El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 44

El mundo espiritual

Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso. (Lucas 23:43).

El lugar de los espíritus que se van

El paraíso no es el cielo, o el lugar donde Dios habita, sino un lugar de espíritus que se han ido de este mundo. Es bastante extraño el por qué se haya generalizado tanto la creencia de que el ladrón fué al cielo con el Salvador, ya que Jesús no fué allá sino hasta después de su resurrección. Este hecho se lo reveló él a María en la tumba.

Desde el tiempo en que su espíritu dejó su cuerpo hasta que se levantó de la tumba, Jesús estuvo con el ladrón en el paraíso, de acuerdo ‘Con su promesa. Allí el Salvador abrió la puerta para la salvación de los muertos:’ Antes de ese tiempo los muertos indignos estaban encerrados en prisión y no eran visitados. (Moisés 7: 38-39; Isaías 24:22). Tenemos buena razón para creer que los espíritus justos en el paraíso no se mezclaban con los espíritus injustos antes de la visita de nuestro Señor al mundo espiritual. Fué él quien abrió las puertas de la prisión. (Isaías 42:6-7; 61:1).

El presidente Brigham Young declaró que “Jesús fué el primer hombre que alguna vez fué a predicar a los espíritus encarcelados, teniendo las llaves del evangelio de salvación para ellos. Esas llaves le fueron entregadas a él el día y la hora en que entró en el mundo de los espíritus en prisión”. (J. D. 4:285). Esto está enteramente de acuerdo con las Escrituras. El presidente José Smith, en la visión que tuvo del mundo espiritual, confirmó este punto. (Doctrina del Evangelio, págs. 596-601). En ese mundo Cristo enseñó a los espíritus justos y los comisionó para llevar su mensaje y los envió entre los muertos no bautizados. En esta forma cumplió su promesa hecha a Isaías de que predicaría a los espíritus de los muertos y abriría las puertas de su prisión para que pudieran ser libertados.

Abismo anterior entre justos e injustos

Alma nos ha dado alguna luz en relación a las condiciones del mundo espiritual antes del tiempo de la resurrección de Cristo. En sus instrucciones a Coriantón, dijo:

“Ahora, respecto al estado del alma entre la muerte y la resurrección, he aquí un ángel me ha hecho saber que los espíritus de todos los hombres tan luego como se separan del cuerpo mortal, sí, los espíritus de todos los hombres, ya sean buenos o malos, son llevados ante aquel Dios que les dio la existencia.

Y entonces vendrá a suceder que los espíritus de los justos serán recibidos en un estado de felicidad, cuya condición se llama el paraíso; un estado de descanso; un estado de paz, en donde descansarán de todas sus aflicciones y de todo cuidado y pena.

Y entonces vendrá a suceder que los espíritus de los malvados, sí, los que sean malos —pues que, he aquí, que no tienen parte ni porción del Espíritu del Señor; porque, he aquí, que prefirieron las malas a las buenas obras ; por tanto, el espíritu del diablo entró en ellos, y tomó posesión de su casa—, estos serán arrojados en las tinieblas de afuera; allí será el llanto, gemido y crujir de dientes; y esto a causa de su propia iniquidad; siendo llevados cautivos por la voluntad del diablo.

Ahora este es el estado de las almas de los malvados; sí, en tinieblas y en un estado terrible y espantoso, esperando sobre ellos la ardiente indignación de la ira de Dios; así permanecerán en este estado, como los justos en el paraíso, hasta el tiempo de su resurrección. (Alma 40:11-14).

Al leer esta descripción debemos tener presente que Alma estaba hablando de las condiciones antes de la visita de Cristo a los espíritus encarcelados. El Señor dijo a Enoc que los desobedientes serían encerrados en la prisión que había preparado para ellos y permanecerían allí, en el tormento, hasta el día en que Jesús regresara al Padre. Mas Cristo había intercedido aún por éstos y había ganado la promesa que no serían dejados en tormento, si se arrepintiesen en ese día en que él los visitara. (Moisés 7:32-40). Desde el día en que el evangelio fué anunciado y las puertas de la prisión abiertas, este evangelio del reino ha sido predicado en poder entre los muertos.

El evangelio está siendo ahora enseñado a los muertos

Nos damos cuenta de que no hay tiempo para estar ociosos entre los miembros de la Iglesia en la tierra, si vamos a llevar a cabo la gran obra para los muertos, que el Señor nos ha asignado. Si pudiéramos ver más allá del velo, descubriríamos que hay allá gran actividad. El evangelio tiene que ser predicado a los muertos y en ese mundo los justos y los que se han arrepentido, aquellos que murieron sin un conocimiento del evangelio, quienes lo hubieran recibido si esa oportunidad hubiera venido a ellos (D. H. C. Vol. 2, Pág. 380), tienen que ser preparados para recibir las ordenanzas del evangelio como son administradas por poder en los templos de esta tierra. Todos los espíritus de los muertos tienen que ser enseñados y traídos al arrepentimiento, así es que vemos que la obra allá, es de proporciones magníficas.

Misioneros en el mundo espiritual

El presidente José F. Smith, en su visión de los muertos, vio los espíritus y de esta manera escribió acerca de ellos:

“Contemplé que los élderes fieles de esta dispensación, cuando salen de la vida mortal, continúan sus labores predicando el evangelio de arrepentimiento y redención, por medio del sacrificio del Hijo Unigénito de Dios, entre aquellos que están en tinieblas y bajo la servidumbre del pecado en el gran mundo de los espíritus”. (Doctrinas del Evangelio, Pág. 601).

El presidente Brigham Young impresionó las mentes de la gente, cuando estaban construyendo los primeros templos en Utah, con la idea de que la obra de la redención de los muertos era de grandes proporciones, dijo:

“Comparen esos habitantes de la tierra que han escuchado el evangelio en nuestros días, con los millones que nunca lo han oído o les han sido presentadas las llaves de salvación, y ustedes llegarán de inmediato a la conclusión, como yo, que hay una obra tremenda que efectuar en el mundo espiritual.

“Cuando los hombres vencen, como lo han hecho nuestros fieles hermanos, y van a donde ven a José, quien les dictará y será su jefe y profeta todo el tiempo, tienen poder sobre todos los espíritus sin cuerpo, porque los han vencido. Esos malos espíritus están bajo el mando y control de cada hombre que tiene el Sacerdocio sobre él y lo ha honrado en la carne tanto como mi mano está bajo mi control.

“Supónganse entonces que un hombre es malo en su corazón, enteramente entregado a la maldad, y en esa condición muere, su espíritu entrará en el mundo espiritual resuelto al mal. Por otra parte, si nos estamos esforzando con todas las fuerzas y facultades que Dios nos ha dado para mejorar nuestros talentos, para prepararnos para morar en vida eterna, y la tumba recibe nuestros cuerpos mientras que en esto estamos empeñados, ¿con qué disposición entrarán nuestros espíritus a su segundo estado? Aun estarán esforzándose por hacer las cosas de Dios, sólo que en un grado mucho más grande: aprendiendo, aumentando, creciendo en gracia y en conocimiento de la verdad”. (Discursos, Págs. 578-581).

Justamente llegamos a la conclusión de que los élderes de Israel que dejan esta vida tienen trabajo que hacer, en abundancia, en el mundo espiritual. No pueden oficiar por los muertos en las ordenanzas del evangelio, pero sí tienen poder para predicar el evangelio, amonestar, dispensar y controlar los espíritus malos de los nombres.

Ordenanzas del evangelio efectuadas solo en la tierra

Las ordenanzas del evangelio tienen que ser efectuadas por los muertos, vicariamente, en los templos. El presidente Young hizo esta pregunta: “¿Pueden (es decir, los élderes en el mundo espiritual) bautizarlos? No. ¿Qué pueden hacer? Pueden predicar el evangelio, y cuando tengamos el privilegio de construir Sión, vendrá el tiempo en que los salvadores subirán al Monte Sión”. Esto fué dicho antes de que tuviéramos templos donde esta obra pudiera ser efectuada. Los salvadores han subido al Monte Sión y han estado efectuando esta obra vicaria por muchos años y continuarán haciéndolo tanto ahora como en lo sucesivo. Cuando venga el Milenio, la obra progresará mucho más aprisa. De este tiempo el presidente Young también dijo: “Algunos de aquellos que no están en la mortalidad vendrán y dirán: Aquí hay un millar de nombres que quiero que atiendan en este templo, y cuando terminen con ellos, les daré otro millar; y los élderes de Israel y sus esposas irán a oficiar por sus antepasados, los hombres por los hombres, y las mujeres por las mujeres”. (Discursos, Págs. 581-582).

Las hermanas servirán como misioneras a los espíritus

Ni tampoco la obra en el mundo espiritual será llevada a cabo exclusivamente por los hombres que tengan el Sacerdocio. Las hermanas que han hecho convenio con el Señor y que han recibido bendiciones y poder en los templos, también tendrán mucho que hacer en esa obra. El presidente Smith aclaró esto muy bien en el funeral de la hermana María A. Freeze, cuando dijo:

“Ahora, entre todos estos millones de espíritus que han vivido en la tierra y han fallecido, de generación a generación, desde el principio del mundo, sin el conocimiento del evangelio, entre ellos pueden ustedes contar con que cuando menos la mitad son mujeres. ¿Quién va a llevar el testimonio de Jesucristo a los corazones de las mujeres que han fallecido sin un conocimiento del evangelio? Bueno, a mi parecer, esto es algo muy sencillo. Estas buenas hermanas que han sido apartadas, ordenadas a la obra, llamadas a ella, autorizadas por la autoridad del Santo Sacerdocio para ministrar a su sexo, en la Casa de Dios, para los vivos y para los muertos, estarán plenamente autorizadas y facultadas para predicar el evangelio y ministrar a las mujeres, los élderes y profetas están predicándolo a los hombres. Las cosas que experimentamos aquí, son típicas de las cosas de Dios y la vida en el más allá. (Doctrinas del Evangelio, Págs. 581-2).

Esperando ansiosamente la redención

Los muertos justos consideran la larga separación de sus cuerpos de sus espíritus, como un cautiverio (D. y C. 45:17, Apoc. 6:9-11), y están esperando ansiosamente la resurrección. Los malvados esperan el día del juicio con temor y temblando. Sin embargo el Señor en su misericordia ha preparado un lugar para todos, de acuerdo con sus obras. El bendecirá a todos los hombres con todo lo que son capaces y dignos de recibir. El evangelio se está predicando con poder entre los espíritus, mientras que aquí en la tierra los santos fieles están trabajando industriosamente en los templos del Señor, para dar a su parentela muerta las bendiciones que requieren para su salvación.

Capítulo 45 — La obra en el templo durante el milenio