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La Resurrección Perfecta
Pregunta: “¿Cuál será el estado de la humanidad en la resurrección? Esta pregunta surgió al discutir la resurrección del Salvador. Él apareció a sus discípulos con las heridas en sus manos, pies y costado. Cuando salgamos en la resurrección, ¿permanecerán las cicatrices terrenales que recibimos y las deformidades? Si perdemos una parte del cuerpo, como una mano, brazo o pierna, ¿seremos restaurados íntegramente?
Respuesta: Un poco de razonamiento sensato nos revelará que sería inconsistente que nuestros cuerpos fueran levantados con toda clase de imperfecciones. Algunos hombres han sido quemados en la hoguera por causa de la verdad. Algunos han sido decapitados, y otros han tenido sus cuerpos despedazados; por ejemplo, Juan el Bautista fue decapitado y recibió su resurrección en el tiempo de la resurrección de nuestro Redentor. Es imposible pensar que él salió de entre los muertos sosteniendo su cabeza en sus manos; nuestra razón nos dice que fue físicamente completo en la resurrección. Él apareció al profeta José Smith y a Oliver Cowdery con un cuerpo resucitado perfecto. Cuando salgamos de entre los muertos, nuestros espíritus y cuerpos serán reunidos inseparablemente, para nunca más ser divididos, y entonces serán asignados al reino al cual pertenecen. Todas las deformidades e imperfecciones serán removidas, y el cuerpo se conformará a la semejanza del espíritu, porque el Señor reveló que “lo que es espiritual” es “a semejanza de lo que es temporal; y lo que es temporal a semejanza de lo que es espiritual; el espíritu del hombre a semejanza de su persona, así como también el espíritu de la bestia y de toda otra criatura que Dios ha creado”. (D. y C. 77:2.)
AMULEK ENSEÑÓ LA RESURRECCIÓN PERFECTA
El profeta Amulek declaró el caso muy claramente con estas palabras:
Ahora bien, hay una muerte que se llama muerte temporal; y la muerte de Cristo soltará las ligaduras de esta muerte temporal. . . .
El espíritu y el cuerpo serán reunidos otra vez en su forma perfecta; tanto el miembro como la coyuntura serán restaurados a su propia estructura, así como estamos ahora en este tiempo; y seremos llevados a comparecer ante Dios, sabiendo así como ahora sabemos, y tendremos un brillante recuerdo de toda nuestra culpa.
Ahora bien, esta restauración vendrá a todos, tanto viejos como jóvenes, tanto esclavos como libres . . . tanto los inicuos como los justos; y ni un cabello de sus cabezas se perderá; sino que todas las cosas serán restauradas a su propia y perfecta estructura, tal como es ahora, o en el cuerpo, y serán llevados y comparecerán ante el tribunal de Cristo el Hijo, y Dios el Padre, y el Espíritu Santo, que es un Dios Eterno, para ser juzgados según sus obras, sean buenas o sean malas.
Ahora bien, he hablado a vosotros concerniente a la muerte del cuerpo mortal, y también concerniente a la resurrección del cuerpo mortal. Os digo que este cuerpo mortal es levantado a un cuerpo inmortal, es decir, de la muerte, aun de la primera muerte, a vida, para no morir más; sus espíritus uniéndose con sus cuerpos, para nunca más ser divididos; así el todo llega a ser espiritual e inmortal, para nunca más ver corrupción. (Alma 11:42–45.)
Alma testifica de esta misma verdad hablando de la resurrección de nuestro Señor, la cual le dará poder para llamar a todos los muertos. Él dice:
Sí, esto lleva a cabo la restauración de aquellas cosas de las cuales se ha hablado por boca de los profetas.
El alma será restaurada al cuerpo, y el cuerpo al alma; sí, y cada miembro y coyuntura serán restaurados a su cuerpo; sí, ni un cabello de la cabeza se perderá; sino que todas las cosas serán restauradas a su propia y perfecta estructura. (Ibíd., 40:22–23.)
LAS MARCAS DE LOS CLAVOS
No debemos juzgar la resurrección de los demás por la resurrección de Jesucristo. Es cierto que Él apareció a sus discípulos y los invitó a examinar las marcas de los clavos en sus manos, su costado y sus pies, pero esta fue una manifestación especial para ellos. Debemos saber que los discípulos no habían comprendido que Él iba a resucitar nuevamente, y esta manifestación fue para beneficio de ellos. Tomás estaba ausente, y fue con cierta dificultad que los otros discípulos pudieron convencerlo de que el Señor había resucitado. Tomás no era peor que cualquiera de los otros apóstoles. Tal vez ellos habrían hecho exactamente lo que él hizo si hubiesen estado ausentes. El Señor les dijo a ellos, y después a él:
“He aquí mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo.” (Lucas 24:39; véase también Juan 20:27.)
Cuando el Salvador venga a los judíos en la hora de su angustia, como está registrado en Doctrina y Convenios, sección 45, versículos 51 al 53, Él les mostrará las heridas en sus manos y en sus pies.
“Y entonces los judíos me mirarán y dirán: ¿Qué heridas son estas en tus manos y en tus pies?
“Entonces sabrán que yo soy el Señor; porque les diré: Estas heridas son las heridas con que fui herido en la casa de mis amigos. Yo soy el que fue levantado. Yo soy Jesús que fue crucificado. Yo soy el Hijo de Dios.
“Y entonces llorarán a causa de sus iniquidades; entonces lamentarán haber perseguido a su rey.”
El profeta Zacarías también ha profetizado de la segunda venida del Salvador y de su aparición a los judíos cuando ellos huirán de sus enemigos y el monte de los Olivos se partirá en dos formando un valle en el cual buscarán refugio. En ese momento particular Él aparecerá y ellos dirán: “¿Qué heridas son estas en tus manos?” Entonces Él responderá: “Con ellas fui herido en la casa de mis amigos.” (Zacarías 13:6.) Entonces ellos se lamentarán, cada familia aparte, porque habían rechazado a su Señor.
Es cierto que Él también mostró estas heridas a los nefitas cuando los visitó, con el mismo propósito en mente: convencerlos de su identidad y darles un testimonio de su sufrimiento. Difícilmente puede aceptarse como un hecho que estas heridas hayan permanecido en sus manos, costado y pies a través de los siglos desde el tiempo de su crucifixión y que permanecerán hasta su segunda venida; pero aparecerán a los judíos como un testimonio contra sus padres y su obstinación al seguir las enseñanzas de sus padres. Después de su lloro y lamentación, ellos serán limpiados.

























