El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 12

Libro de Memorias y Registros

Entonces los que temían a Jehová hablaron, cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito un libro de memorias delante de él para los que temen a Jehová y para los que piensan en su nombre.—Malaquias 3:16.

¡Cuán inútil es el hombre sin la direc­ción del Señor! ¡Cuán necios son sus pen­samientos! Sin inspiración divina el hom­bre cae en el hoyo y es tomado en la tram­pa. Todos sus caminos son tinieblas, y es confundido y puesto en vergüenza.

Bueno y recto es Jehová; por tanto, él enseñará a los pecadores el camino.
Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su camino.
Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad para los que guardan su convenio y sus testimonios. — Salmos 25: 8-10.

Nos hemos referido a muchas teorías que son propuestas para explicar el ori­gen del Lenguaje. Los hombres han gasta­do años de seria reflexión tratando de descubrir cómo las cuerdas vocales y la­ringe fueron desarrolladas en el hombre. Explicación tras explicación ha sido adelantada en un intento de iluminarnos en cuanto a los métodos por los cuales se des­arrolló el lenguaje.

Adán enseñado a leer y a escribir

Mientras Adán y Eva estuvieron en el Jardín del Edén fueron enseñados a con­versar en el lenguaje del Padre. La Biblia nos dice que el Señor conversaba con Adán. No podría haber hecho esto si no se hubiese enseñado a Adán a compren­der sus palabras. Además, este lenguaje no era una manera imperfecta de hablar, tal como la que tenemos ahora. Era el lenguaje de seres celestiales. No sólo pu­do Adán, el primer hombre, hablar, pero también se le enseñó a leer y a escribir. Del Libro de Moisés obtenemos una infor­mación amplia de estos hechos.

Así dicen las escrituras:

Entonces empezaron estos hombres a invocar el nombre del Señor, y el Señor los bendijo;
y se llevaba un libro de memorias, en el cual se escribía en el lenguaje de Adán, porque a cuantos invocaban a Dios les era concedido escribir por el espíritu de inspiración;
y poseyendo un lenguaje puro y sin mezcla, enseñaban a sus hijos a leer y a escribir.
Ahora bien, este mismo Sacerdocio que existió en el principio, existirá también en el fin del mundo.
Adán declaró esta profecía al ser inspirado por el Espíritu Santo, y se guardaba una genealogía de los hijos de Dios. Y este era el libro de las generaciones de Adán, y decía: El día en que Dios creó al hombre, a semejanza de Dios lo hizo;
a imagen de su propio cuerpo, varón y hembra los creó, y los bendijo y les dio a ellos el nombre de Adán, el día en que fueron creados, y llegaron a ser almas vivientes en la tierra sobre el estrado de los pies de Dios.—Moisés 6:4-9.

Este libro antiguo de memorias y re­gistro genealógico de los hijos de Dios, el cual contenía las generaciones de Adán, tenía por objeto que se preservara y pa­sara de una generación a otra. La iglesia guardaba estos registros. Aquellos cuyos nombres se hallaban en el libro eran cono­cidos como los hijos de Dios. Se les daba este título, porque se habían bautizado y habían hecho un convenio con el Señor. ¡Qué cosa tan gloriosa habría sido si los hombres hubieran permanecido fieles por todas las edades, y se hubiera entregado este maravilloso registro de padre a hijo sin interrupción! No obstante, mientras Jos hombres fueron fieles a sus convenios, permaneció este libro de memorias entre ellos, y se registraban en el los nombres de los justos.

Cuando Enoc salió de la tierra de Cainán a predicarles a aquellos que habían rechazado el evangelio, llevó consigo el conocimiento de este libro de memorias que era de gran valor para él. Estas son las palabras que él pronunció a la mul­titud:

Enoc continuó sus palabras, diciendo: El Señor que habló conmigo es el Dios del cielo; y es mi Dios y vuestro Dios, y vosotros sois mis hermanos; y, ¿por qué os aconsejáis vosotros mismos y negáis al Dios del cielo?
Él hizo los cielos; la tierra es el estrado de sus pies; y suyo es el fundamento de ella. He aquí, él la estableció, y ha traído una hueste de hombres sobre la faz de ella.
Y la muerte ha venido sobre nuestros padres; no obstante, los conocemos, y no podemos negar, y conocemos aun el primero de todos, sí, Adán.
Porque hemos escrito un libro de memorias entre nosotros, de acuerdo con el modelo dado por el dedo de Dios; y se ha dado en nuestro propio idioma. — Moisés 6:43-46.

De esta manera Enoc presentó la evi­dencia a los descarriados que el Padre ha­bló a Adán. De alguna manera este libro de memorias (y quizá otros registros) llega­ron a manos de Noé, y, después del dilu­vio, a Abrahán, Noé enseñó a la gente las instrucciones que había recibido de Enoc y los patriarcas.

Abrahán tuvo los Registros de sus Padres

Abrahán tuvo registro semejante, co­mo aprendemos de su propia pluma, por­que dijo:

Pero el Señor mi Dios preservó en mis propias manos los anales de los padres, sí, los patriarcas, concernientes al derecho del sacerdocio; por tanto, he guardado hasta el día de hoy el conocimiento del principio de la creación, y también de los planetas y de las estrellas, tal como se dio a conocer a los patriarcas; y trataré de escribir algunas de estas cosas en este relato para el beneficio de mi posteridad que vendrá después de mí.—Abrahán 1:31.

Por estas palabras descubrimos que el libro que revelaba los escritos de Adán y los patriarcas había sido preservado en la mano de Abrahán. Además aprendemos de Abrahán que los patriarcas, aun des­de los días de Adán, no eran ignorantes de la forma de la tierra, los planetas y su relación con las estrellas. No fué hasta des­pués de la pérdida de estos libros y el re­chazamiento de la revelación que la ig­norancia y la obscuridad espiritual tomó poder sobre las mentes y las almas de los hombres. Si el género humano hubiese se­guido adorando al Señor, se habría conti­nuado a escribir sus nombres en el libro de memorias que guardaban los profetas, y el conocimiento de las cosas de Dios ha­bría continuado en el mundo hasta hoy.

Moisés sabía del Libro de Memorias

En los días de Moisés se guardaba un libro de memorias, y cuando el gran pro­feta le rogó al Señor que quitara su ira de sobre el pueblo dijo así: “Entonces volvió Moisés ante Jehová y le dijo: ¡Ay! Este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro.

Perdona ahora su pecado, y si no, te ruego que me borres ahora de tu libro que has escrito.

Y Jehová respondió a Moisés: Al que peque contra mí, a este borraré yo de mi libro”.—Exodo 32:31-33.

Malaquías es citado por el Salvador

A estos primeros tiempos se refería Malaquías, y se consideraba de tanta im­portancia su profecía que el Señor la re­pitió a los nefitas como sigue:

Entonces los que temían al Señor hablaron a menudo, cada uno a su compañero; y el Señor escuchó y oyó; y fue escrito un libro de memorias delante de él para aquellos que temían al Señor y pensaban en su nombre.
Y serán míos, dice el Señor de los Ejércitos, el día en que yo integre mis joyas; y los perdonaré como el hombre que perdona a su hijo que le sirve.
Entonces vosotros os volveréis y discerniréis entre los justos y los malos; entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.—3 Nefi 24:16-18.

Un Registro de los Fieles

Por estas palabras de Malaquías se nos instruye y nos muestra la importancia de reunirnos a menudo para oír del Señor y para adorarle. Los santos de la antigüe­dad “hablaban a menudo, uno al otro” y “pensaban en su nombre”. Por esta justi­cia no serían desechados, y habrían de ser conservados como un “padre conserva a su propio hijo que le sirve”. ¡Qué lección tan importante hay aquí para aprender nos­otros! ¿No estamos tratando de hacer nues­tras reuniones más fáciles para la gente porque a ellos no les gusta reunirse “a menudo” para hablar uno al otro y para recibir instrucciones y para pensar en el nombre del Señor? Estemos advertidos, no sea que nuestros nombres no se en­cuentren en el “Libro de la Vida” del Cor­dero, el cual es el libro de memorias. Es aquel que “vence” que será encontrado digno. Además, el Señor dijo al Profeta José Smith:

Y todos aquellos cuyos nombres no estén asentados en el libro de memorias, no hallarán herencia en aquel día, antes serán desarraigados y se les señalará su porción entre los incrédulos, en donde es el lloro y el crujir de dientes.—D. C. 85:9.

El Libro de la Ley del Señor

José Smith guardaba un libro de me­morias, que se llamaba el “Libro de Ley del Señor”, en el cual registraba los nom­bres de aquellos que habían sido valien­tes en el testimonio de Jesús. Es de suma importancia para nosotros, como miem­bros de la Iglesia, que estén nuestros nom­bres registrados en el “Libro de la Vida” del Cordero, o el libro de memorias, mos­trando que somos dignos de honra, gloria y vida eterna. Vamos a ser juzgados por lo «pie esté escrito en los libros. “Escribid las obras de este pueblo de lo que habrá aun como lo que ha habido se ha escrito ya”, dijo el Señor a los nefitas, “Porque, he aquí, que por los libros que se han es­crito y por los que se escribirán, será juz­gado este pueblo, porque, por los libros, serán sus obras conocidas de los hombres. He aquí, que todas las cosas han sido es­critas por el Padre; por tanto, el mundo será juzgado según lo que se halle escrito en los libros”. (3 Nefi 27.24-26). ¡Cuán necesario es que los registros que se guar­dan en la tierra correspondan con los que se guardan en el cielo! Os suplico, que ca­da uno de nosotros vea que se encuentren nuestros nombres en el Libro de Memorias del Padre entre aquellos que se encontra­rán dignos en el día de la segunda venida de Cristo.

Capítulo 13 El Convenio del Señor con Abrahán