El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 5

El Camino de la Vida

y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare;.— Abraham 3:25.

Que tuvimos una preexistencia y que morábamos en la presencia de nuestro Padre Eterno y su Hijo Jesucristo nos es revelado en las escrituras. Esta doctrina se encuentra en la Biblia, pero, en la forma mutilada en que esta doctrina nos viene ahora por medio de ese volumen, es difícil que lo comprendan otros que no han sido iluminados por otra revelación. Los miembros de la Iglesia son afortunados en este sentido, porque el Señor ha hecho muy claro el principio de la pre-existencia en las revelaciones que han venido por medio del ministerio del Profeta José Smith. Es una doctrina razonable, tal como lo son todos los principios del evangelio. Debe parecer a todos los hombres como una cosa cierta, sin embargo hay muy pocos en el mundo que lo aceptan. Muchos creen que el espíritu es creado aproximadamente o al tiempo de nacer en este mundo. La doctrina de la existencia del espíritu eterno que habita en el tabernáculo mortal es comúnmente creído, y también que el espíritu sigue viviendo después de la muerte del cuerpo. A causa de esta doctrina que es comúnmente aceptado es extraño que haya tan pocas personas que creen que el hombre existía antes de que este mundo fuese formado.

Los Espíritus Fueron Inocentes en el Principio

El poeta Wordsworth obtuvo una mirada inspirada de esta doctrina eterna cuando escribió lo siguiente:

El nacimiento sólo es olvidar;
La estrella que levanta, nuestro ser
Se acostó en otro tiempo a reposar
Y vuelve ya de nuevo al nácar;
Más no en completo olvido,
Ni tampoco tan desnudo,
Que del cielo ha bajado,
Pues con Dios había morado.

Como dice el poeta, hay tiempos cuando breves recuerdos de estos días anteriores vienen a nuestra mente, pero el Señor, por alguna razón buena, nos ha quitado la memoria de ese mundo espiritual. En la presencia del Padre andábamos por la vista. Confiábamos en él y aceptábamos sus consejos y regocijábamos de su presencia y la presencia de su amado Hijo. “Y ahora, de cierto os digo”, dice nuestro Redentor, “yo estuve en el principio con el Padre, y soy el Primogénito; y todos los que por medio de mí son engendrados (i. e. quienes aceptan el evangelio), son participantes de la gloria del mismo, y son la Iglesia del Primogénito. Todos los espíritus de los hombres fueron inocentes en el principio; y habiendo Dios redimido al hombre de la caída, el hombre vino a quedar de nuevo en su estado de infancia, inocente delante de Dios. “—D. C. 93: 21-23, 38.

Anhelábamos por una Plenitud de Gozo

De esta revelación descubrimos que en el principio los “espíritus de todos los hombres fueron inocentes. ¡Qué condición tan feliz habrá sido! Pero no había de continuar para siempre. En verdad, no podríamos gozar de completa felicidad o gozo, porque nuestros espíritus no habían recibido sus tabernáculos de carne por medio de los cuales es posible que lleguen a ser perfectos. El Señor dice: “Porque el hombre es espíritu. Los elementos son eternos, y espíritu y elemento (o reciben una plenitud de gozo”. (Ibid v. 33-34). Así es que era imposible que los espíritus preexistentes recibiesen una plenitud de gozo. Es igualmente imposible que nosotros en esta vida mortal recibamos una plenitud de gozo, porque el espíritu y el cuerpo no están inseparablemente unidos.

El Plan de la Vida Eterna Presentado

Por lo tanto, tuvo que venir un cambio. Las preparaciones fueron hechas por las cuales podríamos pasar por esta probación mortal, recibir tabernáculos de carne para que pudiéramos caminar hacia la perfección. Para llevar a cabo este cambio y para darnos las bendiciones adicionales, era necesario que tuviéramos contacto con el sufrimiento, la tentación y el pecado. En el mundo de los espíritus no podríamos sufrir dolor físico ni comprender las varias condiciones que son peculiares a la vida mortal. Para que pudiéramos obtener el conocimiento de estas cosas era necesario experimentarlas. El Padre, por lo tanto, por medio de su Hijo, nos dio a conocer el plan de salvación. El propósito completo de la existencia nos fué explicado en el gran concilio que hubo en los cielos. Se nos informó que cuando viniéramos al mundo actual tendríamos que sufrir los males de la mortalidad. Entre estos males seríamos probados y tentados solamente aquellos quienes estuvieran dispuestos a guardar los convenios del Señor —los cuales nos serían dados aquí— tendríamos el privilegio de regresar otra vez a su presencia. Se nos dijo que muchos fracasarían porque cederían al pecado y rechazarían los consejos del Padre, porque la exaltación podría venir sólo a aquellos que lo merecieran. El libre albedrío nos sería dado, y por lo tanto cada individuo tendría el privilegio de escoger por sí mismo si guardaría los mandamientos del Señor o si se rebelaría y seguir el pecado. Sin embargo, todos serían recompensados según sus obras y de acuerdo con esto habrían de ser clasificados.

Se nos dice que en este grande concilio, cuando el plan fué presentado, nos regocijamos, “y se regocijaban todos los hijos de Dios”. (Job 38:7) El Salvador, al presentar el plan, dijo “a los que se hallaban con él: Descenderemos, pues hay espacio allá, y tomaremos estos materiales, y haremos una tierra en donde éstos puedan morar; y así los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare. Y a los que guardaren su primer estado les será añadido; y aquellos que no guardaren su primer estado no recibirán gloria en el mismo reino con los que lo hayan guardado; y quienes guardaren su segundo estado, recibirán aumento de gloria sobre sus cabezas para siempre jamás”. —Abraham 3:24-26.

Rebelión en los Cielos

De manera que el plan fué presentado, pero, tristemente, no fué aprobado por todos los espíritus. Lucero, hijo de la mañana, quien tenía un cargo de mucha importancia y responsabilidad, rehusó aceptar el plan. Isaías dice de él: “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucifer, hijo de la mañana! Derribado fuiste a tierra, tú que debilitabas a las naciones.
Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo. Levantaré mi trono por encima de las estrellas de Dios y me sentaré sobre el monte de la congregación, hacia los lados del norte;
 sobre las alturas de las nubes subiré; seré semejante al Altísimo“.—Isaías 14:12-14.

El Señor dio a Moisés un relato más detallado de esta rebelión. Cuando se dio a conocer que el hombre caería y por lo tanto se necesitaría un Redentor. Y el Señor dijo a Moisés:

…Ese Satanás, a quien tú has mandado en el nombre de mi Unigénito, es el mismo que existió desde el principio; y vino ante mí, diciendo: Heme aquí, envíame a mí. Seré tu hijo y redimiré a todo el género humano, de modo que no se perderá ni una sola alma, y de seguro lo haré; dame, pues, tu honra.
Pero, he aquí, mi Hijo Amado, que fue mi Amado y mi Escogido desde el principio, me dijo: Padre, hágase tu voluntad, y sea tuya la gloria para siempre.
Pues, por motivo de que Satanás se rebeló contra mí, y pretendió destruir el albedrío del hombre que yo, Dios el Señor, le había dado, y que también le diera mi propio poder, hice que fuese echado abajo por el poder de mi Unigénito;
y llegó a ser Satanás, sí, el diablo, el padre de todas las mentiras, para engañar y cegar a los hombres y llevarlos cautivos según la voluntad de él, sí, a cuantos no quieran escuchar mi voz.—Moisés 4:1-4.

Este mismo Lucero causó que la tercera parte de las huestes del cielo lo siguieran, y él llegó a ser Perdición, y los que le siguieron son llamados hijos de Perdición porque están en rebelión en contra del Padre y les es negado el privilegio de recibir cuerpos porque no guardaron su primer estado. Judas ha escrito de ellos:

Y a los ángeles que no guardaron su estado original, sino que dejaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, hasta el juicio del gran día;.—Judas 1:6.

Mientras tanto, su misión está aquí en esta tierra, de tentar y probar a la humanidad, y en la amargura de su iniquidad procuran destruir la obra del Señor y conducir las almas de los hombres a la destrucción y la miseria con ellos mismos. Pero su día es corto. Pronto Satanás será atado para que no tenga poder de tentar a ningún ser, (D. C. 101:28). Pero los justos morarán en la presencia del Cordero y serán participantes de la plenitud de su gloria.

Capítulo 6 La Preparación Pre-mortal