El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 36

La Familia en el Reino Celestial

Yo dije: Vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo. (Salmos 82:6)

La Familia Organizada al Modelo Celestial

Hemos aprendido que el casamiento, es un principio eterno instituido antes de la fundación del mundo y antes de que la muerte entrara en él. A nuestros primeros padres se les mandó que multiplicaran e hinchieran la t erra. Naturalmente sigue que la organización de la familia también fué designada a ser eterna. En el plan preparado para esta tierra las leyes que gobiernan el mundo celestial llegaron a ser la fundación. La gran obra y gloria del Señor es, “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre.” La única manera en que esto se puede hacer es por el casamiento y la familia, por cierto es el orden entre los exaltados y ha sido mundos sin fin.

La Falsa Doctrina Ajena

¿Qué pudiera ser calamidad mayor, o traer mayor tristeza, de estar en el mundo eterno sin poder reclamar a padre o a madre o a hijos? ¿Cómo puede venir paz y contentamiento al alma que se ha casado sólo por tiempo, y que haya creado una familia de hijos a los cuales ama y aprecia, cuando sabe que en el mundo eterno, después de la resurrección, él no los podrá recamar ni ellos a él? ¿Hay hombre que esté complacido con esta doctrina errónea que aun muchos han dicho que es una enseñanza del Señor Jesucristo? ¿Hay hombre que recibe consolación y se resigna al pensamiento que es correcto, sólo porque es una enseñanza universal? ¿Lo hace correcto por el hecho de que casi todas las iglesias lo enseñan? Se puede decir sin duda que el corazón de cualquier padre o madre honesto se rebela contra tal pensamiento horroroso. Cada madre sincera quiere tener a sus hijos en la eternidad. Cada padre sincero quiere tener a sus hijos y a su esposa. Sus corazones esperan la reunión de la familia después del sepulcro. Piensen de los discursos que se han dado, de los poemas que se han escrito, en que se expresa que la tal llamada doctrina cristiana no es verdad, que no hay casamiento, ni relaciones familiares después de la resurrección.

¿Dónde está el padre que ha puesto a uno de sus amados, un niño inocente, en el sepulcro frío y silencioso, y ha esperado que él o ella la pueda tener otra vez? ¿Le diremos a tal padre?, “¡para ti tú niño es perdido para siempre! Probablemente lo verás otra vez, pero no será tú niño; no tendrás derecho a él nunca; no hay relaciones familiares en el cielo; sólo nos reconoceremos uno al otro como extraños en el mundo venidero?” ¿Hay consolación en tales pensamientos como éstos? ¡De cierto que no!

¡No es verdad! ¡Una doctrina tan reprensible nunca se ha enseñado! ¡y pensar que una doctrina tan mala es promulgada en el nombre de Jesucristo, quien es la realización del eterno amor! Esta enseñanza vil es otra de las doctrinas de Satanás. El, es el que la puso en los corazones de los hombres. No se enseñó en el principio, ni en ningún tiempo cuando el Evangelio verdadero estaba sobre la t erra. El misterio es, ¿cómo pudo Satanás introducir tal pensamiento, cuando los corazones de los hombres naturalmente son creados de amar a los suyos? ¿Cómo pudiera el Señor “borrar las lágrimas si los padres e hijos van a ser extranjeros para siempre en la eternidad? ¿Cómo pudiera él traer gozo si no ha de haber asociaciones familiares con los amados en el reino de Dios? ¡Afuera con tal iniquidad! Nuestro cariñoso Padre Eterno no es el autor de tal doctrina inoperable.

Relaciones familiares perpetuas

La continuación del convenio del casamiento, y la familia como una unidad, fué la suma bendición en la restauración de las leyes por el profeta Elias. Si no hubiera una organización aprobada de la familia entonces todo el mundo estaría bajo una maldición a la venida del Señor. ¿Por qué sería necesario que los corazones de los padres se tornaran a sus hijos y los corazones de los hijos a los padres, si no iban a ser unidos por alguna unión eterna? De acuerdo con la ley de Dios es la organización eterna de la familia que salvará a la tierra de competa destrucción cuando venga el día grande y terrible del Señor. Las llaves están aquí por lo cual el que quiere, puede hacer sus relaciones familiares perpetuas. Como parte de la vida el casamiento es eterno. La familia también lo tiene que ser. Lógicamente no puede haber casamiento sin la familia. Ni puede haber paz completa, gozo y bendición en el reino de Dios, sin que los padres e hijos sean unidos eternamente por convenio uno al otro.

Generación encadenada a Generación

Tampoco es suficiente que la unidad de la familia sea preservada, cada generación tiene que estar unida a la anterior. No puede ser en otra manera en el reino de Dios donde se allega a la plenitud. Esto quiere decir que cada generación, encadenada a la generación anterior llega a ser una unidad en sí, y cuerpo completo de Cristo, u organización de la familia. Esto explica lo que se quiere decir por Adán siendo “el padre de todos, el príncipe de todos, el Anciano de Días.” (D. y C. 27:11). Adán ha de presidir como el gran patriarca de la raza, hemos sido informados por José Smith, pero él ha de estar bajo la dirección del Eterno Padre y su hijo Jesucristo. (D. y C. 78:15-16). Adán preside, y cada patriarca ha de presidir bajo él, de generación a generación, hasta el fin del tiempo, en una familia grande. Estas relaciones son verdaderas, no artificiales. Todos los que participan de esta organización de la familia están en el reino celestial. Son herederos en ese reino, recibiendo y poseyendo todas las bendiciones como herederos.

Donde los privilegios de la familia no existirán

Fuera de este reino, no hay casamiento porque las relaciones entre familia no existen allí. ¿Por qué? Porque aquellos quienes entran en los mundos telestiales y terrestres no han tenido el deseo de ir de acuerdo con este sagrado y eterno convenio del casamiento. Sus convenios y obligaciones fueron hechas por hombres, por eso han de tener su fin. La enseñanza que hay en el mundo de que no hay relaciones familiares, ni casamiento, no pueden los padres reclamar a sus hijos, se probará ser verdad para todo aquel que rechaza el consejo y mandamiento del Todo Poderoso. Ellos recibirán lo que hayan creído, pero en ninguna manera será la culpa de Nuestro Padre Eterno; será la culpa de aquellos quienes participan de las bendiciones menores, porque no quisieron recibir los convenios del Señor. Ninguno tiene que ser sirviente, sólo el que desee desobedecer. Todos pueden entrar en el gran círculo familiar en el remo celestial, si sólo lo hacen. Cualquiera de los dos están abiertos para todos. Pocos hallan el camino angosto y estrecho que lleva a exaltación y las vidas eternas, el que es el orden familiar, porque sus mentes están en las cosas del mundo, y ellos rehusan aceptar las cosas que pertenecen al mundo celestial. “Ancha es la puerta” y muchos entran al camino que los llevará, no importa que sean sus otras bendiciones, que hayan recibido, a un mundo donde no existe el casamiento y la unidad de la familia y privilegios.

¡Piensen del tormento, la angustia mental que sufrirán aquellos quienes ven este error muy tarde! Piensen del sufrimiento de aquellos quienes rehusan entrar a este convenio eterno del casamiento por el cual la “continuación de simiente para siempre jamás” es obtenida, cuando esta bendición se les ofrece. El Señor en su misericordia, los hará tan contentos como pueda, pero donde él está, ellos no pueden venir.

Coherederos con Cristo

Pablo enseñó a los Santos en Roma esta doctrina:

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios.
Porque no habéis recibido el espíritu de servidumbre para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!
Porque el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.
Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.
Porque considero que los sufrimientos de este tiempo no son dignos de ser comparados con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada.” (Romanos 8:14-18.)

Si somos hijos de Dios, entonces él es nuestro Padre. Cristo enseñó esta doctrina a sus discípulos. “Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.” ¿No quiere decir esto, la organización familiar? ¿Podemos ser herederos y coherederos con Jesucristo, y no ser hijos? Si hijos, entonces somos miembros de la familia. Esta es la esperanza que tenemos en Dios nuestro Padre. ¡Oh cuán grande es su amor para con sus hijos!

La “Familia entera en el Cielo”

Está escrito en las escrituras: “Por esta causa (el Evangelio) doblo mis rodillas al Padre de nuestro Señor Jesucristo, del cual es nombrada toda la parentela en los cielos y en la tierra. (Efesios 3:14-15). Por lo tanto vemos que hay una organización de la familia en el cielo, y parte de ella en la tierra, pero en los dos lugares es nombrado como Dios el Padre de Jesucristo. ¿Y por qué no, como aquellos en el cielo y todas en la tierra quienes han hecho ci convenio con sus herederos?

El poder de sellamiento de Elías

Hablando de este gran privilegio de hacer la familia una organización eterna, el profeta José Smith dijo: La doctrina del poder de sellamiento de Elías es como sigue: Si usted tiene poder de sellar en la tierra y en el cielo, entonces nosotros debemos ser prudentes. La primera cosa que usted ha ce, vaya y selle a usted mismo en la tierra a sus hijos o a sus hijas, y usted mismo a sus padres en gloria eterna. Andaré por la puerta del cielo y reclamaré lo que selle, y aquellos que me sigan a mí y mis consejos. D.H.C. 6:253.

Padre de muchos padres

El presidente Young instruyó a los Santos como sigue: Entendemos que seremos hechos reyes y sacerdotes a Dios: ahora si yo soy hecho rey y donador de leyes a mi familia, y si tengo muchos hijos, llegaré a ser padre de muchos padres, porque ellos tendrán hijos, y sus hijos tendrán hijos, y así, de generación a generación, y en esta manera, puedo llegar a ser padre de muchos padres o rey de muchos reyes. Esto constituirá a cada hombre a ser príncipe, rey, señor, o lo que al Padre le conviene conferir sobre nosotros. Discursos, p. 302.

Cada familia una unidad en la organización perfecta de Dios

El presidente José F. Smith ha dicho: Nuestras asociaciones no son designadas exclusivamente para esta vida, por tiempo, como lo distinguimos de la eternidad. Nosotros vivimos por tiempo y eternidad. Nuestros afectos y deseos se encuentran listos y preparados para no sólo pasar por la vida temporal o mortal, sino por toda la eternidad. ¿Quiénes hay además de los Santos de los Últimos Días que contemplen el pensamiento de que después del sepulcro continuaremos en la organización de la familia? ¿El padre, la madre e hijos se reconocen uno al otro en las relaciones que se deben a sí mismos y como está uno con el otro? ¿Esta organización de la familia siendo una unidad en la organización grande y perfecta de la obra del Señor, y todos destinados a continuar por tiempo y eternidad? Gos. Doc, p. 348.

Nadie tiene más interés en el bienestar de mis hijos como yo. No puedo estar satisfecho sin ellos. Son parte de mí. Son míos, Dios me los ha dado, y quiero que sean humildes y que se sometan a los requisitos del Evangelio. Quiero que hagan bien, y que estén bien en cada particular, para que sean dignos de la distinción que el Señor les ha dado en ser contados entre el pueblo de su convenio quienes, son escogidos sobre todo pueblo, porque han hecho sacrificio para su propia salvación en la verdad. —Ibid. 348-349.

Esta esperanza acerca más las relaciones de la familia

La esperanza de vida eterna, incluyendo la reunión de los miembros de la familia después de que venga la resurrección, trae al corazón mayor amor y afecto por cada miembro de la familia. Con esta esperanza, los maridos aman a sus esposas con un amor más santo; y las esposas aman a sus esposos en una manera igual. El sentimiento y solicitud de la parte de los padres por sus hijo se aumentan porque los niños se acercan más con amor y felicidad que no se pueden quebrantar.

La tragedia de familias quebrantadas

No hay cosa más lastimosa que ver a una familia quebrantada, familia desbaratada, donde se han separado esposo y esposa y los hijos no saben qué hacer. Tristes son los relatos que vienen a los presidentes de los templos y los problemas difíciles que les piden que solucionen. Padres, piensen de sus hijos. No dejen que vengan entre ustedes dificultades chicas y malos entendimientos. Los hijos tienen derecho a las bendiciones de la unión sagrada, el amor y la felicidad, los cuales pertenecen a la familia. Ellos tienen una reclamación eterna sobre sus padres, y cuando los padres por alguna tontería, algún enojo que no es necesario, se permiten separarse, los niños son los que sufren más. ¿Qué hará el Señor con usted si están culpables de tal ofensa? ¿Qué llegará a ser de sus hijos? ¿Piensa usted que el Señor consentirá su mal, por el cual muchos sufran? ¿Pensad usted que puede hacer otro convenio, cuando aún usted no ha estado justificado en quebrantar el convenio anterior que trajo miseria a los hijos de Dios que han estado a su cargo? No sea engañado; el Padre no será burlado, ni permitirá que pisoteemos sus ordenanzas sagradas, simplemente por un disgusto insignificante. Tendrá que hacer muchos arreglos y nuestros planes, si no están en armonía con la ley que el Señor ha dado, no permanecerán durante o después de la resurrección. Uno de nosotros encontraremos que nos hemos privado de estas bendiciones eternas por causa de nuestras malas acciones. Tengamos cuidado como guardamos los convenios del Señor, para que no seamos juzgados y hallados culpables y así perderlo todo.

Capítulo 37 —La nueva Jerusalén y su Templo