El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 40

La reunión en Adan-Ondi-Ahman

“Estuve mirando hasta que fueron puestas sillas, y un anciano de grande edad se sentó; cuyo vestido era blanco como la nieve“. Daniel 7:9.

Adan-Ondi-Ahman

No lejos del pueblo de Gallatin, en el Condado de Daviess, Misuri, hay un pueblo que la gente conoce por el nombre de “Spring Hill” (El Cerro de la Primavera). En este lugar se inició una colonización de los santos en 1838. Este cerro está al norte del valle, por el cual corre el Río Grande, que el Profeta José describe como “una corriente grande, bella y rápida, durante las aguas altas de la primavera”. En la primavera y el verano el valle que lo circunda es mucho más bello, con sus haciendas esparcidas que se distinguen hasta donde la vista alcanza. Los ciudadanos aquí hacen sus diarias tareas, ignorantes por completo de los maravillosos acontecimientos que han tenido lugar en este hermoso valle y en este cerro. Pasan igualmente desapercibidos de los trascendentales eventos que pronto se verificarán ahí.

Cuando el Profeta visitó por primera vez el cerro, lo llamó “El Cerro de la Torre”, nombre que le dio, “a consecuencia de los restos de un antiguo altar o torre nefita que se erguía allí”, escribió en su diario. Sin embargo, el Señor llamó a este lugar “Adán-Ondi-Ahmán, porque es el lugar, dijo él, al cual Adán vendrá a visitar a su pueblo, o donde se sentará el Anciano de Días, como lo anunció Daniel el Profeta”. (D. y C. 116).

El anciano de días

El mundo en su gran mayoría, ignora quién es este maravilloso personaje, el Anciano de Días. Mucho se ha escrito acerca de él, pero en la mayoría de los casos, sin ninguna base de conocimiento. Él es nada menos que Adán, nuestro anciano padre, así nos informa el Señor. Como Miguel, el arcángel, libró las batallas contra Lucifer en el principio, y también sonará su trompeta cuando todos los muertos despertarán (D. y C. 29:26) y dirigirá la lucha en la batalla final con Lucifer (D. y C. 88:111-114). Como Adán fue conocido como el primer hombre sobre la tierra, y por virtud de ese honor se convierte en “el padre de todos, el príncipe de todos, el Anciano de Días”. (D. C. 27:11). El posee las llaves de la salvación de esta tierra, bajo el consejo y dirección del Muy Santo, quien es sin principio de días o fin de vida. (D. y C. 78:16).

La última reunión de la familia de Adán

Tres años antes de su muerte, Adán juntó a todos sus hijos, incluyendo a todos los fieles hasta la generación de Matusalén, todos los que eran sumos sacerdotes “con el resto de los de su posteridad que eran justos, en el valle de Adán-Ondi-Ahmán, y allí les confirió su última bendición”. (D. y C. 107:53). En esta grandiosa reunión, el Señor se les apareció y suministró consuelo a Adán y le dijo: “Te he puesto a la cabeza, multitud de naciones saldrán de ti, y tú serás su príncipe para siempre”. La asamblea se levantó y bendijo a Adán, y lo llamó Miguel, el príncipe, el arcángel. Y Adán se puso de pie en medio de la congregación — y ninguna reunión como ésta ha vuelto jamás a contemplar el mundo en ninguna otra ocasión—…y a pesar de que lo agobiaba el peso de sus años, lleno del Espíritu Santo, predijo todo cuanto habría de sobrevenir a su posteridad hasta la última generación. Todas estas cosas se escribieron en el libro de Enoc, y se testificará de ellas a su debido tiempo. (D. y C. 107:54-57).

Un gran concilio próximo a verificarse

De aquí a no muchos años habrá otra reunión de sumos sacerdotes y almas justas en este mismo valle de Adán- Ondi-Ahmán. En esta reunión, Adán, el Anciano de Días, estará nuevamente presente. En tal ocasión se verificará la visión que tuvo Daniel. El Anciano de Días se sentará. Se pondrán de pie ante él aquellos que han tenido las llaves de todas las dispensaciones, quienes rendirán cuentas de su mayordomía al primer Patriarca de la raza, que posee las llaves de la salvación. Este será un día de juicio y preparación. José, el Profeta, al hablar de este acontecimiento, dijo:

“En su Capítulo 7, Daniel habla del Anciano de Días, lo que significa el hombre más anciano, nuestro Padre Adán, Miguel; juntará a sus hijos y hará con ellos un concilio para prepararlos para la venida del Hijo del Hombre. El (Adán) es el padre de la familia humana, y preside sobre los espíritus de todos los hombres y todos los que han tenido las llaves deben pararse delante de él en este gran concilio. Este puede verificarse antes de que algunos de nosotros dejemos esta etapa de acción. El Hijo del Hombre se para delante de él (Adán) y le es dado poder y gloria a Adán, quien entrega su mayordomía a Cristo, la que le fué entregada a él, y que tiene las llaves del universo, pero retiene su posición como cabeza de la familia humana”. (D. H. C.3:386-7).

Las llaves del reino eterno

Fué en la visión nocturna que todo esto fué demostrado a Daniel, y vio al Hijo del Hombre venir al gran concilio, como lo hizo al primer gran concilio en el valle de Adán-Ondi-Ahmán, y ahí recibió de Adán las laves “y le fué dado poder y gloria, y un reino, para que todas las gentes, naciones y lenguas le sirvan: su domino es eterno, el cual no pasará, y su reino uno que no será destruido”. (Dan. 7:13-14). En este concilio, Cristo asumirá, oficialmente, las riendas del gobierno sobre esta tierra, y “el reino y dominio, y la grandeza del reino debajo del cielo entero, será dado al pueblo de los Santos del Más Alto, cuyo reino es eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán” aún Jesucristo.

Los tronos serán derribados

Hasta que este gran concilio se lleve a cabo, Satanás tendrá poder entre las naciones de la tierra; pero cuando llegue ese tiempo, los tronos serán derribados y el gobierno del hombre llegará a su fin—porque está decretado que el Señor destruirá completamente a todas las naciones (D. y C. 87:6). Ahora se está efectuando la preparación para esta obra. Los reinos ya están tambaleándose, algunos han caído; pero eventualmente todos regresarán al polvo y vendrá él, cuyo derecho es reinar. Entonces dará él, el gobierno a los santos del Más Alto.

Por voz del sacerdocio

Este concilio en el valle de Adán-Ondi-Ahmán será de suma importancia para este mundo. En ese tiempo habrá un cambio de autoridad del usurpador e impostor Lucifer, al legítimo Rey, Jesucristo. El juicio será hecho y todos a quienes les han sido confiadas las llaves, harán sus reportes y entregarán sus mayordomías al írseles requiriendo. Adán dirigirá este juicio y entonces hará su reporte, como poseedor de las llaves de esta tierra, a su Oficial Superior, Jesucristo. Nuestro Señor asumirá entonces las riendas del gobierno; se darán instrucciones al Sacerdocio, y él, cuyo derecho es reinar, será instalado oficialmente por la voz del Sacerdocio allí reunido. Este gran Concilio del Sacerdocio se constituirá no solamente de aquellos que son fieles, que ahora habitan esta tierra, sino también de los profetas y apóstoles de la antigüedad que han tenido autoridad directiva. Otros podrán estar allí también, pero de ser así, será porque habrán recibido previamente el ordenamiento necesario para ello, porque éste será un concilio oficial convocado para atender los asuntos más decisivos y trascendentales concernientes al destino de esta tierra.

Cuando esta reunión se lleve a cabo, el mundo no sabrá de ella; los miembros de la Iglesia en su mayoría no sabrán de ella, no obstante, será una preparación para la venida de nuestro Salvador Jesucristo en las nubes de la gloria, como el profeta José Smith ha dicho. El mundo no puede saber de ella. Los santos no pueden saber de ella —excepto aquellos quienes oficialmente serán llamados a este concilio— porque precederá a la venida de Jesucristo como un ladrón en la noche, para sorpresa de todo el mundo.

Capítulo 41 — La resurrección de los justos