El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 31

Comisionados de Dios

Creemos que el hombre debe ser llamado de Dios, por profecía y la imposición de manos, por aquellos que tienen la autoridad para predicar el evangelio y administrar sus ordenanzas. — Quinto Artículo de Fe.

En el mes de febrero de 1835, fueron llamados los Doce Apóstoles en esta dispensación. En Junio de 1829, a José Smith se le hizo saber que Doce Apóstoles serían llamados. Esta información vino antes de la organización de la Iglesia y Oliverio Cowdery y David Whitmer fueron nombrados para “escoger a los Doce” cuando llegara el tiempo en que habían de ser escogidos. Un mes después que los Apóstoles habían sido escogidos, los Doce en concilio buscaron información por revelación, para que pudieran entender mejor su llamamiento. José Smith oró al Señor por ellos y recibió la revelación sobre el sacerdocio. —D. C. 107.

La Revelación sobre el Sacerdocio

Esta revelación nos da luz sobre el sacerdocio y sus oficios que la Iglesia no tenía antes de ese tiempo. Se hizo saber que había en la Iglesia dos sacerdocios, o divisiones principales del sacerdocio, el de Melquisedec y el de Aarón, que incluye el Levítico. ”La razón por la que aquél se llama el Sacerdocio de Melquisedec es que Melquisedec fue tan gran sumo sacerdote. Antes de él, se llamaba el Santo Sacerdocio según el Orden del Hijo de Dios. Más por respeto o reverencia al nombre del Ser Supremo, ellos, la iglesia en los días antiguos, para evitar la tan frecuente repetición del nombre de Dios, le dieron a ese sacerdocio el nombre de Melquisedec, o sea el Sacerdocio de Melquisedec.” Esta información era nueva, sólo declaraciones generales sobre esta verdad habían sido reveladas antes de ese tiempo, y el mundo nada sabía de ello. Ya hemos estudiado otras revelaciones sobre el sacerdocio y hemos aprendido que el Señor confirió sobre Aarón y sus hijos un sacerdocio al que fué dado su nombre, y también que el primer orden fué el que es llamado el Evangélico o Patriarcal, el cual sacerdocio poseyó Adán y los antediluvianos y los que vivieron después del diluvio aun hasta los días de Moisés. Sin embargo, hay otros aspectos del sacerdocio que debemos entender claramente.

El Sacerdocio es la Autoridad para Oficiar

“Cada hombre que es ordenado al sacerdocio tiene autoridad para oficiar en alguna capacidad en la Iglesia. Porque sin el sacerdocio no podría haber Iglesia, y si no hubiese sacerdocio, no se podría hacer ningún hecho oficial en el nombre del Señor. Los hombres estarían en las tinieblas sin un entendimiento de la verdad, porque el poder de Dios no podría manifestarse. “Este sacerdocio mayor administra el evangelio, y posee la llave de los misterios del reino, aun la llave del conocimiento de Dios. Así que, en sus ordenanzas, el poder de Dios se manifiesta. Y sin sus ordenanzas y la autoridad del sacerdocio, el poder de Dios no se manifiesta a los hombres en la carne.” Así nos enseñó el Señor por medio de José Smith. —D. C. 84:19-21.

No hay conocimiento de Dios sin el Sacerdocio

Este santo sacerdocio, el que es eterno, es la autoridad que prevalece en el universo. Las ordenanzas del evangelio son hechas válidas por medio de su poder y sin él un conocimiento de Dios no podría manifestarse. Es por medio de esta autoridad y mediante las ordenanzas que el hombre puede conocer a Dios. Sin el sacerdocio sería imposible que el hombre obtuviera el conocimiento que le llevaría a la presencia del Padre. ¿Es de maravillarse, entonces, que el mundo, privado del sacerdocio, está en tal confusión espiritual? Los hombres pueden investigar y estudiar, pero nunca llegarán a un conocimiento de Dios hasta que reciban el evangelio y obtengan luz por medio del sacerdocio y las ordenanzas del evangelio. Es fácil ver, con la explicación que el Señor nos ha dado, que fué la cosa más natural en el mundo, después que desapareció la Iglesia y la autoridad que siempre la acompaña, que toda manera de doctrinas falsas y filosofías tomarían el lugar del conocimiento de Dios. ¡Observen la condición triste de los que en un tiempo pertenecieron a la Iglesia, pero han caído, y vean cómo han perdido la llave del conocimiento espiritual! Ciertas organizaciones han sido formadas de cuando en cuando por aquellos que han salido de la Iglesia, pero han perdido la luz que antes tuvieron. Pronto son dejados para andar a tientas en obscuridad espiritual, porque “el poder de Dios” los abandona. Cuando se apaga la luz entra la obscuridad de la peor clase. Como dijo Alma, están ligados con las cadenas del infierno.

Las Llaves del Sacerdocio

Hay una diferencia entré el recibir un oficio en el Sacerdocio y el recibir las llaves del sacerdocio. Debemos entender esto claramente. Pedro, Santiago y Juan confirieron el Sacerdocio de Melquisedec sobre José Smith y Oliverio Cowdery. Antes de ese tiempo Juan el Bautista vino y les confirió el Sacerdocio de Aarón. Pero fué necesario que Elías, quien vivió en los días de Abrahán, viniese y restaurase las llaves de la congregación de Israel; y que Elías viniese y restaurase las llaves del poder sellador, por el cual los corazones de los padres y los hijos se vuelven los unos a los otros. En verdad fué necesario que las llaves de todas las dispensaciones fuesen restauradas en esta dispensación del cumplimiento de los tiempos, y así lo ha registrado el profeta José Smith:

Además, ¿qué oímos? ¡Alegres nuevas de Cumora! Moroni, un ángel de los cielos, que declara el cumplimiento de los profetas: el libro que estaba para revelarse. ¡La voz del Señor en el yermo de Fayelte, Distrito de Séneca, declarando a los tres testigos que testificaran del libro! ¡La voz de Miguel, en las riberas del Susquehanna, denunciando al diablo cuando éste se presentó como un ángel de luz! ¡Las voces de Pedro, Santiago y Juan en el despoblado entre Harmony, Distrito de Susquehanna, y Colesviile, Distrito de Broome, en las márgenes del Susquehanna, declarando que poseían las llaves del reino y de la dispensación del cumplimiento de los tiempos!

¡Además, la voz de Dios en la alcoba del viejito Whitmer, en Fayette, Distrito de Séneca, y en varias ocasiones y diversos lugares, en todas las peregrinaciones y tribulaciones de esta Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días! ¡Y la voz de Miguel, el arcángel; la voz de Gabriel, y de Rafael, y de diversos ángeles, desde Miguel o Adán, hasta el tiempo presente, declarando todos su dispensación, sus derechos, sus llaves, sus honores, su majestad y gloria, y el poder de su sacerdocio; dando línea tras línea, precepto tras precepto; un poco aquí y un poco allí; consolándonos con la promesa de lo que está para venir, confirmando nuestra esperanza!—D. C. 128:23-21.

De esta descripción descubrimos que todos los que poseyeron llaves de autoridad en dispensaciones desde los días de Adán hasta el tiempo presente, vinieron en esta dispensación y declararon sus llaves, sus honores y sacerdocio. Todo esto tuvo que ser hecho porque esta es la dispensación de restauración.

El presidente José F. Smith nos ha dado un entendimiento claro de lo que significan las llaves del sacerdocio en lo siguiente:

El sacerdocio en general es la autoridad dada al hombre para obrar por Dios. A todo hombre que es ordenado a cualquier grado del sacerdocio le es delegado esta autoridad.

Pero es necesario que toda obra que se ejecuta bajo esta autoridad sea hecha en el tempo y lugar debido, en la manera debida, y en el orden debido. El poder de dirigir estas obras constituye las LLAVES del sacerdocio. Solamente una persona a la vez, el profeta y presidente de la Iglesia, posee estas llaves en su plenitud. Él puede delegar cualquier parte de su poder a otro. En este caso esa persona posee las llaves de esa obra especial. Así que, el presidente de un templo, el presidente de una estaca, el obispo de un barro, el presidente de una misión, el presidente de un quorum, cada uno posee las llaves de las obras hechas en ese cuerpo o localidad particular. Su sacerdocio no es aumentado por este nombramiento especial, porque un setenta que preside una misión no tiene más sacerdocio que un setenta que obra bajo su dirección, y el presidente de un quorum de élderes, por ejemplo, no tiene más sacerdocio que cualquier miembro de ese quorum. Pero él posee el poder de dirigir las obras oficiales hechas en la misión o el quorum, o en otras palabras, las llaves de esa división de esa obra. Así es en todas las ramificaciones es sacerdocio—se debe hacer una distinción cuidadosa entre la autoridad general, y la dirección de las obras hechas—Gospel Doctrine, Pág. 168.

Las Llaves de la Presidencia

Por tanto, aprendemos que aunque todos los que son ordenados a cualquier oficio poseen el sacerdocio, hay autoridades especiales, o directivas, conferidas sobre los que son llamados para presidir. Estas autoridades se llaman llaves. El obispo de un barrio tiene el poder de dirigir los miembros de su barrio, porque posee las llaves de presidencia allí, y actúa como obispo y también como presidente del barrio en virtud de su sumo sacerdocio. Ahora en su barrio puede vivir un apóstol, pero como miembro del barrio, el apóstol está bajo la jurisdicción de su obispo. Por ejemplo, si él deseara bautizar a uno de sus hijos, sería su deber obtener permiso de su obispo, porque ese es el orden de la Iglesia. El obispo posee las llaves de la administración de todas las ordenanzas en su barrio, pero él puede delegar la autoridad para la administración de éstas a otros.

Las Llaves del Sacerdocio para toda la Iglesia

El Presidente de la Iglesia, como el presidente Smith ha declarado claramente, posee las llaves sobre toda la Iglesia. Hay solamente una persona a la vez sobre la tierra que tiene este poder. (D. C. 132:7.) Ningún hombre puede oficiar en el templo y conferir las bendiciones de él mismo sin que la autoridad para hacerlo le sea delegada por el Presidente de la Iglesia. El Presidente tiene el poder, si el Señor le mandara hacerlo, de llamar todos los misioneros en el mundo. Él podría decir que ya no se predicaría el evangelio a las naciones. Él podría prohibir el acto oficial del bautismo, o de la ordenación al sacerdocio, en cualquier parte del mundo, si el Señor se lo mandara. Esta autoridad está en él investido, porque posee todas las llaves del sacerdocio. Si en virtud de sus llaves él dijera que ciertos privilegios habían de ser retirados del pueblo, ningún hombre tendría la autoridad de oficiar en la otorgación de esos privilegios particulares. Si alguno intentara hacerlo, el hecho sería uno de rebelión contra la autoridad y no sería válido, y el que intentara oficiar de esa manera tendría que responder ante el tribunal de Dios, si no ante la Iglesia, y sería pronunciado culpable de transgresión.

Sólo los hechos debidamente Autorizados son Válidos

Que sea entendido que ningún hombre tiene la autoridad de administrar la ordenanza del sellamiento de esposas a maridos, por tiempo y por la eternidad, afuera de un templo, porque todas estas ordenanzas pertenecen a la casa del Señor, y el privilegio de administrar esta ordenanza en otros lugares ha sido retirado por el que posee estas llaves. Ni tampoco puede un hombre oficiar en éstos, u otros sellamientos, a menos que haya sido llamado y apartado y haya recibido esta autoridad del presidente de la Iglesia en quien están investidas estas llaves. —D. C. 132:7.

Cuando los hombres son comisionados por el que posee estas llaves, sus hechos son válidos. Lo que hacen es sellarlo y aprobarlo en la Iglesia tanto en la tierra como en los cielos. Cuando los apóstoles u otros hermanos visitan las estacas de Sión y son nombrados para poner en orden cualquier cosa que necesite atención allí, lo hacen en virtud de la comisión, o autoridad, que les es delegada por el Presidente de la Iglesia. Este mismo principio se aplica a un grado menor en estacas y barrios. El presidente de una estaca puede delegar autoridad a un sumo sacerdote, o a un sumo consejero, para obrar en esa estaca. El obispo de un barrio puede delegar autoridad a un élder o a un presbítero en su barrio, pero sin la autorización del oficial que preside, la obra no sería válida.

Capítulo 32 — Servicio en el Sacerdocio