El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 41

La resurrección de los justos

“Yo soy la resurrección y la vida; el que en mí cree, aunque esté muerto, vivirá”. Juan 11:25.

La mortalidad interminable no es una bendición

Cuando Jesús, después de su resurrección, se encontró con los apóstoles en la ribera del mar de Galilea, le indicó a Pedro la muerte que éste debía sufrir. Pedro parecía muy ansioso de saber lo que le sucedería a Juan y preguntó: “¿Y éste qué?” Jesús contestó “Si quiero que quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?” De esta afirmación los discípulos entendieron que Juan no iba a morir hasta que Jesús viniera. La contestación que recibió Pedro puede haber dado origen a la tradición del “Judío Errante”, quien recibió la maldición de vagar por la tierra hasta la segunda venida de Cristo. En los libros que han sido escritos por el Dr. Jorge Croly, Eugenio Sue y Lew Wallace, basados en esta vieja tradición, se describe a este errante buscando la muerte que no puede encontrar. Se ha cansado de la mortalidad, todos sus amigos y los que con él se asociaban se han ido; ve otras generaciones ir y venir, pero él se ve obligado a quedarse,  como un castigo.

¿No sería un castigo si se nos obligara a vivir en la mortalidad miles de años, por no decir para siempre, sujetos a los dolores, desilusiones y todas las vicisitudes de la vida mortal? Tal cosa sería tan poco satisfactoria como morirse y no resucitar. Esta vida es un estado probatorio, en el que estamos recibiendo experiencias y preparación como parte de nuestra educación para adaptarnos a la vida eterna. Nos ha sido señalado que por medio de estas experiencias podremos probarnos a nosotros mismos y ser “levantados de inmortalidad a vida eterna”, si es que somos obedientes, para recibir justas recompensas por nuestros hechos. Las Escrituras dicen:

Sé que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá. Y lo hace Dios para que delante de él teman los hombres.
Lo que ha sido, ya es; y lo que ha de ser, ya fue; y Dios restaura lo que ha pasado.” (Ecl. 3:Í4-15).

La resurrección, una parte esencial de la existencia

Si entiendo este dicho correctamente, es que las obras de Dios son eternas. El no creó para aniquilar y destruir. Pensar que nos fueron dados estos tabernáculos mortales simplemente para este pequeño espacio de tiempo entre las eternidades, para ser descartados otra vez, puede ser una doctrina muy popular hoy día, pero no es precisamente cierto.

Nuestros cuerpos nos son dados con un propósito definido y eterno —la unión del espíritu y la materia (carne y huesos) inseparablemente, para que el hombre pueda recibir una plenitud de gozo (D. y C. 88:14, 15 y 93:33-34). En el estado mortal, donde no están inseparablemente unidos, el hombre no puede recibir una plenitud de gozo.

La tierra y toda vida serán resucitadas

Por lo tanto, la resurrección es una parte esencial de la existencia; que vendrá a toda criatura, aun a la tierra misma sobre la que estamos parados, porque el Señor ha dicho:

“Y la redención del alma viene por medio de aquel que vivifica todas las cosas, en cuyo seno se ha decretado que los pobres y los mansos de la tierra la heredarán.

“Por lo tanto, es menester que sea santificada de toda injusticia a fin de quedar preparada para la gloria celestial.

Porque después de haber llenado la medida de su creación, será coronada de gloria, aun con la presencia de Dios el Padre; para que los cuerpos que son del reino celestial puedan poseerla para siempre jamás; porque, para este fin son ellos santificados.

“Y aquéllos que no son santificados por la ley que he dado, aun la ley de Cristo, tendrán que heredar otro reino, ya sea un reino terrestre, o un reino celestial.

“Y además, de cierto os digo que la tierra obedece la ley de un reino celestial, porque llena la medida de su creación y no traspasa la ley. . .

“Así será santificada; sí, a pesar de que morirá, será vivificada, y se sujetará al poder que la vivifica, y los justos la heredarán. . .” (D. y C. 88:17-26)

No sólo será vivificada la tierra, sino que como todas las cosas que existen, existirá, la vida sobre su faz también será vivificada. Estas son las palabras del Señor a José Smith:

“Y además de cierto, de cierto os digo, que cuando hayan terminado los mil años y empezaren de nuevo los hombres a negar a su Dios, entonces perdonaré la tierra por tan solamente un corto tiempo.

“Y entonces vendrá el fin, y el cielo y la tierra serán consumidos y pasarán, y habrá nuevo cielo y nueva tierra.

“Porque todas las cosas viejas pasarán, y todo será nuevo, aun el cielo y la tierra, y toda la plenitud de ellos, tanto hombres como bestias, aves del aire y peces del mar;

“Y ni un pelo ni una mota se perderán, porque todo es la hechura de mis manos”. (D. y C. 29:22-25).

Una doctrina enseñada desde el principio

La doctrina de la resurrección ha sido entendida desde el principio, no obstante que en el Viejo Testamento muy poco se menciona en los primeros escritos. Cuando el evangelio le fué enseñado a Adán, se nos informa que él fué lleno del Espíritu Santo y empezó a profetizar, diciendo “Bendito sea el nombre de Dios, porque a causa de mi transgresión se han abierto mis ojos y tendré gozo en esta vida y de nuevo veré a Dios en la carne”. (Moisés 5:10). Adán y Eva oyeron todas estas cosas y dijeron: “Si no hubiese sido por nuestra transgresión, jamás habríamos tenido simiente, ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los obedientes (Moisés 5:11). El Señor dijo a Enoc: “Y enviaré justicia desde los cielos y haré brotar la verdad de la tierra para testificar de mi Unigénito; su resurrección de los muertos, sí, y también la resurrección de todos los hombres. (Moisés 7:62)

Job entendió esta doctrina de la resurrección y dio testimonio de ella. Desafortunadamente hoy en día los comentaristas y traductores de la Biblia están tratando de destruir sus palabras y hacerlas que digan lo contrario del significado que Job quería darles. Job dijo:

“Yo sé que mi Redentor vive, y que al final se levantará sobre el polvo.
Y después de deshecha esta mi piel, aún he de ver en mi carne a Dios,
a quien yo veré por mí mismo; y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón se consume dentro de mí.” (Job 19:25-27).

Vosotros viviréis

El Señor enseñó la doctrina de la resurrección a Ezequiel en la manera más positiva. La historia se relata en el capítulo 37. En visión, Ezequiel vio un valle de huesos secos, los huesos de Israel. El Señor le preguntó si podían vivir, y en seguida contestó la pregunta. Esta es la contestación:

“Así ha dicho el Señor Jehová a estos huesos: He aquí yo hago entrar espíritu en vosotros y viviréis.

“Y pondré nervios sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis; y sabréis que yo soy Jehová”. (Ezequiel 37:5 y 6).

En visión, Ezequiel profetizó estas palabras sobre los huesos, y los vio juntarse y cubrirse de carne, y un gran ejército de hombres ponerse de pie. Entonces el Señor dijo que estos eran toda la casa de Israel. “He aquí, ellos dicen: Nuestros huesos se secaron y apareció nuestra esperanza y somos del todo talados”. Muchos han tratado de interpretar esta visión, como referente al arrepentimiento del desobediente Israel, diciendo que no se refiere a la resurrección de los muertos; pero el Señor es muy enfático en su indicación a Ezequiel. No puede haber duda de su significado tan claramente manifiesto:

El Señor dijo a Ezequiel:

“Por tanto, profetiza y diles: Así ha dicho el Señor Jehová: He aquí, yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel.

“Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abriere vuestros sepulcros y os sacare de vuestras sepulturas, pueblo mío.

“Y pondré mi espíritu en vosotros y viviréis, y os haré reposar sobre vuestra tierra; y sabréis que yo, Jehová, hablé, y lo hice, dice Jehová”. (Ezequiel 37:12-14).

Daniel también vio la resurrección y dijo: “Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua”. (Dan. 12:2).

Todos los que están en los sepulcros se levantaran

Esto concuerda, de cierto os digo: Vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que oyeren vivirán.

”No os maravilléis de esto; porque vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz.

“Y los que hicieron bien, saldrán a resurrección de vida, más los que hicieron mal, a resurrección de condenación”. (Juan 5:25-29).

Esta promesa se cumplió cuando Cristo fué a los espíritus encarcelados y les enseñó.

Muchos santos se levantaron

Después de su resurrección, Mateo un testigo presencial, nos informa:

Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló y las rocas se partieron;
y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido se levantaron;
y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de Jesús, vinieron a la santa ciudad y se aparecieron a muchos.” (Mateo 27:51-53).

En este hemisferio occidental, similares escenas tuvieron lugar. Después de la resurrección de Cristo los cuerpos de muchos santos se levantaron y salieron de los sepulcros y se aparecieron a muchos. (Véase 3 Nefi 23:7-13).

La resurrección a la venida de cristo

Esa fué la primera resurrección sobre esta tierra, pero puesto que ya pasó, hablamos ahora de la resurrección que tendrá lugar a la venida de Cristo como la primera resurrección. Será primera para nosotros. En el Libro de Mormón y las Doctrinas y Convenios, hemos recibido información muy definida respecto a la resurrección. Araulek y Alma nos dan una de las declaraciones más claras en los capítulos 11 y 12 del Libro de Alma. Puesto que es fácil consultarlos y leer sus palabras, no las citaremos aquí. Alma también enseñó esta doctrina en sencillez a su hijo Coriantón (Capítulos 39-42).

En estos días el Señor todavía ha ampliado más la explicación de esta doctrina a la Iglesia.

Condiciones durante el milenio

Cuando Cristo venga, los santos que estén en la tierra serán transformados y llevados en lo alto a encontrarlo. Esto no quiere decir que aquellos que estén viviendo en la mortalidad en ese tiempo serán transformados para recibir la resurrección, ya que los mortales deben permanecer sobre la tierra hasta después de que los mil años hayan terminado. Sin embargo, todos los que queden sobre la tierra experimentarán una transformación; serán vivificados para que no estén sujetos a morir hasta que alcancen una edad avanzada. Los hombres morirán cuando tengan cien años de edad, y el cambio al estado inmortal se efectuará repentinamente. No se harán sepulcros durante estos mil años, y Satanás no tendrá poder para tentar a ningún hombre. Los niños crecerán como “becerros del pesebre” en justicia, es decir, sin pecado o las tentaciones que tanto prevalecen hoy día. Aun el reino animal experimentará un gran cambio, porque la enemistad de la bestia desaparecerá como ya hemos dicho. “No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte”, porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como cubren la mar las aguas”. (Isaías 11:9).

No dormirán en el polvo

Explicando este glorioso día el Señor nos ha dado lo siguiente:

“Y el que viva cuando el Señor venga, y haya guardado la fe, bendito es; sin embargo, le es señalado morir a la edad del hombre.
Por tanto, los niños crecerán hasta envejecer; los ancianos morirán; mas no dormirán en el polvo, antes serán cambiados en un abrir y cerrar de ojos.
Así que, por esta causa los apóstoles predicaron al mundo la resurrección de los muertos”. (D. y C. 63:50-52).

y en ese día Satanás no tendrá poder para tentar a ningún hombre;
y no habrá pesar, porque no habrá muerte.
En ese día el niño no morirá sino hasta que sea viejo; y su vida será como la edad de un árbol;
y cuando muera, no dormirá, es decir, en la tierra, mas será transformado en un abrir y cerrar de ojos; y será arrebatado, y su reposo será glorioso”. (D. y C. 101:28:31).

Isaías también dice que la edad del hombre o la edad de un árbol, es cien años, y agrega su testimonio como sigue:

“No habrá más allí niño de días ni anciano que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito.” (Isaías 65:20).

Las primicias

El día en que Cristo venga, los justos “que han dormido en sus sepulcros saldrán, porque sus sepulcros serán abiertos; y ellos también serán arrebatados para recibirlo en medio del pilar del cielo”, si han guardado los mandamientos del Señor, porque. . .

“Ellos son de Cristo, las primicias, los que descenderán con él primero, y los que se encuentran en la tierra y en sus sepulcros, que son los primeros en ser arrebatados para recibirlo; y todo esto por la voz del son de la trompeta del ángel de Dios.” (D. y C. 88:98)

Los que reciben esta bendición son aquellos que han guardado los convenios del evangelio. Es su privilegio recibir a Cristo a su venida en las nubes del cielo.

Los que son de cristo a su venida

Entonces se cumplirá la parábola de las diez vírgenes, y muchos miembros de la Iglesia, quienes no han guardado la ley, serán encontrados indignos en ese día. Después de que el primer ángel suene la trompeta, una segunda trompeta sonará, “y entonces viene la redención de aquellos que son de Cristo a su venida; quienes han recibido su parte en esa prisión que está preparada para ellos, para que puedan recibir el evangelio y ser juzgados de acuerdo con los hombres en la carne”. Estos serán aquellos que no son tan dignos como los que son arrebatados a recibirlo. Entonces habrá una tercera trompeta y llamará a los espíritus de los hombres que van a ser juzgados y encontrados bajo condenación. Estos no reciben la resurrección, ni viven otra vez hasta que los mil años hayan pasado; y de esta manera será introducido el reino de Cristo sobre la tierra por mil años, en que la maldad será exterminada de la tierra.

Capítulo 42 — La resurrección de los injustos