Respuestas a Preguntas del Evangelio: Volumen 1

7
La Visita del Salvador a
los Espíritus en Prisión


Pregunta: “Surgió la pregunta en nuestra clase de si el Salvador fue o no en persona entre los espíritus en prisión para predicarles el evangelio. Las siguientes declaraciones parecen estar en conflicto.

“‘Y también aquellos que son los espíritus de los hombres guardados en prisión, a quienes el Hijo visitó y les predicó el evangelio, para que pudieran ser juzgados según los hombres en la carne.’ (D. y C. 76:73.)

“Y la siguiente declaración del presidente José F. Smith en Doctrina del Evangelio, pág. 473.

“‘Pero a los inicuos no fue, y entre los impíos y los impenitentes que se habían contaminado mientras estaban en la carne, su voz no fue alzada; tampoco los rebeldes que rechazaron los testimonios y advertencias de los antiguos profetas contemplaron su presencia ni miraron su rostro.’”

Respuesta: Es muy fácil obtener un malentendido al citar parte de una oración o un versículo separado de su contexto. No existe conflicto entre la declaración en 1 Pedro 3:18-20, Doctrina y Convenios 76:73-75 y la visión dada al presidente Smith. Desafortunadamente, la clase aparentemente consideró solamente la primera mitad de la oración. Debe entenderse que todos los espíritus, tanto buenos como malos, estaban en prisión, porque ninguno había sido liberado sino hasta después de la resurrección de Jesucristo.

Una lectura más cuidadosa de lo que el presidente Smith vio revelará que no hay nada en lo que ha escrito que niegue a Cristo el privilegio de hablar a todos aquellos que eran arrepentidos; pero su voz no fue oída entre los “inicuos”, los “impíos” y los impenitentes que “se habían contaminado mientras estaban en la carne” y habían “rechazado las advertencias de los antiguos profetas”.

No hay nada en la declaración de Pedro ni en Doctrina y Convenios, sección 76, que declare que él levantó su voz entre esos inicuos e impíos que eran rebeldes. El texto completo de la declaración de Pedro y el de la “Visión” (D. y C., sección 76) es que llevó su mensaje, primero a los justos y también a los “hombres honorables de la tierra, que fueron cegados por las artimañas de los hombres”. A ellos se les declaró, tal como lo expresó Pedro: “… para que sean juzgados en la carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios.” (1 Pedro 4:6.)

EL MENSAJE DEL SALVADOR

El hecho permanece, como descubrimos mediante una consideración más cuidadosa de los textos, que el mensaje del Salvador fue, primero, para todos aquellos que eran dignos de la resurrección celestial y, segundo, para aquellos hombres honorables que fueron desobedientes porque fueron cegados por las artimañas de los hombres, pero quienes, mediante su arrepentimiento o al recibir el testimonio de Jesús, tenían derecho a salir en el reino terrestre.

En Doctrina y Convenios, sección 88, versículo 99, descubrimos que aquellos que heredarán el reino terrestre tendrán derecho a salir cuando suene la “segunda trompeta” en la venida de Cristo. Estos son aquellos que “recibieron su parte en aquella prisión que les fue preparada, para que recibiesen el evangelio y fuesen juzgados según los hombres en la carne”.

El resto de los muertos, quienes evidentemente no escucharon la voz del Salvador y entre quienes él no fue, sino que recibieron la visita de sus siervos los profetas que fueron enviados a ellos, son aquellos que no recibirán la resurrección sino hasta el fin, porque son los “espíritus de los hombres que han de ser juzgados y son hallados bajo condenación.” (D. y C. 88:100.)

El procedimiento mencionado por el presidente Smith es completamente natural. Mientras el Salvador estuvo en la tierra dijo que había sido enviado solamente a las ovejas perdidas de la casa de Israel. No proclamó su mensaje entre los gentiles, pero después de su resurrección envió a sus discípulos a todo el mundo y a toda criatura.

INTERPRETACIONES ERRÓNEAS Y PERSONALES

Existe una tendencia común entre la humanidad de leer en los textos algunas cosas que no se encuentran en ellos y, a menos que tengamos mucho cuidado, podemos colocar interpretaciones erróneas y personales sobre las palabras de los profetas que ellos no pretendieron dar.

Cuando el Señor dijo por revelación: “Porque… la voz del Señor es para todos los hombres y no hay quien escape” (Ibíd., 1:2), no debe entenderse que quiso decir que todos los hombres en todas partes escucharían personalmente su voz, sino que su palabra sería proclamada por medio de sus siervos. (Ibíd., 1:4.) En las revelaciones el Señor frecuentemente habla del “día de la visitación”. No entendemos que esto sea una visitación personal, sino un derramamiento de sus juicios sobre los impíos.