Respuestas a Preguntas del Evangelio: Volumen 1

21
La Santa Cena y
el perdón de los pecados


Pregunta: “¿Podría por favor responder esta pregunta: El participar de la Santa Cena, ¿perdona a una persona sus pecados?”

Respuesta: El perdón de los pecados viene por medio de la fe y el arrepentimiento sincero. Si un miembro de la Iglesia ha cometido pecado, el procedimiento correcto es el arrepentimiento y un deseo sincero de corregir el mal. Si hemos ofendido a un hermano o hermana, debemos ir a la persona perjudicada y confesar nuestro pecado y hacer restitución. Si es un pecado contra la Iglesia, debemos confesarlo ante la Iglesia y buscar el perdón. Está escrito:

“Y si él o ella cometiere cualquier clase de iniquidad, él o ella será entregado a la ley, sí, la ley de Dios.

“Y si tu hermano o hermana te ofendiere, lo tomarás entre él o ella y tú solos; y si él o ella confiesa, os reconciliaréis.

“Y si él o ella no confesare, lo entregarás a la iglesia, no a los miembros, sino a los élderes. Y esto se hará en una reunión, y no delante del mundo.

“Y si tu hermano o hermana ofendiere a muchos, él o ella será castigado delante de muchos.

“Y si alguno ofendiere abiertamente, él o ella será reprendido abiertamente, para que sienta vergüenza. Y si él o ella no confesare, será entregado a la ley de Dios.

“Si alguno ofendiere en secreto, él o ella será reprendido en secreto, para que tenga oportunidad de confesar en secreto a aquel o aquella a quien haya ofendido, y a Dios, para que la Iglesia no hable reprochablemente de él o ella.” (D. y C. 42:87–92.)

El Señor también nos ha instruido de la siguiente manera:

“Darás gracias al Señor tu Dios en todas las cosas.

“Ofrecerás un sacrificio al Señor tu Dios en rectitud, sí, el de un corazón quebrantado y un espíritu contrito.

“Y para que puedas conservarte más completamente sin mancha del mundo, irás a la casa de oración y ofrecerás tus sacramentos en mi día santo;

“Porque de cierto éste es un día señalado para vosotros para descansar de vuestros trabajos y rendir vuestras devociones al Altísimo;

“No obstante, tus votos serán ofrecidos en rectitud todos los días y en todo tiempo;

“Pero recuerda que en este día, el día del Señor, ofrecerás tus ofrendas y tus sacramentos al Altísimo, confesando tus pecados a tus hermanos y delante del Señor.” (Ibid., 59:7–12.)

LA SANTA CENA ES UNA ORDENANZA SUMAMENTE SAGRADA

Participar de la Santa Cena es una de las ordenanzas más sagradas dadas a la Iglesia. Se da para que podamos ser llevados a una comunión más estrecha con el Espíritu del Señor y así renovar tres convenios sumamente sagrados. Éstos son: primero, que tomaremos sobre nosotros el nombre de Jesucristo; segundo, que siempre nos acordaremos de Él; tercero, que siempre guardaremos sus mandamientos que nos ha dado. Se nos promete que si hacemos esto seremos bendecidos con la compañía constante de su Espíritu. Si hemos violado cualquiera de estos convenios, entonces debe haber un arrepentimiento sincero mediante el cual recibamos el perdón de la Iglesia antes de participar de la Santa Cena.

El Señor dijo al profeta José Smith en agosto de 1830, cuando fue a comprar vino para la Santa Cena:

“Porque he aquí, os digo que no importa lo que comáis o lo que bebáis cuando participéis de la Santa Cena, si es que lo hacéis con un solo propósito: mi gloria; recordando al Padre mi cuerpo que fue puesto por vosotros y mi sangre que fue derramada para la remisión de vuestros pecados.” (Ibid., 27:2.)

Nuevamente, en marzo de 1841, el Señor dijo:

“También se os manda no expulsar de vuestras reuniones sacramentales a ninguno que pertenezca a la Iglesia; sin embargo, si alguno ha transgredido, no le permitáis participar hasta que haga reconciliación.

“Y otra vez os digo, no expulsaréis de vuestras reuniones sacramentales a ninguno que esté buscando sinceramente el reino; hablo esto concerniente a los que no son de la Iglesia.” (Ibid., 46:4–5.)

Cuando el Salvador visitó a los nefitas, les enseñó de la siguiente manera:

“Y ahora, he aquí, éste es el mandamiento que os doy: que no permitáis conscientemente que nadie participe indignamente de mi carne y sangre cuando la administréis;

“Porque cualquiera que coma y beba mi carne y sangre indignamente, come y bebe condenación para su alma; por tanto, si sabéis que un hombre es indigno de comer y beber de mi carne y sangre, se lo prohibiréis.

“No obstante, no lo echaréis de entre vosotros, sino que le ministraréis y oraréis por él al Padre en mi nombre; y si sucede que se arrepiente y es bautizado en mi nombre, entonces lo recibiréis y le ministraréis de mi carne y sangre.

“Pero si no se arrepiente, no será contado entre mi pueblo, para que no destruya a mi pueblo; porque he aquí, yo conozco mis ovejas, y ellas están contadas.” (3 Nefi 18:28–31.)

PARTICIPAR INDIGNAMENTE DE LA SANTA CENA

Pablo tuvo que reprender a los miembros de la Iglesia en Corinto por sus pecados al participar indignamente de la Santa Cena. Parece que cuando se reunían convertían el servicio sacramental en un banquete donde comían y se embriagaban. Entonces Pablo les dijo:

“¿Qué? ¿No tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios y avergonzáis a los que no tienen? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré en esto? No os alabo.

“Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la misma noche en que fue entregado, tomó pan;

“Y habiendo dado gracias, lo partió y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.

“Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebáis, en memoria de mí.

“Así pues, todas las veces que comáis este pan y bebáis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.

“De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpable del cuerpo y de la sangre del Señor.

“Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan y beba de la copa.

“Porque el que come y bebe indignamente, condenación come y bebe para sí, no discerniendo el cuerpo del Señor.

“Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.” (1 Corintios 11:22–30.)

Y aquellos que son culpables de pecado deben arrepentirse verdaderamente y hacer restitución antes de participar de la Santa Cena.

“Mientras de estos emblemas participamos
En el nombre de Jesús y por su causa,
Recordemos y asegurémonos
Que nuestros corazones y manos estén limpios y puros.”