El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 20

Las ovejas dispersas del redil

He aquí, estos vendrán de lejos; y, he aquí, otros del norte y del occidente, y estos de la tierra de Sinim.—Isaías 49:12.

El nombre de “Israel” se dió a Jacob cuando el Señor le apareció en Padan-Aaram y le bendijo diciendo: “No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel.” Se dice que el significado de este nom­bre es “soldado de Dios,” pero con la misma propiedad se podría decir “sier­vo de Dios.” Por preferencia divina las promesas que se hicieron con Abrahán se continuaron por medio de Israel, y todos los descendientes de Jacob tomaron sobre sí el nombre de Israel y fue­ron conocidos durante su historia como Israelitas. Mediante Israel permanecie­ron los derechos del sacerdocio y des­cendieron de generación a generación.

Por qué Israel llegó a ser el pueblo del Convenio

Son muchas las razones para haberse escogido una nación especial para poseer el sacerdocio y ser favorecidos con les oráculos de la verdad. Es consis­tente así como razonable que él Señor llamara a tal pueblo y les confiriese favores especiales, cuando todo el res­to de la humanidad rechazaren su pala­bra. Por medio de este pueblo escogido el Señor reservó el derecho de enviar a la tierra un linaje escogido de espíritus fieles quienes merecieron favores espe­ciales basados en la obediencia en la preexistencia. Además, el escogimiento de una raza especial, confiriendo sobre ella convenios y obligaciones peculia­res, las cuales otras naciones no guar­darían, tuvo el efecto de segregar es­ta raza de las demás. Si no se hubiese dado un convenio especial o práctica peculiar a Israel, con el mandamien­to estricto de no mezclarse con otros pueblos, con el transcurso de pocos años Israel se habría desaparecido como na­ción. Aun así requirió años de instruc­ción y dirección constante por parte de profetas divinamente nombrados para impresionar sobre el pueblo el carácter sagrado de su llamamiento especial. Además, tuvieron que sufrir por la transgresión del rey y el quebrantamiento de los convenios, ser azotados y sufrir el cautiverio antes de que pudie­ran aprender su lección.

Las Diez Tribus conducidas Afuera

Las Diez Tribus fueron sacadas por la fuerza de la tierra que el Señor les había dado. Muchos de ellos se mez­claron con los pueblos entre quienes fueron dispersados. Sin embargo, una gran parte de ellos, partieron en un grupo hacia el norte y desaparecieron del resto del mundo. A dónde fueron y en dónde se encuentran, no sabemos. Debemos creer que están intactos, o de otra manera, ¿cómo se cumplirían las escrituras? Hay tantas profecías acer­ca de ellos y su regreso en un cuerpo, que no podemos ignorar este hecho. El élder Orson F. Whitney, escribiendo acerca de esto dijo:

Algunos afirman que las tribus per­didas de Israel—las que fueron lleva­das al cautiverio aproximadamente en el año 725 antes de Cristo—ya no son un pueblo distinto; que sólo existen en una condición dispersa, mezcladas con las naciones entre las cuales fueron llevados por sus conquistadores, los asi­rlos. Si esto fuese cierto, y esas tribus no se encontraban intactas al tiempo en que José y Oliverio recibieron las llaves de la congregación, ¿por qué se hizo referencia tan directa a “la con­ducción de las diez tribus, del país del norte?’’ Esto, también, después de una alusión general a “la congregación de Israel de las cuatro partes de, la tierra.” ¿Qué necesidad hay de hacer distinción en cuanto a las Diez Tribus, si ya no son un pueblo distinto? Y, ¿por qué hacen mención especial nuestros Artícu­los de Fe de esas tribus?—Saturday Night Thoughts, pág. 174.

Se entregan las llaves de la Congregación

Ya se ha hecho mención de la decla­ración del Profeta José Smith de que Juan el Revelador se encontraba en ese tiempo (1831) entre las Diez Tribus preparándolas para su venida a los hijos de Efraín para recibir sus bendicio­nes. (Temas Fundamentales de la His­toria de la Iglesia, pág. 126.) Las lla­ves de la congregación de Israel, inclu­yendo el regreso de las Diez Tribus del norte, fueron entregados a José Smith y Oliverio Cowdery por Moisés en el Templo de Kirtland, el día 3 de abril de 1836. José Smith registra esta visi­tación en estas palabras: “…los cie­los de nuevo se abrieron ante nosotros. Se nos manifestó Moisés, y nos entre­gó las llaves de la congregación de Is­rael de las cuatro partes de la tierra, y de la conducción de las diez tribus, del país del norte,”

Visitadas por el Señor

Estas tribus perdidas se encontraban en un cuerpo en alguna parte cuando el Salvador visitó a los nefitas en este continente. Creemos que las visitó y es­tableció su Iglesia entre ellos con una organización similar a la que dió a los nefitas. Ellos tuvieron sus profetas y guardaron un registro. Esto es lo que dice el Señor acerca de ellos:

Vosotros (los discípulos nefitas) sois mis discípulos, y sois una luz para es­te pueblo, que es un resto de la casa de José.
Y, he aquí, éste es el país de vuestra herencia; y el Padre os lo ha dado.
Y jamás el Padre me ha dado ningún mandamiento para que lo comunique a vuestros hermanos en Jerusalén.
Ni tampoco en cualquier tiempo me ha dado el Padre mandamiento para que les diga acerca de las otras tribus de la casa de Israel, que el Padre ha con­ducido afuera del país. .. .
Y en verdad os digo, otra vez, que el Padre ha separado de ellos a las otras tribus; y es a causa de su iniquidad que no saben de ellas. .. .
Y en verdad, en verdad, os digo que tengo otras ovejas que no son de este país, ni de la tierra de Jerusalén, ni de ninguna de las partes de aquel país in­mediato, en donde estuve yo ministran­do.
Porque aquéllos de quienes hablo son los que todavía no han oído mi voz; ni yo en ningún tiempo me he manifesta­do a ellos.
Mas he recibido un mandato del Pa­dre de que yo vaya a ellos, para que oigan mi voz, y vengan a ser nombrados entre mis ovejas, para que no haya más que un redil, y un pastor; por tanto, voy a manifestarme a ellos.— 3 Nefi 15:12-20 y 16:1-3.

Se tendrán sus Registros

Nefi sabía de las Tribus Perdidas porque aprendió de ellas por medio de revelación, y el Señor le dijo:

Porque he aquí, hablaré a los judíos, y lo escribirán; y hablaré también a los nefitas, y estos lo escribirán; y también hablaré a las otras tribus de la casa de Israel que he conducido lejos, y lo escribirán; y también hablaré a todas las naciones de la tierra, y ellas lo escribirán.
Y acontecerá que los judíos tendrán las palabras de los nefitas, y los nefitas tendrán las palabras de los judíos; y los nefitas y los judíos tendrán las palabras de las tribus perdidas de Israel; y estas poseerán las palabras de los nefitas y los judíos.— 2Nefi 29:12-13.

Parte de esta profecía se cumplió cuando se dió a luz el Libro de Mor­món. Aun no ha llegado el tiempo pa­ra que se den a conocer las escrituras de las Tribus Perdidas, pero esto pron­to ha de suceder.

El Milagro de la identidad Judía

Los judíos han permanecido como un pueblo distinto desde el principio de su historia. Se ha referido a ellos como el gran milagro, dando evidencia de la di­vinidad de las escrituras. Han sido y son un gran milagro, ¿Por qué han permanecido como un pueblo intacto y distinto mientras han estado dispersos entre las naciones? El hecho de que han permanecido como una raza distin­ta, manteniendo sus costumbres religio­sas, mientras han estado dispersos sobre toda la tierra, es una evidencia de la veracidad de la profecía. A causa del desagrado del Padre que vino sobre ellos por haber rechazado a su Reden­tor y su evangelio, y por haber deman­dado la muerte de su Rey, trajeron so­bre sí el odio de todo pueblo. Pero aun este odio se hubiera desaparecido, si Je­sús no hubiese sido el Cristo, y si el castigo del Todopoderoso no hubiese pesado sobre ellos.

En el pasado los Cristianos no han sido los únicos que se han rehusado a asociarse con ellos, y que los han per­seguido. Ciertamente han sido objeto de escarnio y de burla entre todas las naciones. Su adhesión estricta a la ley judaica, como es interpretada por los rabíes que se fijan sólo en la letra de la ley, y la idea que se les ha enseñado de que ellos, y solamente ellos, son el pueblo escogido de Dios, han sido los factores principales en su segregación hasta el tiempo actual. Se .debe admi­tir que los judíos como pueblo se des­tacan como una de las evidencias más grandes como prueba de los convenios que hizo el Señor con Abrahán. Y, ade­más, es la voluntad del Señor que per­manezcan separados, y así se encontra­rán a la segunda venida de nuestro Se­ñor. Si estas cosas no fuesen ciertas, v si Jesús no fuese el Cristo, a quien los judíos condenaron, gritando: ‘‘Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nues­tros hijos,” hubieran dejado de existir como una raza distinta hace siglos En la actualidad son un milagro palpable en su condición dispersa, testificando en silencio del convenio con Israel y de la divinidad de Jesucristo, aunque ellos mismos no creen en él.

Juntando los desterrados de Israel

Está amaneciendo un día mejor pa­ra el judío y para el lamanita. El tiem­po predicho por los antiguos profetas ahora está a la mano cuando el Señor extenderá su mano para reunirlos. Las palabras de Isaías ahora están cum­pliéndose:

Y acontecerá en aquel día que la raíz de Isaí, la cual estará puesta como estandarte a los pueblos, será buscada por las naciones; y el lugar de su descanso será glorioso.
Asimismo, acontecerá en aquel día que el Señor pondrá otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo que haya quedado de Asiria, y de Egipto, y de Patros, y de Etiopía, y de Elam, y de Sinar, y de Hamat y de las islas del mar.
Y levantará estandarte a las naciones, y juntará a los desterrados de Israel y reunirá a los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra.—Isaías 11:10-12.

Desde que se estableció el mandato británico en la Palestina, los judíos han estado regresando. Ha sido quita­da la maldición del país y antes de que pasen muchos años de nuevo serán dignos de entrar en convenio con el Señor. Los propósitos del Señor están cumpliéndose rápidamente y pronto gran­des eventos se verificarán relacionados con el cumplimiento de estas promesas hechas con Judá y Efraín, en los cua­les también se consideran los lamani­tas en este país.

Capítulo 21 El evangelio prometido a los gentiles