El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 46

Inmortalidad — resurrección de la muerte

“Porque, he aquí, esta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre.” Moisés 1:39.

El presidente José F. Smith ha dicho: “Se nos llama seres mortales porque hay en nosotros semillas de muerte, pero en realidad somos seres inmortales porque también hay dentro de nosotros el germen de vida eterna.” Hemos aprendido que es el propósito del Señor restaurar, en la resurrección, toda vida, tanto de “hombres y bestias como las aves del aire y los peces del mar.” Esta es una verdad muy consoladora que da a conocer la grandeza del amor de nuestro Padre, y su infinita misericordia, porque no obstante que sus hijos generalmente se rebelan contra él, aun así, como Isaías, “la mano del Señor no está encogida que no pueda salvar. “Él ha proveído una salvación para todos sus hijos, excepto aquellos que voluntariamente se rebelan contra él después de haber participado de la luz, y todos se levantarán en la resurrección para no padecer jamás la muerte corporal. La misericordia del Señor se extiende aun hasta la caída, y la resurrección trae a todos la reunión del cuerpo y el espíritu, para ya no separarse jamás ni ver corrupción. De esta manera todos los hombres son bendecidos con existencia inmortal. El último enemigo que será destruido, dijo Pablo, es la muerte. Después de que la muerte sea destruida, Cristo entregará el reino al Padre, porque habrá terminado su obra (1 Cor. 15:24-28). Sin embargo, no todos los que participan de la bendición de inmortalidad obtendrán la bendición de vida eterna. Las escrituras señalan muy claramente una diferencia. La inmortalidad es el don de Dios por medio de Jesucristo a todos los hombres; por el cual se levantan en la resurrección para no morir jamás, ya sea que le hayan obedecido o rebelado contra él. Este gran don es de ellos; aun los malvados lo reciben por la gracia de Jesucristo y tendrán el privilegio de vivir para siempre, pero tendrán que pagar el precio de sus pecados en tormento con el diablo antes de ser redimidos.

La vida eterna mayor que la inmortalidad

La vida eterna es una bendición especial concedida a cierta clase a causa de su obediencia a los mandamientos de Dios. Es el más grande de todos los dones de Dios. (D. y C. 14:7) Aquellos que lo reciben “son ricos”, porque obtienen las riquezas de la eternidad, pero esto sólo mediante el caminar por la puerta y el camino estrecho. Esta distinción entre la vida eterna, que es recibida por los fieles y la inmortalidad, obtenida tanto por los fieles como por los infieles, se muestra en las palabras del Señor a Moisés: “Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria, llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre.” La conjunción, claramente separa los dos pensamientos. Explica que el Señor está dando a la vasta mayoría de los hombres, aquellos que no quieren ser obedientes, la bendición de la inmortalidad, y a aquellos que quieren servirle, la bendición de la vida eterna. Este pensamiento se expresa aun más claramente en la palabra del Señor a José Smith: “y así fué que yo. Dios el Señor, le señalé al hombre los días de su probación para que por su muerte natural pudiera ser levantado en inmortalidad para vida eterna, aun cuantos creyeren. Y los que no creyeren, a la condenación eterna; porque no pueden ser redimidos de su caída espiritual, porque no se arrepienten.” (D. y C. 29:43-44).

“¿Que haré para heredar la vida eterna?”

Cuando el gobernante le preguntó a Jesús “Maestro Bueno, que haré para heredar la vida eterna?”, Jesús contestó que debía guardar los mandamientos, nombrándolos. De nuevo en sus instrucciones respecto al juicio (Mateo 25:31-46), dijo, “E irán éstos al tormento eterno, y los justos a la vida eterna”.

Tormento eterno no quiere decir que no podrán ser perdonados cuando se arrepientan; pero ¿no es un tormento eterno el privarse eternamente de las bendiciones que pudieran haber sido obtenidas mediante un curso de vida mortal diferente en que los mandamientos y convenios dados al hombre por el Padre hubieran sido guardados? El Salvador también pone como requisito que participemos del sacramento dignamente, si deseamos obtener la vida eterna. Los Judíos no comprendían su significado, pero es claro para nosotros hoy. Leemos en el sexto capítulo de Juan:

“De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí tiene vida eterna.
Yo soy el pan de vida.
Vuestros padres comieron el maná en el desierto y están muertos.
Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él coma no muera.
Yo soy el pan vivo que ha descendido del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.
Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede este darnos a comer su carne?
Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre ni bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el día postrero.
Porque mi carne verdaderamente es comida, y mi sangre verdaderamente es bebida.
El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.” Versos 47-56.

La vida eterna — morar con y ser como Dios

Esta última expresión “el que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece y yo en él”, nos da la clave del significado de la vida eterna. Es ser moradores con Dios, es decir, tener un lugar en su presencia, ser como él, poseyendo la misma clase de vida que él posee, y ser uno con él.

Vidas eternas — el poder de multiplicarse eternamente

“Estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la exaltación y continuación de vida”, leemos en Doctrinas y Convenios, “y pocos son los que la encuentran, porque no me recibís en el mundo ni me conocéis, pero si me recibís en el mundo, entonces me conoceréis, y recibiréis vuestra exaltación; que donde yo esté, estaréis vosotros también. Esta es la vida eterna —que te conozcan el solo Dios verdadero y a Jesucristo a quien envió. Yo soy él.” De esta manera vemos que la vida eterna es la misma clase de vida que posee el Padre y el Hijo con el poder de multiplicarse eternamente.

Libres de escoger libertad y vida eterna

Lehi nos enseña:

“Así pues, los hombres son libres según la carne; y se les han dado todas las cosas que sean expedientes al hombre. Y son libres de escoger la libertad y la vida eterna por medio de la gran mediación para todos los hombres, o de escoger la cautividad y la muerte según la cautividad y poder del diablo, quien constantemente trabaja para hacer desgraciados a los hijos de los hombres, tal como lo es él mismo”. 2 Nefi 2:27.

Pero los designios del diablo, en gran medida, serán frustrados, porque es la voluntad del Señor que todos los hombres sean redimidos de la muerte y el infierno, con el tiempo, excepto aquellos sobre quienes la segunda muerte tiene pleno poder. Sin embargo, sobre todos aquellos que tienen derecho a recibir sólo la inmortalidad, naturalmente vendrá gran lamentación de que no siguieron el curso que les hubiera traído mayores bendiciones. El presidente John Taylor, en una conferencia de Estaca en Lago Salado, el día 16 de enero de 1879, dijo esto:

“Como seres eternos que somos, todos tenemos que prepararnos delante de El para ser juzgados; y Él ha proveído diferentes grados de gloria —la celestial, la terrestre y la telestial— que son dadas de acuerdo con ciertas leyes inmutables que no pueden ser controvertidas. ¿Qué hará con ellos? Para aquellos que están listos a escucharle y ser traídos bajo la influencia del espíritu de Dios y ser guiados por los principios de revelación y luz del cielo, y quienes están dispuestos a rendir obediencia a sus mandatos en todo tiempo y llevar a cabo sus propósitos en la tierra y dispuestos también a vivir una ley celestial, ha preparado para ellos una gloria celestial, para que puedan estar con él para siempre jamás.

”Y ¿qué de los otros? No están preparados para ir allá de la misma manera que el plomo no está preparado para pasar la misma prueba que el oro o la plata; y hay un gran abismo entre ellos. Pero Dios hará con ellos tanto bien como pueda. Muchísima de esta gente en el mundo, miles y cientos de millones de ellos estarán mucho mejor de lo que puedan imaginarse, por medio de la intercesión del Todopoderoso. Pero no pueden entrar en el reino celestial de Dios: donde Dios y Cristo están, no pueden ir”.

La misma doctrina es proclamada en las Doctrinas y Convenios, sección setenta y seis y otras escrituras. Esta gran diferencia es la característica distintiva entre aquellos que reciban la vida eterna y aquellos que sólo obtengan la inmortalidad.

“Por tanto, regocijad vuestros corazones, y recordad que os halláis libres de obrar por vosotros mismos, para escoger la vía de la muerte eterna, o la de la vida eterna”. 2 Nefi 10:23.

Capítulo 47 — Registros aun por ser revelados