El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 18

Efraín y sus bendiciones

Haced memoria de la raza de donde vinisteis.—Virgil.

En la historia de las transacciones de nuestro Padre con sus hijos ha habido al­gunas excepciones notables de la regla ge­neral de herencia. Generalmente se reco­nocieron fielmente los derechos de primogenitura en tiempos antiguos. Excepciones fueron hechas por el Señor por razones buenas y suficientes, las cuales él mismo conoce mejor.

Por qué se dió más preferencia a Jacob que a Esaú

No podemos conocer todas las circuns­tancias concernientes al llamado de Jacob en vez de Esaú, y exactamente porqué el Señor escogió al menor para heredar los derechos del Sacerdocio y decretó que el mayor había de servir al menor. Con ver­dad podemos decir que Jacob era el más fiel y prestaba más atención a los manda­mientos del Señor. Esto le daría derecho a las bendiciones, porque se debe recordar que todas las bendiciones son basadas en la fidelidad, y esto de acuerdo con una ley “irrevocablemente decretada en el cie­lo antes de la fundación de este mundo… y cuando recibimos una bendición de Dios, es porque se obedece aquella ley sobre la cual se basa”. Por este motivo, entonces, Jacob tuvo derecho de suplantar a Esaú, si es que hubo tal cosa como una suplantación. Nuestra historia de esos eventos nos informa que Jacob fué llamado antes que naciese para heredar estas bendicio­nes. Le fueron dadas por la Autoridad más alta, y ¿quién se atreve a dudar del dere­cho de esa Autoridad de conferir bendicio­nes?

Jacob un digno hombre de Dios

Ningún personaje de los tiempos anti­guos de la Biblia ha sido entendido mal y difamado más que el patriarca Jacob. No pudo haber sido tan malo como algunos lo han pintado ser, porque anduvo en la pre­sencia de Jehová obedeciendo su voluntad divina, y en los últimos días de su vida pudo decir a su hijo fiel: “Las bendicio­nes de tu padre fueron mayores que las bendiciones de mis progenitores: hasta el término de los collados eternos”, y tuvo la autoridad de conferir estas bendiciones sobre la cabeza de aquel hijo, quien se había probado digno.

A José se dió la Bendición de Primogenitura

Rubén perdió su primogenitura por cau­sa de transgresión y fué conferido sobre José, el hijo mayor del Rachel. Nadie du­da de su mérito de recibirlo, porque José es igual o superior en justicia a cualquier personaje de la antigüedad. Llegó a ser el salvador de la casa de su padre y en vir­tud de su fidelidad y nobleza de carácter una porción doble le fué dada en Israel. Sus dos hijos fueron adoptados por su abuelo de ellos, a fin de que heredaran una porción como tribus en Israel con po­siciones iguales a las de Simeón, Judá, y los otros hijos. En esto no perdió nada José, sino que ganó una porción doble por medio de Efraín y Manasés.

Efraín es hecho “Primogénito” en Israel

La segunda desviación notable del de­recho de primogenitura se descubre en las bendiciones sobre las cabezas de Efraín y Manasés. Manasés fué el mayor y hasta donde hemos sido privilegiados a cono­cer, fué un hijo fiel, pero las bendiciones de primogenitura no fueron dadas a él, mas fueron conferidas sobre su hermano menor. Si el registro completo estuviera ante nosotros, tal vez veríamos con clari­dad la razón. No podemos dudar que hu­bo una razón buena y suficiente, porque era la voluntad del Padre. Efraín, el se­gundo hijo de José, heredó el lugar de su padre y la parte mayor de sus bendicio­nes. Manasés, el hijo mayor, no fué olvi­dado, porque él también recibió una por­ción más grande que la que se dió a la mayor parte de los hijos de Jacob.

A Judá es dado el derecho de Reinar

Judá, el cuarto hijo de Lea, fué en un respecto más honrado que sus hermanos, porque fué de su linaje que nació el Re­dentor del mundo. Eso, seguramente debe ser honra suficiente para cualquier hom­bre. Además se le confirió el poder de rei­nar. A sus descendientes se dió el derecho de gobernar y reinar en Israel antes de la división del reino y de continuar por me­dio de David en esa capacidad en el reino de Judá.

Historia temprana de Efraín

Pero fué Efraín a quien se llamó para ser el “primogénito”. Al leer el registro de aquellos tiempos quizás descaremos saber exactamente cuál fué la honra que se dió a Efraín. Encontramos que los de la tribu de Levi llegaron a ser los sacerdotes del pueblo del orden Aarónico y Levítico. Vemos, primeramente, a la tribu de Benja­mín honrado en el escogimiento de Saúl, con la declaración de que si Saúl hubiese permanecido fiel, esa honra hubiera sido perpetuada por medio de su linaje. Ve­mos a David un hijo de Judá llamado al trono y el reino dado a él perpetuamente en Israel. Aunque el gran líder Josué des­cendía de Efraín, pero después de su muerte José y sus hijos parecen haber sido pa­sados por alto u olvidados.

Pero más tarde vino la división del rei­no y el Señor dió a Efraín el gobierno de diez de las doce tribus. Desafortunadamen­te, nosotros que somos sus descendientes te­nemos que admitir que sus hijos que ocu­paron esta posición, sin excepción, fraca­saron tristemente en ella. Causaron que Is­rael pecase. El enojo del Señor estaba en­cendido contra ellos, y en su ira permitió que Israel fuese llevado cautivo y entera­mente sacado del país. Efraín y sus com­pañeros se alejaron de su tierra y de aquel día hasta hoy han sido desechados y per­didos, en gran parte, del resto de la hu­manidad.

Mezclados entre las Naciones

No obstante, aun en ese destierro y el esparcimiento que lo siguió, Efraín fué bendecido. Se nos hace creer por lo que ha sido revelado que Efraín, tal vez más que la gente de las otras tribus, “se mez­cló con todas las naciones”. Fué dispersa­do por todas partes y por muchas generaciones perdió su identidad. Esta disper­sión fué un castigo, no obstante tal como muchas veces es el caso con los castigos impuestos por el Señor, ha tornado en bendición. Efraín llegó a ser una bendi­ción a las naciones por darles el derecho de pertenecer a Israel.

Los Descendientes de José en la América Con la traducción del libro de Mormón se dió a conocer muchos de los descen­dientes de José. ¿Quién podría haber he­cho este grande descubrimiento sin reve­lación del Señor? Los lamanitas son del pueblo de Israel. Lehi era descendiente de Manasés. Se nos informa que Ismael, cu­yos hijos se juntaron con la familia de Lehi, descendía de Efraín. En esta ma­nera los hijos que pertenecían a estas dos tribus fueron colocados en la América. Es cierto que otros también vinieron, y es posible que el Señor, recordando su pro­mesa a José, envió con el pueblo de Mulek otros de las tribu» de José. Sea como fuere, se dió esta tierra a ellos como he­rencia eterna. La han heredado en el pa­sado, y la heredarán más completamente en ti futuro.

Se nos dice que hubo una profecía en la destrucción de la túnica de muchos co­lores que llevaba José. Parte de ella fué conservada, y Jacob, antes de su muerte, profetizó que así como un resto de la tú­nica se había conservado, así un resto de la posteridad de José sería preservado. “Y dijo: Así como este resto de la túnica de mi hijo se ha conservado, así un resto de la posteridad de mi hijo será preservado por la mano de Dios para sí, mientras que el resto de la posteridad de José perecerá, aun como el resto de su túnica”. (Alma 46:24).

Ese resto que ahora se encuentra entre los lamanitas eventualmente- participará de las bendiciones del Evangelio. Se uni­rán con el resto que está siendo congre­gado de entre las naciones y ellos serán bendecidos por el Señor para siempre ja­más.

Capítulo 19 — Efraín en los últimos días