El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 48

Y los libros fueron abiertos

“Y vi los muertos, grandes y pequeños, que estaban delante de Dios; y los libros fueron abiertos; y otro libro fué abierto, el cual es de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras”. Apoc. 20:12.

Nuestras palabras y actos son registrados

Quizá todos nos hemos preguntado cómo se lleva un registro de nuestras vidas, y cómo es posible que nuestras palabras ociosas queden grabadas. El Señor dijo: ”Más yo os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio”. Estaríamos en lo justo si dijéramos que con seguridad esto no significa que estaremos bajo condenación por cualquier chiste sano u observación jovial hecha en el espíritu de diversión, sino únicamente se refiere a palabras habladas impropiamente y dichas para herir o con intenciones blasfemas. Se tendrá que responder por todas las palabras que destruyan el alma, aun cuando sean dichas con toda seriedad, y expresiones que llevan en sí falsedad, que van con el disfraz de la verdad y que desvían a los hombres del camino de la vida eterna. Hay mucho que está escrito y que se habla que es contrario a la verdad que el Señor ha revelado; ¿no podemos decir que todas esas palabras son expresiones ociosas e inútiles? Cualquiera que sea la interpretación que se dé a este pasaje, nos da a entender que las palabras y los hechos son definitivamente registrados.

Los registros celestiales son perfectos y verídicos

Hoy en día nadie debe ser tan tonto como para dudar del poder del Todopoderoso para registrar eternamente las palabras y los actos de los hombres. . . sí, aun nuestros pensamientos pueden ser indeleblemente registrados. El hombre ha desarrollado el arte de la fotografía a tal grado que pueden producirse fotos exactas en un abrir y cerrar de ojos. Hemos aprendido que la luz, el sonido y miles de otras cosas, muchas de las cuales son conocidas, otras desconocidas, viajan a través del universo en forma de ondas, es decir las ondas son el medio de transportación. Todos hemos ido al cine y hemos visto tan reales como la vida, los movimientos y oído las palabras de los actores. Todos hemos escuchado la radio y hemos oído las voces de hombres y mujeres en partes distantes de la tierra, tan naturalmente como si estuvieran sentados en el cuarto. Si estamos familiarizados con la voz del locutor o cantante, la reconocemos; sin embargo, viene a nosotros en forma de ondas que tienen que transformarse en sonido para que podamos oírla. El fonógrafo es una invención maravillosa, que preserva para nosotros, indefinidamente, nuestra canción favorita o selección musical. Este es el poder que ha sido dado al hombre; cuánto más grande y mejores son los caminos de Dios. De acuerdo con la ley eterna todas estas cosas que pertenecen a la vida son preservadas. Tendremos que pararnos, en el día del juicio, y enfrentarnos al registro de nuestra vida con toda la historia de nuestras imperfecciones, como nos es perfectamente revelada. Ningún hombre puede decir, en ese día, que su registro no es verídico, porque los medios por los cuales es registrado son perfectos y eternos.

Solo un escape del pecado

Ni tampoco podemos escapar de nuestros pecados e imperfecciones sino es por el arrepentimiento y aceptación del Evangelio. Sólo de esta manera serán borrados nuestros males hechos para que no sean nuestros acusadores, en toda su fealdad, en ese día de juicio. No podemos escondernos de la presencia del Señor. No hay obscuridad bastante densa que no penetre a través de ella los rayos de la verdad. No hay altura o profundidad a donde podamos ir y no ser descubiertos. El Salmista ha dicho:

¿Adónde me iré de tu espíritu?¿Y adónde huiré de tu presencia?
Si subo a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hago mi lecho, he aquí, allí estás tú.
Si tomo las alas del alba y habito en el extremo del mar,
aun allí me guiará tu mano y me asirá tu diestra.
Si digo: Ciertamente las tinieblas me encubrirán, aun la noche resplandecerá alrededor de mí.” — (Salmos 139:7-11)

Los libros que están siendo llevados

Se nos informa que los libros serán abiertos. Uno de estos libros será el registro de nuestras vidas como se lleva en el cielo. Otros libros que serán abiertos son registros que se han llevado en la tierra. Desde el principio de la organización de la Iglesia el Señor ha instruido que se deben llevar registros de los miembros de la Iglesia. “Será el deber de las varias ramas, que componen la Iglesia de Cristo”, dice una revelación “mandar a uno o más de sus maestros para asistir a las varias conferencias que celebren los élderes de la Iglesia, con una lista de los nombres de aquellos que se hayan unido a la Iglesia desde la última conferencia”. Esta era la costumbre en los primeros días de la Iglesia, pero ahora, que ya estamos más cerca de la perfección en nuestra organización, con unidades definidas, como estacas, barrios o ramas, los registros se llevan en el barrio o rama en que los respectivos miembros residen. Sin embargo, sus nombres son enviados cada año al lugar general de reunión para los registros de la Iglesia. No sólo son registrados los nombres, sino también otros asuntos pertenecientes a la fidelidad y actividades de los miembros Todo esto es hecho en armonía con las revelaciones del Señor. Más aun, ha sido dado el mandamiento de que cuando los hombres se rebelen contra la Iglesia y sean excomulgados, sus nombres serán borrados de los registros.

El libro de la vida del cordero

Cada miembro de la Iglesia debiera guardar su buen estado de miembro con el mayor cuidado. Todos los que han sido bautizados en la Iglesia y que guardan los mandamientos del Señor tienen sus nombres escritos en el Libro de la Vida del Cordero. El Señor dice de aquel que es obediente a estos mandamientos.

“El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre y delante de sus ángeles”.—Apoc. 3:5.

El registro de nuestra situación dentro de la iglesia es valioso

Muchos miembros de la iglesia consideran el hecho de ser miembro y su situación dentro de la Iglesia muy ligeramente. Se cambian de un lugar a otro sin pensar de su situación. Pueden pasar los años y entonces cuando se arrepienten y desean afiliarse otra vez con la Iglesia, no tienen situación. Ningún obispo puede recomendarlos. Sus vidas por varios años, han sido desconocidas a algún miembro oficial de la Iglesia. ¿No es esto una triste condición? ¿Pueden ser considerados miembros dignos de la Iglesia? ¿Quién puede decir qué pecados han cometido, o si se han realmente arrepentido? Y lo que es peor algunos miembros se alejan de esta manera y nunca más vuelven a afiliarse a la Iglesia. Bajo tales condiciones el espíritu del Señor no puede morar en ellos; no pueden sentir que están en hermandad con la Iglesia, porque, ¿no se han rehusado ellos a mantener esa hermandad?

La excomunión es expulsión de la presencia del Señor

Aun más, es una cosa terrible el ser excomulgado de la Iglesia. Es la muerte espiritual, destierro del reino y de la presencia de Dios. “mas los hipócritas serán descubiertos y desarraigados, sea en vida o muerte, según mi voluntad; y, ¡ay de los que son separados de mi iglesia!, porque estos son vencidos por el mundo”. (D y C. 50:8). Han habido casos en que individuos y familias se han alejado de barrios o ramas organizadas, para evitar ser desarraigados de la Iglesia, sabiendo muy bien que sus acciones lo ameritaban. Lo que debieron haber hecho es arrepentirse y pedir perdón por su mal proceder. El hecho de cambiarse donde no hay organización de la iglesia, no los salvará, como claramente muestra el pasaje arriba citado. Si son vencidos por el mundo, y los oficiales autorizados de la Iglesia no toman ninguna medida, entonces serán desarraigados en muerte, si no se arrepienten. “Por tanto”, dice el Señor, ‘cuídese cada hombre, no sea que haga lo que no es recto y verdadero ante mí“.—D. y C. 50:9.

Las ordenanzas serán debidamente registradas

Todas las ordenanzas oficiales, tales como bautismo, confirmación, ordenación al Sacerdocio, deben ser efectuadas en la presencia de testigos y registradas debidamente. Cada miembro debe ver que su nombre sea debidamente inscrito en los registros de la Iglesia, así como las fechas en que fué bautizado, confirmado, ordenado y casado; e igualmente que los nombres y ordenanzas de los miembros de su familia sean registrados. Porque por estos registros vamos a ser juzgados. Lo que se hace oficialmente en la Iglesia es también ligado en los cielos; pero debe ser también registrado en la tierra, porque el Señor lo ha mandado. Especialmente es esto cierto en el caso de la obra por los muertos. Toda ordenanza en los templos debe ser atestiguada; y los testigos deben certificar esta obra en el registro. El Señor ha marcado este curso para la Iglesia, y es seguido en todos los templos. Estos testigos testifican que vieron con sus ojos y oyeron con sus oídos cada ordenanza efectuada.

También certifican la fecha y los nombres por quienes la obra fué efectuada y los que oficiaron. Estos registros son conservados cuidadosamente en los archivos de la Iglesia.

El plan pre-ordenado

El Profeta José Smith dice: “Os parecerá que este orden es muy particular, pero permítaseme deciros que sólo es para cumplir con la voluntad de Dios, acomodándonos a la ordenanza y preparación que el Señor, antes de la fundación del mundo, ordenó y preparó para la salvación de los muertos que muriesen sin el conocimiento del evangelio.” D. y C. 128:5.

Cada quien debe tener el registro de su vida

Pregunte casi a cualquier miembro de la Iglesia cuándo nació y sin vacilación se lo podrá decir. Sin embargo, todo lo que sabe acerca de ello es lo que le han dicho su padre y su madre. Quizá fué registrado en ese tiempo en la Biblia de la familia, porque ¿no fué éste un evento sumamente importante Para cada uno de nosotros el nacimiento es algo sumamente importante porque es nuestro principio en esta probación, así que recordamos la fecha que se nos dice, y para ella tenemos que depender de testigos. Si descubrimos a alguien que no sabe el día en que nació, lo compadecemos, se convierte en objeto de curiosidad entre los hombres. El nacimiento, sin embargo, no es el único evento importante en la vida. ¿No es igualmente importante nacer en el remo de Dios? Pero, ¿quién presta mucha atención a esta fecha que ya tenemos la suficiente edad para recordar? De vez en cuando alguien escribe a la Oficina del Historiador preguntando si podemos proporcionar su fecha de bautismo o cuando fueron ordenados. Necesitan esta información y no la tienen. Seguramente esa información debe estar en los registros de la Iglesia. Es el deber de la Iglesia ver que sea registrada; pero ¿no debe también cada miembro tener este conocimiento en su poder? Vendrá el tiempo en la vida de cada persona bautizada, si continúa fielmente buscando la plenitud del reino, en que tendrá que saber cuándo fué bautizado. Puede necesitar la información muchas veces. ¿No necesitará tener algún conocimiento, o registro de ella, cuando se pare ante el juicio cuando los libros sean abiertos? El Profeta enseñó:

“Además, quiero que recordéis que Juan el Revelador estaba tratando este sujeto mismo relativo a los muertos, cuando declaró, como está escrito en Revelación, capítulo 20, versículo 12.

Y vi los muertos, grandes y pequeños, que estaban delante de Dios; y los libros fueron abiertos; y otro libro fué abierto, el cual es de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.”—D. y C. 128-6.