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La ley divina de los testigos
Pregunta: “Si las planchas de las cuales se tradujo el Libro de Mormón fueran devueltas y sacadas a la luz para ser examinadas, ¿no sería más fácil convertir al resto del mundo a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días?”
Respuesta: Preguntas de esta naturaleza se hacen con frecuencia. Muchos turistas que visitan los terrenos del templo preguntan por qué las planchas del Libro de Mormón fueron devueltas al ángel, y dicen: “Si fueran colocadas en algún museo o archivo para el depósito de manuscritos raros y pudieran ser examinadas por eruditos, el testimonio proveniente de tal fuente convertiría al mundo entero”. Cuando se les informa que una gran parte de las planchas estaba sellada y que el Señor no permitió que fueran traducidas en este tiempo porque el mundo no está preparado para recibir lo que está escrito, el interrogador se aleja con una sonrisa incrédula o una mirada de suficiencia, sintiendo que ha asestado un golpe vital contra la veracidad de la historia del Libro de Mormón. El simple hecho es, sin embargo, que los caminos y pensamientos del Señor no son los caminos y pensamientos de los hombres.(Isaías 55:8-9.)(Isaías 55:8-9.)
En el Libro de Mormón queda muy claro que éste viene al mundo con suficientes testigos. Los registros sobre las planchas son sagrados; una gran parte de ellos no ha sido revelada porque aun los miembros de la Iglesia no están preparados para recibir lo que está escrito. Además, el plan del Señor es revelar su palabra por boca de testigos escogidos. Él hizo que Nefi escribiera respecto a la publicación del Libro de Mormón que Él, el Señor, levantaría a tres testigos especiales, quienes contemplarían las planchas por el poder de Dios.
Por tanto, en aquel día en que el libro sea entregado al hombre del cual he hablado, el libro será escondido de los ojos del mundo, de modo que los ojos de nadie lo verán, salvo que tres testigos lo contemplarán, por el poder de Dios, además de aquel a quien el libro será entregado; y ellos testificarán de la verdad del libro y de las cosas que contiene.
Y no habrá otros que lo vean, salvo unos pocos según la voluntad de Dios, para dar testimonio de su palabra a los hijos de los hombres; porque el Señor Dios ha dicho que las obras de los fieles hablarían como si fuera desde los muertos.
Por tanto, el Señor Dios procederá a sacar a luz las palabras del libro; y por boca de cuantos testigos le parezca bien establecerá su palabra; ¡y ay de aquel que rechace la palabra de Dios!(2 Nefi 27:12-14.)
EL CORAZÓN DE LOS HOMBRES NO ERA SUSCEPTIBLE A LA VERDAD
A José Smith le fue prohibido romper los sellos de la porción de las planchas que contiene las profecías del hermano de Jared(Eter 5.) porque el corazón de la gente no era susceptible a la verdad divina que el registro contenía. Por lo tanto, esta porción del registro debía permanecer sellada—
Porque el Señor me dijo: No saldrán a los gentiles hasta el día en que se arrepientan de su iniquidad y se vuelvan limpios delante del Señor.
Y en aquel día en que ejerzan fe en mí, dice el Señor, así como el hermano de Jared lo hizo, para que sean santificados en mí, entonces les manifestaré las cosas que vio el hermano de Jared, hasta desplegar ante ellos todas mis revelaciones, dice Jesucristo, el Hijo de Dios, el Padre de los cielos y de la tierra y de todas las cosas que en ellos hay.(Ibid., 4:6-7.)
El Señor no podía poner en manos de hombres impíos un registro sagrado que contiene información muy adelantada al pensamiento de un mundo crítico e incrédulo. Además, se nos informa que el Libro de Mormón, tal como ha llegado a nosotros, contiene la “parte menor de las cosas que él [Jesús] enseñó al pueblo”, y Mormón escribió:
. . . las he escrito con el fin de que sean traídas nuevamente a este pueblo, desde los gentiles, según las palabras que Jesús ha hablado.
Y cuando hayan recibido esto, lo cual conviene que tengan primero para probar su fe, y si acontece que creen estas cosas, entonces les serán manifestadas las cosas mayores.
Y si acontece que no creen estas cosas, entonces las cosas mayores les serán retenidas para su condenación.
He aquí, yo estaba a punto de escribir todas las cosas que estaban grabadas sobre las planchas de Nefi, pero el Señor lo prohibió, diciendo: Probaré la fe de mi pueblo.
Por tanto, yo, Mormón, escribo las cosas que me han sido mandadas por el Señor. Y ahora yo, Mormón, pongo fin a mis palabras y procedo a escribir las cosas que me han sido mandadas.(3 Nefi 26:8-12.)
LA LEY DE LOS TESTIGOS EN EL ANTIGUO ISRAEL
La ley dada a Israel desde el principio fue que por boca de dos o tres testigos toda cosa sería establecida. Los judíos cuestionaron a Jesús basando su acusación contra él en esta ley:
Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es verdadero.
Respondió Jesús y les dijo: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero; porque sé de dónde vine y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo ni a dónde voy.
Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie.
Y aun si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no estoy solo, sino yo y el Padre que me envió.
Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero.
Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí.
Entonces le dijeron: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni a mí me conocéis, ni a mi Padre; si me conocierais, también conoceríais a mi Padre.(Juan 8:12-19.)
Aquí el Salvador llama la atención a la ley divina de los testigos. En innumerables ocasiones había demostrado que él es el Hijo de Dios y el Redentor del mundo. En muchas ocasiones su Padre también dio testimonio de que él es el Unigénito Hijo de Dios: una vez en el bautismo de Jesús, nuevamente a los tres apóstoles en el Monte de la Transfiguración, y una vez más en presencia de un grupo cuando el Señor oró a su Padre.(Mateo 17:1-13; Marcos 9:2-13; Lucas 9:28-36.) Además, el Padre testificó de él en el momento de su nacimiento mediante una gloriosa apertura de los cielos cuando los ángeles cantaron y apareció una nueva estrella.
El Señor habla por medio de sus testigos designados, sobre quienes ha conferido poder divino, y no concediendo documentos para ser examinados por hombres incrédulos. Sin duda, para muchos de aquellos que no comprenden la manera de obrar del Señor, parece un argumento muy plausible y comprensible decir: “¡Qué fácil sería para ustedes probar al mundo la veracidad del Libro de Mormón sometiendo las planchas a un examen experto! Si ellos determinaran que estas planchas son genuinas, su testimonio les ayudaría a convencer al mundo”.
LAS SEÑALES TANGIBLES NO CONVIERTEN
Sin embargo, éste es el argumento de los necios. ¿Cuál habría sido el resultado si las planchas hubieran sido puestas en manos de expertos lingüistas? Habrían discutido y contendiendo entre ellos. Entonces, ¿cómo podría el Señor poner en sus manos registros que son retenidos del mundo debido a la dureza de sus corazones y su incredulidad? Las cosas del reino de Dios que son tan maravillosas, como lo son estos registros sellados, no serían entendidas y, por lo tanto, no serían creídas. Si solamente las mentes puras pudieran comprenderlas, ¿cómo podrían los ojos impuros de los críticos eruditos entenderlas? Tales críticos las condenarían porque fueron escritas en un idioma que estaba “sellado” y que ningún hombre puede leer hasta que el Señor le conceda, en su debido tiempo, el poder para romper el sello. Si fueran entregadas a los eruditos, ellos no podrían valorarlas, y aun los miembros de la Iglesia las rechazarían. Demasiados miembros de la Iglesia hoy en día, por no mencionar a quienes no son miembros, no prestan atención a estas “cosas menores” que han sido dadas para probar nuestra fe.(3 Nefi 26:7-12.)
¿Por qué estos críticos que demandan que las planchas del Libro de Mormón sean presentadas para un examen crítico no levantan sus voces condenando a nuestro Señor porque después de su resurrección apareció solamente a sus discípulos y no al mundo? La lógica de su argumento debería ser que Jesús, después de su resurrección, debería haber aparecido primero a Pilato y haberle dicho: “Aquí estoy; examina las heridas de mis manos, pies y costado. ¿No te dije que yo era el Hijo de Dios y que resucitaría?” ¿Por qué no fue al Sanedrín reunido y apareció allí ante el sumo sacerdote y aquel augusto cuerpo y les dijo: “Me azotasteis, escupisteis sobre mí y me entregasteis para ser crucificado porque os dije que volvería a vivir. ¡Ahora ved que lo que dije se ha cumplido!” Esto no lo hizo. Pero apareció a sus discípulos: unos pocos pescadores humildes y unas cuantas mujeres que creían en él.
Esta observación burlona que implica que José Smith no tenía las planchas porque no las mostró al mundo ni permitió que eruditos arrogantes las examinaran, no proviene de labios de hombres sabios e inteligentes. ¡Sí! ¡Qué fácil sería para el Señor enviar a sus huestes de ángeles clamando en los cielos a toda la humanidad, llamándolos a aceptar su evangelio! ¡Cuánto sufrimiento aliviaría! ¡Cuántos días y años de trabajo ahorraría a sus defensores y mensajeros mortales!
Si él predicara su evangelio de esta manera, ¿a quién salvaría? Los hombres deben andar por fe y con humildad, buscando del Señor el conocimiento del evangelio que salva. El Señor declara su palabra por medio de sus testigos escogidos, y ¡ay de aquellos que luchan contra su verdad y exponen su obra a la vergüenza pública!

























