamente vencidas por este terrible destino son los hijos de perdición, quienes irán con el diablo y sus ángeles a las “tinieblas de afuera”. Todo el resto de la humanidad, aun los malvados, recibirá alguna medida de salvación después de sufrir la ira de Dios. Sin embargo, necesariamente serán llevados al arrepentimiento y a la aceptación del evangelio de Jesucristo hasta donde éste les corresponda. No se les darán las ordenanzas que no pertenezcan a sus reinos. Por la lectura de otros pasajes descubrimos que habrá grandes multitudes, que abarcarán la gran mayoría de la humanidad, quienes jamás tendrán el privilegio de volver a morar en la presencia del Padre y del Hijo. Éstos reciben destierro de su presencia, pero no quedan totalmente fuera de la bendición divina.

El Señor dijo en el Sermón del Monte:

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la destrucción, y muchos son los que entran por ella;

“Porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.” (Mateo 7:13–14.)

El Señor nos ha dado una definición de muerte espiritual (D. y C. 29:41–44.), la cual fue pronunciada sobre Adán y Eva después de su transgresión. Esta segunda muerte espiritual es sufrida por toda alma que no se haya arrepentido de sus pecados y obtenido la remisión mediante el bautismo en agua y el bautismo del Espíritu Santo por la imposición de manos. De éstos dijo el Señor:

“Y así yo, el Señor Dios, señalé al hombre los días de su probación, para que por su muerte natural fuese levantado a inmortalidad para vida eterna, sí, todos los que creyesen;

“Y los que no creen, para condenación eterna; porque no pueden ser redimidos de su caída espiritual, porque no se arrepienten.” (Ibid., vers. 43–44; cursiva añadida.)

TODOS DEBEN EVENTUALMENTE CONFESAR O SER DESTERRADOS

Llegará el tiempo cuando “toda rodilla se doblará ante mí, y toda lengua confesará a Dios” que Jesús es el Cristo (Romanos 14:11; cursiva añadida.), y todos los que sean dignos de un lugar en cualquiera de los reinos de gloria tendrán que aprender a obedecer las leyes divinas por las cuales serán gobernados. Todos los que se nieguen tendrán que ir con el diablo y sus ángeles a perdición. Este grupo estará compuesto por aquellos que han conocido la luz y han tenido un testimonio de la verdad y que han pecado contra la luz más allá del poder del arrepentimiento.

“Habiendo negado al Espíritu Santo después de haberlo recibido, y habiendo negado al Unigénito Hijo del Padre, crucificándolo para sí mismos y exponiéndolo a vituperio público.

“Éstos son los que irán al lago de fuego y azufre, con el diablo y sus ángeles—

“Y los únicos sobre quienes la segunda muerte tendrá poder;

“Sí, en verdad, los únicos que no serán redimidos a su debido tiempo por el Señor, después de sufrir su ira.” (D. y C. 76:35–38.)

“El cual glorifica al Padre y salva todas las obras de sus manos, excepto aquellos hijos de perdición que niegan al Hijo después que el Padre se lo ha revelado.

“Por tanto, él salva a todos excepto a ellos; éstos irán al castigo eterno, que es castigo sin fin, que es castigo eterno, para reinar con el diablo y sus ángeles en la eternidad, donde el gusano de ellos no muere y el fuego no se apaga, que es su tormento—

“Y el fin de ello, ni el lugar de ello, ni su tormento, ningún hombre lo sabe;

“Ni fue revelado, ni es, ni será revelado al hombre, excepto a aquellos que son hechos partícipes de ello.” (Ibid., vers. 43–46.)

Evidentemente muchos entre nosotros han cometido un terrible error, aunque no imperdonable, al pensar que los hijos de perdición serán muy pocos. Hemos oído decir a veces que serán tan pocos que probablemente podrían “contarse con los dedos de una mano”. No sabemos de dónde se originó esta idea. Por la lectura de las escrituras parece que habrá un gran número; demasiados aun si hubiera solamente uno, porque su castigo es sumamente severo sin lugar a duda.

Todos aquellos que están permanentemente sujetos a la segunda muerte son los que han tenido el testimonio del Espíritu Santo y han conocido la verdad y luego la han rechazado y expuesto a Cristo a vituperio público. De ellos leemos:

“Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo,

“Y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y de los poderes del mundo venidero,

“Y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndolo a vituperio público.” (Hebreos 6:4–6; cursiva añadida.)

DESTINO DE LOS NEFITAS QUE UNA VEZ CREYERON EN CRISTO

En relación con los nefitas mencionados por Jacob, Alma, Samuel y otros, debemos recordar que éstos fueron en un tiempo miembros de la Iglesia que se apartaron y negaron la verdad y lucharon para destruirla. No eran como las personas de las naciones gentiles que nunca recibieron la verdad. Estos nefitas habían recibido la luz, se rebelaron y luego intentaron destruirla. Después de la visita de nuestro Señor, tanto nefitas como lamanitas vivieron en unidad bajo la luz del evangelio por casi doscientos años. El Señor estableció su Iglesia en toda su plenitud entre ellos, y cuando comenzaron a rebelarse lo hicieron deliberadamente. Esto se indica claramente en las palabras de Mormón. Ellos tuvieron la guía de los doce nefitas, y tres de ellos permanecieron hasta que, debido a la extrema maldad del pueblo, el Señor no permitió que continuaran allí. La reprensión de Samuel hacia estos nefitas estaba plenamente justificada en su acusación y profecía de castigo.

“He aquí, estamos rodeados de demonios; sí, estamos cercados por los ángeles de aquel que ha procurado destruir nuestras almas. He aquí, nuestras iniquidades son grandes. Oh Señor, ¿no apartarás tu ira de nosotros? Y éste será vuestro lenguaje en aquellos días.

“Pero he aquí, vuestros días de probación han pasado; habéis postergado el día de vuestra salvación hasta que eternamente es demasiado tarde, y vuestra destrucción está asegurada; sí, porque habéis buscado todos los días de vuestra vida aquello que no podíais obtener; y habéis buscado felicidad haciendo iniquidad, lo cual es contrario a la naturaleza de aquella rectitud que existe en nuestra gran y Eterna Cabeza.” (Helamán 13:37–38.)

Y nuevamente las palabras de Mormón:

“Y aconteció que cuando yo, Mormón, vi su lamentación y su duelo y su tristeza delante del Señor, mi corazón empezó a regocijarse dentro de mí, conociendo las misericordias y la longanimidad del Señor, suponiendo por tanto que él tendría misericordia de ellos y que nuevamente llegarían a ser un pueblo justo.

“Pero he aquí, este mi gozo fue vano, porque su tristeza no era para arrepentimiento, a causa de la bondad de Dios; sino que era más bien la tristeza de los condenados, porque el Señor no siempre les permitiría hallar felicidad en el pecado.” (Mormón 2:12–13.)

HABITANTES DE LAS GLORIAS TELESTIAL Y TERRESTRE

Aquellos que nunca reciben el Espíritu Santo y entran en los reinos telestial y terrestre no están completamente excluidos de la influencia de Dios nuestro Padre. Se nos informa que los habitantes del reino telestial, el cual será un reino con cierta medida de gloria, recibirán ministración de aquellos del reino terrestre. Ellos sufrirán la ira de Dios en la tierra y después de la muerte hasta que hayan pagado el precio de sus pecados y aprendido a obedecer la ley. El registro dice de ellos:

“Éstos son los que no recibieron el evangelio de Cristo ni el testimonio de Jesús.

“Éstos son los que son arrojados al infierno.

“Éstos son los que no serán redimidos del diablo sino hasta la última resurrección, hasta que el Señor, sí, Cristo el Cordero, haya terminado su obra.

“Éstos son los que no reciben de su plenitud en el mundo eterno, sino del Espíritu Santo mediante la ministración de los terrestres.

“Éstos son los mentirosos, hechiceros, adúlteros y fornicarios, y todo aquel que ama y hace mentira.

“Éstos son los que sufren la ira de Dios en la tierra.

“Éstos son los que sufren la venganza del fuego eterno.

“Éstos son los que son arrojados al infierno y sufren la ira del Dios Todopoderoso, hasta la dispensación del cumplimiento de los tiempos, cuando Cristo haya sujetado a todos los enemigos debajo de sus pies y haya perfeccionado su obra.” (D. y C. 76:82, 84–86, 103–106.)

Aquellos que fueron hombres honorables y a quienes se les permitirá entrar al reino terrestre serán bendecidos con ministraciones del reino celestial. Tendrán el privilegio de recibir visitaciones de Jesucristo, pero les será negada la presencia del Padre. Así aprendemos que nuestro Padre Eterno hará todo lo que pueda por los habitantes de la tierra según sus obras. Los habitantes de los reinos telestial y terrestre recibirán una medida de salvación, pero no la plenitud. Serán redimidos del poder de Satanás después de haber pagado la pena de sus transgresiones y aprendido a obedecer la ley divina.

“Pero he aquí, y vimos la gloria y los habitantes del mundo telestial, que eran tan innumerables como las estrellas del firmamento del cielo, o como la arena a la orilla del mar;

“Y oímos la voz del Señor que decía: Todos éstos doblarán la rodilla, y toda lengua confesará a aquel que se sienta sobre el trono para siempre jamás;

“Porque serán juzgados según sus obras, y cada hombre recibirá conforme a sus propias obras, su propio dominio, en las mansiones que están preparadas;

“Y serán siervos del Altísimo; pero donde Dios y Cristo moran no podrán venir, por los siglos de los siglos.” (Ibid., 76:109–112.)