El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 4

Inteligencias organizadas

Y ahora, después de los muchos testimonios que se han dado de él, este es el testimonio, el último de todos, que nosotros damos de él: ¡Que vive!
Porque lo vimos, sí, a la diestra de Dios; y oímos la voz testificar que él es el Unigénito del Padre;
que por él, por medio de él y de él los mundos son y fueron creados, y sus habitantes son engendrados hijos e hijas para Dios..—D. C. 76:22-24.

Lord Kelvin —Sir William Thompson— el eminente matemático y físico inglés, ha dicho : “Creemos confiadamente que hay al presente, y que ha habido desde tiempo inmemorable muchos mundos donde hay vida además de la nuestra”. Parece que hubiese duda de esta verdad cuando uno mira al universo alguna clara y obscura noche y contempla los soles innumerables, los cuales llamamos estrellas, emitiendo sus rayos de luz al espacio distante. Al contemplar la inmensidad del universo y los millones de estrellas que ahora son conocidas y cuyas posiciones han sido calculadas, el pensamiento naturalmente viene a la mente de la mayoría de nosotros, que todo esto en verdad es la obra de Dios, y que él lo ha creado para su propio propósito. ¿Cómo puede el hombre, al contemplar las maravillas de los cielos llegar a la conclusión de que no hay mano que dirige, ni Autoridad Suprema, controlando y gobernando? Además, ¿cómo puede creer que esta inmensa y ordenada multitud de mundos ha sido creada sin algún designio definido? Bien dijo el Salmista:

Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento proclama la obra de sus manos.
Día a día emite palabra a otro día, y noche a noche declara sabiduría.
No hay lenguaje ni palabras, ni es oída su voz.—Salmos 19:1-3.

Seguramente no hay lugar sobre la tierra donde la evidencia de la gloria y la grandeza del Supremo y Eterno Padre no se manifiesta a los habitantes por medio de los ordenados y magníficos cielos.

Porque son Creados los Mundos Estos mundos inmensos, muchos de los cuales son muchos miles de veces más grandes en circunferencia que nuestro sol, seguramente no fueron creados solamente para mostrar a los habitantes de este mundo la gloria de Dios, pero cada uno, creemos confiadamente, en si mismo es el centro y cuerpo gobernante de numerosos mundos con su vida abundante. Alexander Pope, en su Essay on Man, ha declarado la verdad en estas palabras poéticas:

Quien mira a los cielos puede ver.
A mundos universos componer,
Sistema con sistema intercalar,
Planetas a sus soles rodear.
Que cada estrella tiene población
Que puede atestiguar la creación.

Cuando Pope escribió sus líneas no sabía que ha habido entre los hombres mortales algunos que han penetrado por medio de la vasta inmensidad del espacio para ver “mundo tras mundo” y aprender de sus habitantes. Gracias a la misericordia del Señor, tal ha sido el caso. Cuando el hombre débil empieza a hacer deducciones acerca del universo y sus habitantes, basadas solamente en las experiencias a las cuales nuestra vida mortal está sujeta, es seguro que hará errores. La ballena que vive en el océano, si pudiera razonar, quizás se le podría oír decir que ninguna vida podría existir afuera de las profundidades líquidas. Quizás oiría a la largartija decir que ninguna criatura podría vivir excepto en las arenas abrasadoras del desierto. Si llegáramos a la conclusión que toda criatura en este inmenso universo están sujetos a las leyes de este mundo, estaríamos tan necios como la ballena o la lagartija.

El Señor mostró a Abraham los grandes cuerpos celestiales. Los vio en su gloria girando por el espacio en orden perfecta. Algunos fueron puestos para gobernar, otros para obedecer, pero había una interdependencia entre ellos. Fué enseñado por el Maestro Divino a comprender sus tiempos y sus estaciones y el propósito de su creación.

Más tarde el Señor dio a Moisés instrucciones similares y le dijo:

Y he creado incontables mundos, y también los he creado para mi propio fin; y por medio del Hijo, que es mi Unigénito, los he creado.
…Los cielos son muchos, y son innumerables para el hombre; pero para mí están contados, porque son míos.
Y así como dejará de existir una tierra con sus cielos, así aparecerá otra; y no tienen fin mis obras, ni tampoco mis palabras.
Porque, he aquí, esta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre.—Moisés 1:33, 37-39.

La inferencia es, en esta escritura, que el Señor creó estos mundos innumerables con el propósito de poner sobre ellos sus hijos para que pudieran obtener, eventualmente, la inmortalidad y la vida eterna, siendo esto su obra y su gloria. Siendo esto la verdad, entonces es un error para el hombre decir que solamente hay una parte infinitesimal del universo que es adecuada para la habitación del hombre. Ni tampoco es cierto que la vida es solamente un producto accesorio del universo como algunos hombres instruidos han dicho. Aprendemos concluyentemente del pasaje en la sección 76, previamente citado, que los habitantes de estos mundos innumerables son engendrados hijos e hijas para Dios.

Inteligencias Organizadas Antes Que el Mundo fuese Formado

Esto sabemos de los habitantes del universo pero el Señor en su sabiduría ha limitado nuestro conocimiento casi completamente a la de nuestro pequeño planeta. “Pero sólo te doy un relato de esta tierra y sus habitantes”, dijo el Señor a Moisés. El conocimiento de esta tierra y sus habitantes no es limitado a la presente existencia mortal. El Señor informó a estos profetas antiguos que había muchas inteligencias (espíritus de hombres) y que fueron formados antes de que fuese formado el mundo en que ahora vivimos. Entre estas inteligencias “había muchas de las nobles y grandes”. Además, como se encuentra entre los muchos “mundos sin número” orden y obediencia perfecta, cada uno desempeñando su misión de acuerdo con la ley, así también entre estas inteligencias de espíritu el orden y la obediencia prevalecía. En el mundo pre-mortal fuimos enseñados en todas las cosas concernientes a la vida que se nos podrá dar en la preexistencia. Los hombres fueron organizados en alguna manera como somos organizados aquí en el Reino de Dios. Entre los espíritus de los hombres había inteligencias superiores escogidas para actuar con autoridad. El libre albedrío fué dado al hombre para que pudiera actuar por si mismo, sin embargo andaba por la vista en la presencia de nuestro Padre Eterno. Por él, y por su Hijo Jesucristo, fuimos enseñados y el conocimiento nos fué dado.

El Privilegio de la Mortalidad

En ese estado anterior el gran plan de salvación fué presentado, y vehementemente esperábamos por el tiempo cuando podríamos pasar a la mortalidad, sabiendo que de ninguna otra manera podría venir la perfección. El buscar el camino hacia la perfección, sin embargo, traía consigo peligros acompañantes. En la vida premortal, se dio a conocer, que el hombre sería examinado y probado mientras estuviera sobre la tierra. Sería puesto entre ambas la justicia y el pecado. La tentación con todos sus planes sutiles le confrontarían. Muchos cederían a los incitamientos del enemigo de toda verdad y así faltarían en alcanzar la vida perfecta, pero los que guardaren este segundo estado serían bendecidos con la gloria de la vida eterna, y encontrarían el camino hacia la perfección.

Capítulo 5 El Camino de la Vida