El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 2

Entre dos velos

Recientemente un dibujante de caricaturas pintó a un hombre en esta vida mortal como un vagabundo solitario andando a tientas desconcertado por una vereda angosta entre dos grandes velos. El de atrás llevaba la inscripción dudosa, “Antes de nacer”, ¿QUE?” El que estaba adelante decía, “Después de morir, ¿QUE?”

Acompañando la caricatura había un artículo declarando que el hombre no sabe nada acerca de la existencia antes del nacimiento, y que cuando se acaba la vida mortal forzosamente tiene que entrar al reino de misterio, del cual ningún hombre tiene conocimiento.

El doctor Santiago R. Nichols ha dicho: “Los seres humanos se encuentran viviendo sobre un cuerpo planetario que está girando por el espacio, pero de donde vienen es un misterio desconocido. Salvo en las crónicas hebreas, ningún libro, tan antiguo que sea, ofrece cualquier registro del génesis del hombre digno de considerarse; y ningunos dibujos en piedras ni metales, ninguna inscripción en ninguna parte del mundo, nos da una llave para la solución del problema obscuro del origen de la raza humana. Aquellos visitantes extraños de los espacios celestiales los meteoritos, que son proyectados deslumbrantes de calor a la superficie de la tierra, nos pueden dar una respuesta tan presto como los filósofos más estudiados”.

—De donde, Qué, Adonde, p. I.

El poeta lo ha dicho de esta manera:

Un tiempecito de amar y reír,
De luz y vida, placer y llorar,
Y horror de tinieblas que van a seguir,
Y el cuerpo a polvo a retornar.
Pues la vida menor será la mayor,
Juntaránse el que odia y el amador.
Y viene el fin, queriendo o no,
Y nadie sabrá si perdió o ganó.

De manera que podríamos seguir presentando los pensamientos de los hombres acerca de la vida y la muerte y lo que fué antes y lo que será después.

Una vista más animosa

Aunque es verdad que todos eventualmente tendremos que pasar por el misterio de la tumba, “de donde ningún viajero puede regresar” como lo explica Lehi, sin embargo, según las misericordias del Señor, sí tenemos una vista más brillante y con más esperanza que la que es expresada por los que no están guiados por el espíritu del evangelio.

Hay mucho que sabemos acerca de la vida antes de nuestro nacimiento en la mortalidad. Hay mucho que entendemos con respecto a la vida que seguirá la disolución del cuerpo. “Si en esta vida solamente esperamos en Cristo”, dice Pablo, “los más miserables somos de todos los hombres”. Todos los hombres aman la vida; es el gran don de Dios a toda criatura. Aun los insectos pelearán por la vida y se protegerán de sus enemigos. El deseo de vivir es un don inherente que viene de Dios; ni es confinado este deseo a la existencia mortal. Es verdad que hay algunos que tienen la esperanza que no haya vida después de la muerte; pero solamente, podemos decir sin peligro, los corruptos quienes temen el castigo de sus prácticas malas. Para aquellos que viven en justicia, las palabras de Ruskin son entendibles: “No hay riqueza sino la vida —vida, incluyendo todos sus poderes de amor, gozo, y admiración”. Montgomery expresa el deseo de vida inmortal en estas palabras:

¿Quién hay de los que han existido
Que dejaría de existir?
Más ¿quién podría donde ha vivido,
Volver otra vez a vivir?

Una vez vivimos en la presencia de Dios

Cuando Adán fué puesto sobre esta tierra todo su conocimiento anterior le fué quitado. Sin embargo el Señor nos ha hecho saber que Adán vivió antes y tuvo experiencias como Miguel, el gran príncipe, quien fué escogido para ser el primero de la raza humana sobre esta tierra como el Anciano de Días. Nosotros, también, tuvimos experiencia y vivimos en la presencia de Dios, donde anduvimos por vista. Cuando venimos a este mundo, nosotros, en una manera semejante, olvidamos todo y tuvimos que empezar de nuevo. En esta vida hemos de andar por fe, no por vista, y las bendiciones de estar en la presencia del Señor nos son negadas.

Hoy es nuestro día de probación

A pesar de esto, y la cerrada de los velos en ambos lados de nosotros, el Señor en su misericordia y cuidado para con nosotros nos ha mandado desde su presencia, mensajeros para darnos la instrucción necesaria para que podamos, si somos fieles, regresar eventualmente a su presencia. Si somos infieles ni deseamos escuchar la voz de sus mensajeros ni buscar el guiamiento de su Santo Espíritu, que él ha prometido dar a todos los que le buscan diligentemente, entonces nos quedamos sin excusa ninguna. Así como el oro en el crisol hemos de ser probados, más la escoria será echada afuera.

“Mas he aquí, os digo que yo, Dios el Señor, les concedí, a Adán y a su posteridad, que no muriesen, en cuanto a la muerte temporal, hasta que yo, Dios el Señor, enviara ángeles para declararles el arrepentimiento y la redención mediante la fe en el nombre de mi Hijo Unigénito.
Y así, yo, Dios el Señor, le señalé al hombre los días de su probación, para que por su muerte natural se levantara en inmortalidad a la vida eterna, sí, aun cuantos creyeren;
y los que no creyeren, a condenación eterna; porque no pueden ser redimidos de su caída espiritual, debido a que no se arrepienten;”. —D.C. 29:42-44.

No somos dejados, como lo pinta el caricaturista, para andar a tientas desconcertados sin ninguna información que tenemos de lo que fué antes y lo que vendrá después. El conocimiento que tenemos de lo que fué antes y lo que vendrá después proveerá, en parte, los temas para las lecciones futuras.

Capítulo 3 — La herencia de mayor valor