El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 43

El reino milenial

Porque he aquí que yo crío nuevos cielos y nueva tierra; y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento. (Isaías 65:17).

La tierra será renovada

La alusión que hace Isaías en el pasaje citado, de la creación de nuevos cielos y una nueva tierra, no se refiere al cambio final por el que pasará la tierra, sino al cambio que vendrá al principio del Milenio. Este parece ser claramente el significado, como se infiere por la siguiente lectura:

Mas gozaos y regocijaos para siempre en las cosas que yo he creado; porque he aquí que yo he creado a Jerusalén para regocijo y a su pueblo para alegría.
Y me regocijaré con Jerusalén y me alegraré con mi pueblo, y nunca más se oirán en ella voz de llanto ni voz de clamor.
No habrá más allí niño de días ni anciano que sus días no cumpla; porque el niño morirá de cien años, y el pecador de cien años será maldito.
Y edificarán casas y morarán en ellas; y plantarán viñas y comerán el fruto de ellas.
No edificarán para que otro habite ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los árboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutarán la obra de sus manos.” (Isaías 65:18-22).

Cuando llegue ese día, habrá un cambio en la tierra, así como entre sus habitantes, porque la tierra y todos los que permanezcan sobre su faz tendrán un cambio parcial para ajustarse a las nuevas condiciones en que no tendrán dominio ni la muerte ni la enfermedad. En uno de los Artículos de Fe decimos: “Creemos en la congregación literal de Israel y en la restauración de las Diez Tribus; que Sión será edificada sobre este continente (americano) ; que Cristo reinará personalmente sobre la tierra, y que la tierra será renovada y recibirá su gloria paradisíaca”. Doy por sentado que esta gloria paradisíaca se refiere al cambio cuando Cristo venga a reinar. Será más que una gloria paradisíaca cuando la tierra sea celestializada.

La tierra antes de su división

En una de las revelaciones dadas al profeta José Smith en el 3 de noviembre de 1831, se explica la renovación de la tierra en las siguientes palabras:

“cuando el Cordero estará en pie sobre el monte de Sion, y con él ciento cuarenta y cuatro mil, que tendrán el nombre de su Padre escrito en la frente.
Por tanto, preparaos para la venida del Esposo; salid, salid a recibirlo.
Porque he aquí, se pondrá de pie sobre el monte de los Olivos y sobre el potente océano, sí, el gran abismo, y sobre las islas del mar y sobre la tierra de Sion.
Y alzará su voz desde Sion, y hablará desde Jerusalén, y se oirá su voz entre todo pueblo.
Y será una voz como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos que derribarán los montes; y no se hallarán los valles.
Mandará al mar profundo, y será arrojado hacia los países del norte, y las islas serán una sola tierra;
y la tierra de Jerusalén y la de Sion volverán a su propio lugar, y la tierra será como en los días antes de ser dividida.
Y el Señor, sí, el Salvador, estará en medio de su pueblo y reinará sobre toda carne”. (D. y C. 133:18-25).

Volverá la ciudad de Enoc

Cuando todo esto suceda, seguramente la tierra estará en conmoción mientras que se reajusta para asumir su gloria paradisíaca. Todo esto tiene que pasar, porque es una parte de la gran restauración, y todas las cosas serán restauradas, tanto en el cielo como en la tierra en esta dispensación. Entre estos cambios, la Ciudad de Enoc, con sus habitantes, retornará y se unirá a la gran celebración a la venida de Cristo a reinar, y todos los profetas de la antigüedad y los santos justos, serán reunidos en la gran asamblea de regocijo.

Un reino de amor y paz

Toda criatura viviente experimentará un cambio, y toda enemistad se alejará y sólo el amor y la paz permanecerán. Isaías ha dicho acerca de este tiempo maravilloso en su bello lenguaje poético:

sino que juzgará con justicia a los pobres y decidirá con equidad a favor de los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el aliento de sus labios matará al malvado.
Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad será el ceñidor de su cintura.
Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; y el becerro y el leoncillo y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará.
Y la vaca y la osa pacerán; sus crías se echarán juntas, y el león, como el buey, comerá paja.
Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora.
No harán mal ni destruirán en todo mi santo monte, porque la tierra estará llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar.” (Isaías 11:4-9).

Ezequiel también habla de este glorioso día, y dice que el Señor establecerá con el pueblo “un pacto de paz, que hará cesar de la tierra las malas bestias; para que el pueblo pueda habitar en el desierto seguramente y dormir en los bosques”. Aun más, serán bendecidos con lluvias en su propio tiempo, y “el árbol del campo dará su fruto, y la tierra dará su fruto, y estarán sobre su tierra seguramente; y sabrán que yo soy Jehová, cuando quebrare las coyundas de su yugo”. (Ezequiel 34:25-27).

La muerte será entonces un apacible cambio

En las Doctrinas y Convenios se nos ha dado mayor instrucción relacionada con este glorioso y feliz tiempo de paz.

Qué gozo llenará los corazones de aquellos que son dignos de recibirlo. No estarán sujetos a los males que ahora nos molestan. No tendremos necesidad de hospitales; los hombres vivirán saludables y vigorosos hasta que envejezcan, y no habrá tumbas, porque la muerte vendrá como un apacible cambio del estado mortal al inmortal. “Y bendito es el que, habiendo guardado la fe, viviere cuando el Señor venga”, dijo el Señor a José Smith, “sin embargo, se le ha señalado morir a la edad del hombre. Por lo tanto, los niños crecerán hasta envejecer; los ancianos morirán; mas no dormirán en el polvo, sino que serán cambiados en un abrir y cerrar de ojos”. (D. y C. 63:50-51).

Dos ciudades capitales

Durante estos mil años de paz y justicia, habrá dos capitales en la tierra, una en la tierra de Sión —la Nueva Jerusalén— y otra en Palestina —la vieja Jerusalén—. Zacarías nos dice que será requerido de todas las naciones, que vengan a Jerusalén, o, si se rehúsan, el Señor los castigará deteniéndoles la lluvia, y en el caso de Egipto, herirá a los paganos con plagas. (Zac.14:16-19).

No todos pertenecerán a la iglesia

Es evidente, por las palabras de los profetas, que habrá algunos sobre la tierra que no pertenecerán a la Iglesia, pero tendrán que rendir homenaje al gobierno de Dios. Si en ese tiempo un hombre muere sin arrepentirse, será maldito. (Isaías 65:20). No podemos menos que pensar, sin embargo, que bajo tales condiciones de justicia e influencia de las enseñanzas de seres celestiales, no pasará mucho tiempo antes de que toda la gente abandone las cosas del mundo, y aun los paganos caminarán bajo el brillo de la luz del evangelio.

Seres resucitados convivirán con los mortales

Durante todos estos años los hombres que habiten en la mortalidad, tendrán el privilegio de asociarse con aquellos que han recibido su resurrección. Nuestro Señor y Salvador será una figura familiar entre los santos justos. Profetas resucitados impartirán instrucción. ¿Cómo podría la maldad prevalecer bajo tales condiciones? Aquellos que han pasado por la resurrección no habitarán, sin embargo, con aquellos en el estado mortal. No se quedarán en hogares terrenales o humanos ni dormirán en las camas de los mortales. Tal cosa no tendría consistencia. José Smith ha dicho:

Cristo y los Santos resucitados en la tierra durante los mil años. Probablemente ellos no habitarán en la tierra, pero la visitarán cuando plazcan, o cuando sea necesario para gobernarla. Habrá hombres perversos en la tierra durante los mil años. Las naciones paganas que no vengan a adorar, serán visitadas con los juicios de Dios, y tienen que ser eventualmente destruidas de la tierra. (Compendio, págs. 274-5).

“La maldad” durante el milenio

Es natural que venga a la mente la pregunta, si los malvados van a ser destruidos cuando Cristo venga, entonces cómo puede haber hombres malvados o perversos en la tierra durante el Milenio, como lo declararan José Smith e Isaías. Es completamente evidente que “la maldad”, durante este tiempo, estará entre aquellos que son paganos, o que no han entrado a la Iglesia, y su maldad consiste en no aceptar el evangelio de Jesucristo.

Esto es como sigue, de acuerdo con la interpretación del Señor.

Y por esto podréis saber que están bajo la servidumbre del pecado, porque no vienen a mí. Porque aquel que no viene a mí, está bajo la servidumbre del pecado. Y aquel que no recibe mi voz, no conoce mi voz y no es mío. Y de esta manera podréis distinguir a los justos y a los inicuos. (D. y C. 84:50-53).

Los hombres estarán libres de las tentaciones de Satánas; la paz morará en los corazones de todos los hombres, y está decretado que en su oportunidad todos recibirán la verdad, porque el evangelio cubrirá la tierra como las aguas el mar.

Capítulo 44 — El mundo espiritual