El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 30

Preparación para la vida eterna

El que temprano me busca, me hallará, y no será abandonado. —D. C. 88:83.

Eduardo Young, el poeta y escritor, dijo:

La demora es hurtador del tiempo,
Que año tras año con demoras derrochamos,
Y luego, cuando la vida haya trascurrido,
En la merced de un momento nos deja
Una profunda preocupación por la eterna escena.

La demora, tal como se aplica a los principios del evangelio es hurtador de la vida eterna —la cual es vida en la presencia del Padre y el Hijo. Hay demasiados entre nosotros, aun entre los miembros de la Iglesia, que sienten que no hay necesidad de prisa en observar los principios del evangelio y en guardar los mandamientos.

El Error de que “Todo va bien en Sión”

Nefi escribió del pueblo de les últimos días: “Sí, y habrá muchos que dirán: Comed, bebed y divertíos, porque mañana moriremos; y nos irá bien.
Y también habrá muchos que dirán: Comed, bebed y divertíos; no obstante, temed a Dios, pues él justificará la comisión de unos cuantos pecados; sí, mentid un poco, aprovechaos de alguno por causa de sus palabras, tended trampa a vuestro prójimo; en esto no hay mal; y haced todas estas cosas, porque mañana moriremos; y si es que somos culpables, Dios nos dará algunos azotes, y al fin nos salvaremos en el reino de Dios”.—2 Nefi 28:7-8.

No piensen que se dijo esto del mundo, o aun del “extranjero que está dentro de nuestras puertas.” Se dijo esto de los miembros de la Iglesia. Además, Nefi nos advierte que en los postreros días habrá muchos que seguirán a Satanás:

Porque, he aquí, que en aquel día, el dominará con furor en los corazones de los hijos de los hombres, y los agitará a la cólera contra lo que sea bueno.
“porque he aquí, en aquel día él enfurecerá los corazones de los hijos de los hombres, y los agitará a la ira contra lo que es bueno.
Y a otros los pacificará y los adormecerá con seguridad carnal, de modo que dirán: Todo va bien en Sión; sí, Sión prospera, todo va bien. Y así el diablo engaña sus almas, y los conduce astutamente al infierno.
Y he aquí, a otros los lisonjea y les cuenta que no hay infierno; y les dice: Yo no soy el diablo, porque no lo hay; y así les susurra al oído, hasta que los prende con sus terribles cadenas, de las cuales no hay liberación.
Por tanto, ¡ay del reposado en Sión!
¡Ay de aquel que exclama: Todo está bien!
Sí, ¡ay de aquel que escucha los preceptos de los hombres, y niega el poder de Dios y el don del Espíritu Santo!
Sí, ¡ay de aquel que dice: Hemos recibido, y no necesitamos más!
Y por fin, ¡ay de todos aquellos que tiemblan, y están enojados a causa de la verdad de Dios! Pues he aquí, aquel que está edificado sobre la roca, la recibe con gozo; y el que está fundado sobre un cimiento arenoso, tiembla por miedo de caer.
¡Ay del que diga: Hemos recibido la palabra de Dios, y no necesitamos más de la palabra de Dios, porque ya tenemos suficiente! —2 Nefi 28:20-22, 24-29.

Adormecidos en seguridad Carnal

Estamos viviendo en los últimos días. ¿No hemos oído a individuos hablar como Nefi dijo que hablarían? ¿No hay muchos que se adormecen en “seguridad carnal”, pensando que el Señor no tomará en cuenta sus leves pecados? ¿No hay entre nosotros aquellos que niegan el poder del diablo, y niegan que hay un diablo? ¿No “espiritualizan” los tormentos del infierno, y dicen que no hay infierno? ¿No han oído estas enseñanzas? ¡De esta manera Satanás está dominando con furor en los corazones de la gente, y los miembros de la Iglesia no escapan completamente a sus engaños astutos! Hay entre nosotros algunos que enseñan esto, y se excusan por sus prácticas, diciendo que serán limpiados en el sepulcro.

Medida por Medida

Alma enseñó una doctrina muy diferente. Él dijo a Coriantón: “No vayas a suponer, porque se ha hablado concerniente a la restauración, que serás restaurado del pecado a la felicidad. He aquí, te digo que la maldad nunca fue felicidad.
Porque lo que de ti salga, volverá otra vez a ti, y te será restituido; por tanto, la palabra restauración condena al pecador más plenamente, y en nada lo justifica.”—Alma 41:10,15.

El Salvador también dijo, “Con la medida con que medís, os volverán a medir.” Algunos piensan que un poquito de castigo no será tan malo, y ellos están dispuestos a arriesgarse sufrir por sus ofensas más bien que guardar los mandamientos del Señor como se nos manda. Si pueden escapar con “algunos correazos” se considerarán afortunados. Pero recordemos que es necesario expiar por el pecado. Es necesario que se haga restitución; tendremos que pagar el precio si nos rehusamos a arrepentimos y recibir las bendiciones del evangelio. Juan Heywood, en su proverbio, dijo: “Ningún hombre ama sus grilletes, aunque sean dé oro.” No piensen que sus grilletes serán de oro. El castigo no es fácil sufrir, especialmente cuando a uno se le remuerde la conciencia. ¿Quién podría estar feliz en el sufrimiento, pensando todo el tiempo que el sufrimiento había venido a causa del quebrantamiento voluntario, o persistente, de los mandamientos de Dios cuando había recibido conocimiento y consejo de caminar en justicia? ¿Qué pensará el pecador en aquel día cuando haya aprendido arrepentimiento por su rebelión voluntaria, y se da cuenta de que el gran sufrimiento de nuestro Señor en amor, hizo innecesario que él sufriera de esa manera si hubiese aceptado a Cristo y su obra?

Recompensas según el mérito

Nuestro Padre eterno ha preparado tres grandes reinos a los cuales las almas de los hombres irán. No se propone discutir estos reinos aquí. De pasada sólo es necesario decir, que al reino telestial irán todos los que no han sido   fieles; los que han profesado y no han cumplido (D. C. 41:1), los mentirosos, los hechiceros, los adúlteros, y todos los que se niegan a caminar en las vías de la verdad. Al reino terrestre irán los que son honorables, los que han vivido limpios moralmente, pero no recibieron el evangelio; también los que mueren sin ley.

La Gloria Celestial es para los que guardan toda la Ley

Para entrar en el reino celestial y obtener la exaltación es necesario guardar toda la ley. La palabra del Señor dice que los del mundo celestial son los que son santificados de toda injusticia. (D. C. 88:21, compárese versículo 18.) Para ser santificados hay ciertos convenios definidos que tenemos que guardar fielmente, viviendo con “toda palabra que sale de la boca de Dios.” “Estos son los que recibieron el testimonio de Jesús, y creyeron en su nombre, y fueron bautizados según la manera de su entierro, *** De que por guardar los mandamientos pudiesen ser lavados y limpiados de todos sus pecados, y recibir el Espíritu Santo por la imposición de manos de aquel que ha sido ordenado y confirmado para ejercer este poder.” Estos son “los que vencen por la fe, y los que sella el Santo Espíritu de la promesa, el cual el Padre derrama sobre todos los que son justos y fieles.” (D. C. 76:51-53. Véase también versículos 54-60). Y los que no son sellados por el Santo Espíritu de la promesa y no son justos y fieles, no deben esperar recibir estas grandes bendiciones.

Empiecen temprano a servir al Señor

Ninguna persona puede empezar demasiado temprano a servir al Señor. Se les manda a los padres a enseñar a sus hijos desde su infancia, con la advertencia de que ellos serán responsables si no lo hacen. Si se le enseña a un niño desde su nacimiento con toda probabilidad siempre vivirá en justicia. Es fácil formar y seguir buenos hábitos. Los que se niegan a buscar al Señor en su juventud son abandonados en la hora de su angustia. Lean la historia de Israel y la de los nefitas. ¡Cuán a menudo fueron castigados cuando se rebelaron! ¡Cuán lento fué el Señor en contestar sus oraciones cuando les sobrevino la angustia a causa de sus pecados! “Con desidia escuchaban la voz del Señor su Dios; de modo que, ahora el Señor su Dios se demora en escuchar sus oraciones, y en contestarlas el día de su angustia.” De esta manera habló el Señor al Israel moderno.

El Camino de la vida Eterna

¿Desean entrar en el reino celestial y recibir la vida eterna? Entonces estén dispuestos a guardar todos los mandamientos que el Señor les dé. El bautismo y la confirmación son las ordenanzas por las cuales entramos en el reino de Dios. ¡Pero estas ordenanzas de por sí no nos darán un lugar de exaltación! El hombre que es bautizado y confirmado, paga sus diezmos, guarda la Palabra de Sabiduría y cumple con los deberes ordinarios que son requeridos de los miembros de la Iglesia, tiene derecho de entrar en ese reino. Sin embargo puede ser que será sólo un siervo allí. Si eso es todo lo que está dispuesto a hacer, no puede ser exaltado. No llegará a ser un heredero y recibir la plenitud de ese reino. Otras ordenanzas y obligaciones le serán requeridas de él si obtiene la exaltación y llega a ser, en todo sentido de la palabra, un heredero, poseyendo “todo lo que el Padre tiene.”

La Iglesia del Primogénito

Cada persona bautizada en la Iglesia tiene la obligación de guardar los mandamientos del Señor. Está bajo convenio, porque el bautismo es un “convenio nuevo y sempiterno.” (D. C. 22:1) Cuando se haya probado, viviendo una vida digna, y habiendo sido fiel en todas las cosas que le son requeridas, entonces es su privilegio recibir otros convenios y tomar sobre sí otras obligaciones las cuales le harán un heredero, y llegará a ser un miembro de la “Iglesia del Primogénito.” En cuyas manos “el Padre ha entregado todas las cosas.” Será un sacerdote y un rey, recibiendo de la plenitud del Padre y de su gloria. ¿Vale la pena el recibir esto? No puede obtenerse sin esfuerzo. No puede obtenerse sin conocimiento de las cosas de Dios. Frecuentemente se nos citan estas palabras del Señor a José Smith: “Es imposible que el hombre se salve en la ignorancia.” ¿En la ignorancia de qué? ¿Las filosofías del mundo? ¡No! ¡En la ignorancia de la verdad del evangelio—los principios y ordenanzas salvadores mediante las cuales se obtiene la salvación! Estos no sólo deben ser entendidos, sino también vividos! ¡El conocimiento de ellos de por sí no nos salvará! ¡La obediencia a ellos sí nos salvará! Y entonces vendrá la plenitud de conocimiento, trayendo consigo sabiduría, poder y dominio. ¡Y la plenitud de estas bendiciones puede obtenerse sólo en el templo del Señor!

Esta vida es el tiempo para prepararse para la Eternidad

Se nos dice que el “principio de la sabiduría es el temor (amor) de Jehová: los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.” El conocimiento y la sabiduría verdaderos vienen por medio de la oración y el ayuno prudente, la enseñanza verdadera y el estudio diligente. (D. C. 88:76-78.) No olvidemos las palabras de Alma:

Porque he aquí, esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios; sí, el día de esta vida es el día en que el hombre debe ejecutar su obra.
…os ruego, por tanto, que no demoréis el día de vuestro arrepentimiento hasta el fin; porque después de este día de vida, que se nos da para prepararnos para la eternidad, he aquí que si no mejoramos nuestro tiempo durante esta vida, entonces viene la noche de tinieblas en la cual no se puede hacer obra alguna.
No podréis decir, cuando os halléis ante esa terrible crisis: Me arrepentiré, me volveré a mi Dios. No, no podréis decir esto; porque el mismo espíritu que posea vuestros cuerpos al salir de esta vida, ese mismo espíritu tendrá poder para poseer vuestro cuerpo en aquel mundo eterno.—Alma 34:32-34.

El Señor siempre es misericordioso y bondadoso. Si nos acercamos a él, él se acercará a nosotros. “Buscadme diligentemente, y me hallaréis; pedid, y recibiréis; tocad, y se os abrirá.” (D. C. 88:63.) Nuestra dificultad principal es que no buscamos diligentemente. Nuestra búsqueda es superficial; parece que pensamos que el Señor está obligado a escucharnos sin un esfuerzo por nuestra parte. Permitamos que la diligencia y el amor sean nuestras guías, y encontraremos el camino hacia la vida eterna.

Capítulo 31 — Comisionados de Dios