El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 45

La obra en el templo durante el milenio

¿Quién poseerá la tierra y toda su plenitud? ¿No serán aquellos a quienes el Señor ha reservado este honor? Y ellos subirán al Monte Sión como salvadores a trabajar durante el Milenio para salvar a otros. —Brigham Young.

Lo que no pueden hacer por si mismos

Nuestro Salvador dijo que un hombre no puede entrar en el reino a menos que nazca del agua y del Espíritu. Con objeto de que todos puedan tener este privilegio, si lo quieren aceptar, se ha previsto llevar el evangelio a los muertos donde les es enseñado. También ha sido decretado que la obra de ordenanza que pertenece a esta vida mortal, será llevada a cabo por ellos en los templos del Señor por aquellos que ahora viven. Ha sido decretado que el hombre debe hacer por sí mismo lo que es capaz de hacer; pero lo que no puede hacer por sí mismo otros lo pueden hacer por él. Es por eso que Jesucristo se convirtió en nuestro redentor. En una capacidad menor, nosotros podemos salvar a otros haciendo por ellos en los templos lo que no pueden hacer por sí mismos.

Es muy claro que no hay ni tiempo ni información disponible para capacitar a los santos —que son comparativamente pocos en número— a terminar la obra de ordenanzas por los muertos antes de la venida de Jesucristo. Sin embargo, se espera que hagamos todo lo que posiblemente podamos para ellos, así que la información vaya siendo puesta en nuestras manos. Sin embargo, fácilmente podemos entender que la mayor parte de esta obra de salvación por los muertos debe ser efectuada después de que el Milenio sea introducido.

La obra por hacer durante el milenio

Hay muchas opiniones extrañas entre el público con relación al reino de Dios y el reino de mil años en la tierra. Algunas gentes creen que el Milenio va a ser un período maravilloso de descanso. Un tiempo para cantar, tocar arpas, estar sentado y ser feliz en la presencia del Señor, pero sin ninguna cosa en particular que los salvos hagan. Tales pensamientos impulsaron al presidente Brigham Young a decir:

El mundo cristiano ha enseñado, predicado, esperado, meditado, cantado de y orado por, el Milenio. ¿Qué van ustedes a hacer durante ese período, cristianos? ¿Saben ustedes para qué es el Milenio, y qué trabajo tendrá que ser hecho durante ese período? Supónganse que el mundo cristiano fuera ahora uno en corazón, fe, sentimiento y obras, para que el Señor pudiera comenzar el Milenio en poder y gloria, ¿saben lo que sería hecho? ¿Se sentarían ustedes a cantar en eterno arrobamiento? Yo me imagino que no. Yo creo que hay una obra por hacer entonces, que el mundo entero parece determinado a que no hagamos. Que es: Construir templos y obrar por la salvación de nuestros antepasados. (Discursos, pág. 616).

Los santos estarán ocupados en muchos templos

En lugar de ser un tiempo de descanso, el Milenio va a ser un tiempo de trabajo para todos. La ociosidad no tendrá lugar, mejores métodos se emplearán, no se consumirá tanto tiempo en las ocupaciones diarias y se dedicará más tiempo a las cosas del reino. Los santos se mantendrán ocupados en los templos que se construirán en todas partes de la tierra. En efecto, tan ocupados estarán, que los templos estarán llenos la mayor parte del tiempo. Acerca de esto, el presidente Young dijo:

Muchos de los élderes de Israel en el Monte Sión se convertirán en pilares en el templo de Dios, vara no salir más. Allí comerán, beberán y dormirán; y a menudo tendrán ocasión de decir: “Alguien vino al templo anoche; no supimos quién era, pero sin duda era un hermano y nos dijo muchas cosas que antes no entendíamos. Nos dio los nombres de muchísimos de nuestros antepasados que no están en el registro, y me dio mi verdadero linaje y nombres de mis antepasados de cientos de años atrás. Él me dijo: Tú y yo pertenecemos a una misma familia; ahí están los nombres de tus ancestros; tómalos y anótalos y bautízate y confírmate y salva a estos y a estos otros, y recibe de las bendiciones del Sacerdocio eterno por este y aquel individuo, como lo hacéis por vosotros mismos. Esto es lo que vamos a hacer por los habitantes de la tierra”. Cuando lo veo desde este punto de vista, no quiero descansar mucho, sino ser industrioso todo el día, porque cuando venimos a pensar en ello, no tenemos tiempo que perder morque es una obra muy laboriosa. (Discursos, pág. 628).

En otra ocasión el presidente Young dijo:

Tenemos cuando menos mil años, contando trescientos sesenta y cinco días, cinco horas, cuarenta y ocho minutos y cincuenta y siete segundos al año, si me acuerdo bien, en que los élderes de Israel entrarán en los santos templos del Señor y oficiarán por precisamente tales personas como usted y yo que hemos hecho el trabajo que fuimos llamados a hacer en nuestro día, ya haya sido mucho o poco. Habrá cientos de miles de los hijos de Jacob para ministrar en estos templos por usted y por mí. José, Hyrum y José Smith padre, y muchos otros estarán allí para dictar y presidir. José estará a la cabeza de esta dispensación y tendrá las llaves de ella, porque no le son quitadas; nunca le fueron quitadas en el tiempo; y nunca le serán quitadas en la eternidad. (J. D. 6:308″).

Los mortales serán los salvadores en monte Sión

Es bien entendido que las ordenanzas del evangelio, tales como el bautismo y la imposición de manos, pertenecen a esta vida; por lo tanto, aquellos que han muerto sin el evangelio, no pueden actuar a su propio favor. Alguien en la vida mortal debe actuar por ellos. Tampoco pueden aquellos que han recibido la resurrección oficiar y valerse a sí mismos, porque ellos también pertenecen a otra vida.

Por lo tanto, los mortales tienen que ser los salvadores en Monte Sión actuando por poder en favor de los muertos. Si los muertos pudieran hacer esta obra por sí mismos, cuando se arrepientan y vivan el evangelio, entonces los que están ahora viviendo no serían requeridos para oficiar y obrar como apoderados de ellos.

Élderes resucitados dirigirán sus obras

Es una doctrina muy consistente que los élderes que han pasado por la resurrección trabajarán de la mano con los élderes en la vida mortal. Aquellos que están exaltados vendrán a sus parientes mortales y les proporcionarán los nombres que necesiten, y los que son mortales entrarán en los templos y harán la obra, y por este método, será hecha la obra por todos aquellos que tienen derecho a recibirla. Ninguno será pasado desapercibido u olvidado. En esta manera el Señor verá por todos sus hijos y dará a toda alma la oportunidad de oír y recibir el evangelio.

Se insertan en seguida otros comentarios del presidente Young sobre este glorioso tema.

Iremos en el nombre del Dios de Israel y efectuaremos las ordenanzas por ellos (los muertos). Y a través del Milenio, los mil años que la gente amará y servirá a Dios construiremos templos y oficiaremos en ellos por los que han dormido por cientos y miles de años; aquellos que hubieran recibido la verdad si hubieran tenido la oportunidad; y nosotros los levantaremos y formaremos la cadena entera hasta Adán.

Si nos guardamos en la verdad y vivimos de tal manera que seamos dignos del reino celestial, poco a poco podemos oficiar por aquellos que han muerto sin el evangelio —los honrados, honorables, verídicos, virtuosos y puros. Con el tiempo nos será dicho: Ve y bautízate por ellos y recibe las ordenanzas por ellos, y los corazones de tus hijos se tornarán a los padres que han dormido en sus tumbas, y les ganarán vida eterna. Esto tiene que ser, no sea que el Señor venga y hiera la tierra con una maldición. (Discursos, pág. 619).

Se debe oficiar por millones de nuestros semejantes que han vivido en la tierra y muerto sin un conocimiento del evangelio, con objeto de que puedan heredar la vida eterna. (Es decir, todos aquellos que hubieran aceptado el evangelio). Y nosotros somos llamados para hacer esta obra.

Somos llamados, como se os ha dicho, para redimir a las naciones de la tierra. Los padres no pueden perfeccionarse sin nosotros; nosotros no podemos perfeccionarnos sin los padres. Debe haber esta cadena en el Santo Sacerdocio. Debe ser unida sin interrupción desde la última generación que viva sobre la tierra hasta el padre Adán. (Discursos, pág. 623).

Haced todo lo que podáis ahora

Este hecho, de que todos los que han pasado por la resurrección y quienes se asociarán con los mortales en la tierra durante el Milenio, proporcionando la información necesaria para que pueda completarse la obra, no se debe impedir a los santos de hacer todo lo que puedan antes de ese tiempo. El Señor nos ha mandado que vayamos con todo nuestro poder y hagamos esta obra por nuestros muertos sin ninguna espera. En efecto, dijo que la Iglesia sería rechazada si no se hiciera este trabajo. ¿Por qué sería rechazada? Sencillamente porque nosotros —los miembros de la Iglesia— no podemos perfeccionamos sin nuestros muertos, quienes también tienen derecho a las bendiciones. Póngase en el lugar de uno que está muerto y ansiosamente esperando que las ordenanzas sean efectuadas; ¿querría usted que su hijo o su hija, o nieto, o nieta esperara y pospusiera la obra que le traería a usted la libertad de la prisión? Entonces haga lo que pueda ahora para que sus padres puedan ser bendecidos con el privilegio de la plenitud del evangelio.

Capítulo 46 — Inmortalidad — resurrección de la muerte