El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 8

A Estos Haré Mis Gobernantes

Y esta es la manera conforme a la cual fueron ordenados, habiendo sido llamados y preparados desde la fundación del mundo de acuerdo con la presciencia de Dios, por causa de su fe excepcional y buenas obras,… Y así, por motivo de su fe, han sido llamados a este santo llamamiento,….—Alma 13:3-4.

No Todos Dotados Iguales.

El Presidente José F. Smith una vez dijo: “Las cosas sobre la tierra, en tanto que no han sido pervertidas por la iniquidad, son típicas de las cosas en el cielo. El cielo era el proto­tipo de esta bella creación cuando vi­no de la mano del Creador, y se pro­nunció que era “bueno”.

La información que el Señor se ha complacido en darnos verifica este punto de vista. Vemos alrededor dé nosotros varios grados de inteligencia. No hay dos personas iguales. Nuestros talentos son variados. Una persona so­bresale en la música, otro en la pintu­ra o en las matemáticas, otro en la mecánica o en la calidad de estadista. Es una cosa común oír a alguien de­cir de su amigo, “Él es un músico ver­dadero desde su nacimiento,” o “Él es un horticultor desde su nacimiento.” “No crece nada de lo que siembro yo,” dijo uno de mis conocidos, “pero to­do lo que siembra mi vecino crece a la perfección.” Un pintor hábil con di­ficultad podría ser un buen campesi­no, y un hombre que ama a la tierra quizás sería un fracaso como pintor. El Señor ha dicho: “Porque no a todos se da cada uno de los dones; pues hay muchos dones, y a todo hombre le es dado un don por el Espíritu de Dios.”—D. C. 46:11.

Rasgos de Carácter Desarrollados en el Mundo de los Espíritus

En la parábola de los talentos el Se­ñor usa esta expresión significativa: “Porque el reino de los cielos es como un hombre que partiéndose lejos llamó a sus siervos, y les entregó sus bie­nes. Y a éste dió cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno: a cada uno conforme a su facultad.” Sin duda, es­tas nacieron con nosotros. En otras pa­labras, desarrollamos ciertos rasgos de carácter en el mundo espiritual antes de que principiase esta vida terrenal. En esa vida algunos eran más obedien­tes en el cumplimiento de sus debe­res. Algunos eran más obedientes y fieles en guardar los mandamientos.

Algunos eran más inteligentes y otros manifestaron mayor aptitud para dirigir que otros. Algunos mostraron más fe y disposición de servir al Señor, y de entre éstos se escogió los líderes. Los Más Dignos Escogidos para Dirigir

A causa de esta condición el Señor dijo a Abrahán:

“…A estos haré mis gobernantes; pues estaba entre aquellos que eran espíritus, y vio que eran buenos; y me dijo: Abraham, tú eres uno de ellos; fuiste escogido antes de nacer”. — Abrahán 3:23.

Tiene que haber líderes, oficiales para presidir, y los que son dignos y capaces de tomar mando. Durante las edades en que moramos en el estado pre-mortal no sólo desarrollamos nuestras varias características y mostramos nuestra dignidad y habilidad, o falta de ello, pero también estábamos en un lugar donde tal progreso podría ser observado. Es razonable creer que había una organización de Iglesia allí. Los seres celestiales estaban viviendo en una sociedad perfectamente organizada. Cada persona sabía cuál era su puesto. El sacerdocio, sin duda, había sido conferido y líderes fueron escogidos para oficiar. Las ordenanzas pertenecientes a aquella preexistencia eran requeridas y el amor de Dios prevalecía. Bajo tales condiciones era natural que nuestro Padre discerniese y escogiese a aquellos que eran más dignos y evaluase los talentos de cada individuo. No sólo sabía lo que cada uno de nosotros podría hacer, pero también lo que cada uno de nosotros haríamos, cuando se nos pusiese a prueba y cuando se nos diese responsabilidad. Entonces, cuando llegó el tiempo para nuestra habitación sobre la tierra mortal, todas las cosas fueron preparadas y los siervos del Señor fueron escogidos y ordenados a sus misiones respectivas.

Pablo dijo a los Santos de Éfeso:

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,
según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor,—Efesios. 1:3-4.

Ordenados a las Misiones Mayores

Era porque el Padre conocía estas características, y las habilidades de los espíritus ante él, que pudo escoger sus gobernantes mientras “estaba en medio de ellos” antes de que naciese el mundo. No sólo fué escogido Cristo como el Cordero que sería muerto, pero Adán fué escogido para estar a la cabeza y fué llamado “Miguel, el príncipe” y se le dieron las llaves de la salvación “bajo el consejo y dirección del Muy Santo, quien es sin principio de días o fin de vida.”

El Élder Orson F. Whitney, en su poema épico, Elías, ha pintado hermosamente el escogimiento de nuestro Redentor y el llamamiento de Adán, en estas palabras emocionantes:

Un ser que gracia y poder en si reunía
De hombres humildes más como Dioses su fulgor,
La gloria de cuyo semblante
Brillaba más que a medio día el resplandor
Más blanco su cabello que la espuma oceánica.
O que el hielo de cerro alpestre.

Habló: —la atención era aún más solemne,

El silencio aún más apacible.

“¡Padre!” —la voz como música cayó,

Claro como el murmullo de creciente De arroyuelo montañés goteando hacia abajo Desde las alturas de la nieve reciente.

“Padre”, decía, “puesto que uno ha de morir,
Tus hijos a rescatar,

Aunque aún sin forma y vacía, la tierra Con vida pulsante ha de abundar;

Y el gran Miguel primero caer,
Para que exista el mortal allí
Y Salvador escogido has de enviar,
¡Heme aquí; envíame a mí!
Ni pido ni busco recompensa Excepto lo que fuere mía,
Sea mío el sacrificio voluntario,
Y tuya la eterna gloria.

Leemos en las escrituras que Isaías,

Jeremías y otros, fueron llamados antes de que naciesen para ser profetas a Israel y a las naciones. Esto también es cierto de todos los profetas desde Adán hasta el día presente. La misión de José Smith se dió a conocer a José, hijo de Jacob, mientras vivía en Egipto cientos de años antes del nacimiento del pueblo de Israel como una nación. No sólo fué declarada la obra de José Smith, sino también fué nombrado, y también su padre, por este hijo fiel de Jacob, quien, por medio de su integridad, le fueron dadas las bendiciones de la primogenitura en Israel por todas las edades.

El Señor tuvo confianza absoluta en Job y sabía que Job no se apartaría de él. ¿Cómo sabía esto? No solamente por las cualidades mostradas por Job en este mundo, sino por los incontables años de asociación en el estado preexistente donde este hombre digno de la antigüedad se probó ser paciente en la presencia del Señor.

El “Padre de los Fieles”

Qué felicitación tan maravillosa es dada a Abrahán:

Porque yo lo conozco, que mandará a sus hijos y a su casa después de sí que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.—Gen. 18:19.

Se pudo decir esto de Abrahán porque se sabía que era “fiel” mientras estaba entre las inteligencias antes que el mundo fuese, porque fué allí que fué escogido como uno de los superiores para ser un gobernante en la tierra.

El Llamamiento Más Alto

Cuando enviamos misioneros al mundo, son ordenados y apartados para esa obra. Algunos van con nuestra confianza completa. Sabemos que no fracasarán porque su integridad es conocida. Otras que salen con el mismo apartamiento quizás no comparten hasta el mismo grado de nuestra confianza. Así es con los espíritus que vienen a la tierra. Todos son ordenados, o apartados para sus misiones mortales. No todos, son llamados para ser profetas a las naciones. Ciro fué llamado, y nombrado por Isaías, más de cien años antes de que naciera. El Señor lo llamó su “Siervo” porque tenía una obra para él, pero no en el Sacerdocio, mas como un gobernante mundano, para adelantar los propósitos del Señor. ¡Cuánto mejor es el ser llamado con un llamamiento más alto en el reino de Dios.

Capítulo 9 La primera revelación del plan del evangelio