El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 11

Sucesión en el sacerdocio en los primeros días

Ahora bien, este mismo Sacerdocio que existió en el principio, existirá también en el fin del mundo.— Moisés 6:7.

El Sacerdocio es Definido

El sacerdocio ha sido definido por el Presi­dente Juan Taylor como el “poder, autoridad, administración, del gobierno de Dios en la tierra o en los cielos”. Es la autoridad de Dios delega­dos al hombre, por la cual le es dado el poder de oficiar en todas las ordenanzas del Evangelio, hablar en el nombre del Señor, cumplir con todos los deberes pertenecientes a la edificación del reino de Dios sobre la tierra, y obtener co­nocimiento por medio de revelación. Es el poder por el cual los mundos son hechos. Es el poder que obedecen, porque es la autoridad por la cual nuestro Padre Eterno ejecuta todas sus obras.

Sin el Sacerdocio no puede haber Iglesia do Jesucristo sobre la tierra; ninguna, obra oficial ejecutada en el nombre del Señor y reconocida por él; no puede haber remisión de pecados ni comunión con Dios. Ningún hombre tiene el poder de tomar para sí esta autoridad, tiene que ser delegada y venir por los medios correctos del Autor de nuestra fe.

Dado Primeramente a Adán.

Siendo todo esto verdad, fue esencial que Adán poseyera el Sacerdocio y que venga de él por medio de sus hijos justos cuando quiera que la Iglesia está sobre la tierra, aun hasta las úl­timas generaciones. Ya hemos aprendido que el Sacerdocio fue dado primeramente a Adán en esta tierra. “Adán poseía las llaves de ge­neración en generación… Se dió a él poder sobre toda criatura viviente. El es Miguel el arcán­gel de quien hablan las escrituras.”—D. H. C. 3:385-6.   .

Alma nos ha dado una declaración clara del Sacerdocio, su propósito y como se obtuvo.

Estas son sus palabras:

…este sumo sacerdocio era según el orden de su Hijo, el cual orden existía desde la fundación del mundo, o en otras palabras, es sin principio de días ni fin de años, preparado de eternidad en eternidad, según su presciencia de todas las cosas;
ahora bien, de esta manera los ordenaban: Eran llamados con un santo llamamiento, y ordenados con una santa ordenanza, y tomaban sobre sí el sumo sacerdocio del santo orden; y este llamamiento, ordenanza y sumo sacerdocio no tienen principio ni fin;
por tanto, llegan a ser sumos sacerdotes para siempre, según el orden del Hijo, el Unigénito del Padre, el cual no tiene principio de días ni fin de años, y es lleno de gracia, equidad y verdad. Y así es. Amén.
Pues como decía respecto al santo orden, o sea, este sumo sacerdocio, hubo muchos que fueron ordenados y llegaron a ser sumos sacerdotes de Dios; y fue por motivo de su fe excepcional y arrepentimiento, y su rectitud ante Dios, porque prefirieron arrepentirse y obrar rectamente más bien que perecer;.—Alma 13:7-10.

En la Biblia no encontramos ninguna decla­ración directa de la delegación del Sacerdocio. No obstante, sabemos que esto fué hecho, y el Señor nos lo ha hecho saber y nos ha dado al­gunos de los detalles acerca de estas ordena­ciones.

El Orden Patriarcal del Sacerdocio.

Reuno estas verdades de la sección 107 de las Doctrinas y Convenios:

La primera autoridad del Sacerdocio en la tierra era Patriarcal. Adán era un patriarca, tam­bién lo eran los que le sucedieron. Siendo pa­triarcas, por supuesto eran, como declara Alma, sumos sacerdotes de la Santa Orden. Esta orden Patriarcal (o Evangélica) del Sacerdocio continuó por las generaciones de Adán hasta Noé, y de Noé hasta Moisés. Dice la revelación:

Es el deber de los Doce ordenar ministros evangelistas en todas las ramas grandes de la iglesia, según les sea designado por revelación.
El orden de este sacerdocio se confirmó para descender de padre a hijo; y por derecho pertenece a los descendientes literales del linaje escogido, al cual se hicieron las promesas.
Este orden se instituyó en los días de Adán, y descendió por linaje de la siguiente manera:
De Adán a Set, a quien Adán ordenó a la edad de sesenta y nueve años; y tres años antes de la muerte de Adán, este lo bendijo, y recibió la promesa de Dios, por conducto de su padre, de que su posteridad sería la elegida del Señor, y que sería preservada hasta el fin de la tierra;
porque Set fue un hombre perfecto, y su semejanza era la imagen expresa de su padre, al grado de que se parecía a su padre en todas las cosas, y solamente por su edad se podía distinguir entre uno y otro.— D. C. 107:39-43.

Vino por Linaje.

Enos fué ordenado a la edad de ciento treinta y cuatro años y cuatro meses. Cainán tenía ochen­ta y siete años cuando recibió su ordenación. Mahalaleel tenía cuatrocientos noventa y seis años y siete días cuando fue ordenado. Jared tenía doscientos años cuando fue ordenado. Enoc tenía veinticinco y su hijo Matusalén tenía cien años cuando el Sacerdocio le fué conferido. Todos es­tos patriarcas fueron ordenados y bendecidos ba­jo la mano de Adán. Quizás se nos permite el pensamiento de que puede haber sido posible que estos hombres recibieron algún oficio me­nor en el Sacerdocio antes de que la autoridad de evangelista les fuera conferida por el padre Adáu. Tal pensamiento es sugerido por la decla­ración de que Dios llamó a Cainán en el desierto cuando éste tenía cuarenta años de edad, pero fué ordenado evangelista por Adán cuando tenía ochenta y siete años de edad.

Lamec fué ordenado bajo la mano de Set cuando tenía treinta y dos años de edad, y Noé tenía solamente diez años cuando recibió su or­denación bajo la mano de Matusalén. Es eviden­te que Adán reservó para sí la honra de confe­rir este oficio sobre cada uno de los patriarcas que vivían en su día y quien, sin duda, poseía el oficio de presidir. No hemos de entender que estos diez hombres eran los únicos que poseyeron la autoridad divina antes del diluvio, sino que ellos fueron llamados a posiciones de responsabilidad, o autoridad de presidir, entre sus seme­jantes. No es razonable suponer que estos diez hombres fueron dejados en su día y generación para hacer toda la obra requerida de hombres que poseen el Sacerdocio. Ellos tenían una or­ganización de Iglesia. Aprendemos esto de las enseñanzas del Profeta José Smith. No pudiera ha­ber sido de otra manera, porque siempre hay or­den en el reino de Dios, ambos en la tierra y en los cielos. Además en esta revelación leemos:

Tres años antes de su muerte, Adán llamó a Set, Enós, Cainán, Mahalaleel, Jared, Enoc y Matusalén, todos ellos sumos sacerdotes, junto con el resto de los de su posteridad que eran justos, al valle de Adán-ondi-Ahmán, y allí les confirió su última bendición.
Y el Señor se les apareció, y se levantaron y bendijeron a Adán, y lo llamaron Miguel, el príncipe, el arcángel.
Y el Señor le dio consuelo a Adán, y le dijo: Te he puesto para estar a la cabeza; multitud de naciones saldrán de ti, y tú les serás por príncipe para siempre.—D. C. 107:53-55.

La Línea de Ordenación de Moisés.

En la sección 81, el orden del descenso del Sacerdocio se continúa, y se aprende estos hechos:

Moisés recibió el Sacerdocio de Jetro, su Sue­gro. Se observará que Jetro no era israelita, sino un midiannita, no obstante poseía el Sacerdocio. La Biblia no nos dice mucho acerca de los midianitas u otras naciones tocante al Sacerdocio y su posición ante el Señor. Jetro, quien era des­cendiente de Abrahán, evidentemente tenía dere­cho al Sacerdocio y también, podemos creer, lo tenían otros de su pueblo. Jetro recibió el Sacer­docio de Caleb, y Caleb recibió el Sacerdocio de Eliú, y Eliú bajo la mano de Jeremy, y Jeremy bajo la mano de Gad quien lo recibió de Esaías quien vivió en los días de Abrahán. De esta in­formación aparecería que Moisés recibió su Sa­cerdocio fuera de las tribus de Israel y por me­dio de un linaje ajeno de los descendientes de Jacob. No nos da a saber a cual nación o nacio­nes pertenecían Caleb, Eliú, Jeremy y Gad, pero algunos de ellos, a lo menos, podemos suponer eran descendientes de Abrahán y de Medán. “Esaías también vivió en los días de Abrahán, y por éste fué bendecido.” Abrahán recibió su Sacerdocio y fué bendecido por Melquisedec, el rey de Salem, el gran sumo sacerdote.

Poseedores Posteriores del Sacerdocio.

El orden del descenso del Sacerdocio en Is­rael después de los días de Noé puede ser tra­zado por conducto de Aarón y sus hijos. Esto, por supuesto era el Sacerdocio de Aarón. El Se­ñor había sacado a Moisés de Israel y con él el Sacerdocio de Melquisedec, a causa de la falta de preparación de los hijos de Israel para reci­birlo. No obstante, nos informa el Profeta José Smith, que los profetas de Israel, tal como Sa­muel, Isaías, Jeremías y Elías, poseían el Sacer­docio de Melquisedec. En verdad Elías fué el último de los profetas de Israel en poseer la ple­nitud del Sacerdocio de Melquisedec con sus po­deres de sellar, la cual autoridad confirió sobre José Smith y Oliverio Cowdery.

Cuando Cristo vino en su ministerio restauró la plenitud del Sacerdocio y llamó Doce Após­toles. Tres de estos apóstoles actuaron como Pri­mera Presidencia, porque el Señor les dió las “llaves del Reino.” “El Salvador, Moisés y Elías dieron las llaves a Pedro, Santiago y Juan en el monte cuando fueron transfigurados delante de él,” dijo José Smith.

Restauración Moderna del Sacerdocio.

Desde los días de Moisés hasta la venida de Juan el Bautista, el pueblo estaba sujeto a la ley de Moisés y al Sacerdocio de Aarón, o sea el Sacerdocio Menor; pero cuando vino Cristo restauró la autoridad y la organización completa de su Iglesia. El Sacerdocio de Aarón fué restaurado en esta dispensación por Juan el Bau­tista y el Sacerdocio de Melquisedec por Pedro, Santiago y Juan. Los profetas antiguos desde el principio vinieron y entregaron las llaves de sus dispensaciones respectivas a José Smith y Olive­rio Cowdery, a fin de reunir todas las cosas en esta dispensación del Cumplimiento de los Tiem­pos. El Señor dijo a José Smith y a los élderes asociados con él:

De modo que, así os dice el Señor a vosotros en quienes ha continuado el sacerdocio por el linaje de vuestros padres,
porque sois herederos legítimos, según la carne, y habéis sido escondidos del mundo con Cristo en Dios,
por tanto, vuestra vida y el sacerdocio han permanecido, y es necesario que permanezcan por medio de vosotros y de vuestro linaje hasta la restauración de todas las cosas que se han declarado por boca de todos los santos profetas desde el principio del mundo. D. C. 86:8-10.

Capítulo 12 Libro de Memorias y Registros