El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 39

Antes de la venida del Señor

Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. —Mt. 24:42.

Señales de la Venida del Señor Han ocurrido muchas cosas, en los últimos cien años que deben impresionar a los miembros fieles con el hecho de que la venida del Señor está cerca. El evangelio ha sido restaurado. La Iglesia ha sido completamente organizada. El Sacerdocio ha sido conferido sobre el hombre. Se han revelado desde el principio las varias dispensaciones y todas sus llaves y autoridades han sido dadas a la Iglesia. Israel ha estado congregándose y actualmente está congregándose en Sión. Los judíos están regresando a Jerusalén. Se está predicando el evangelio en todo el mundo como testigo a cada nación. Están construyendo templos en los cuales están haciendo las ordenanzas por los vivos tanto como por los muertos. Los corazones de los hijos han sido convertidos a sus padres y ellos están buscando por sus muertos. Los convenios que el Señor prometió que haría con Israel en los últimos días, han sido revelados y mucho de Israel, que se ha congregado, ha entrado en estos convenios. De modo que la obra del Señor sigue avanzando y todas estas cosas son señales del advenimiento próximo del Señor.

Se cumplen los tiempos de los Gentiles

Jesús dijo que los judíos serían esparcidos entre todas las naciones y que Jerusalén sería hollada de los gentiles hasta que los tiempos de los gentiles fueran cumplidos. (Lucas 21: 24). Esta predicción fué repetida a José Smith en estas palabras:

Y esto os he dicho acerca de Jerusalén; y cuando venga ese día, será esparcido un resto entre todas las naciones;
mas serán recogidos de nuevo; pero quedarán hasta después del cumplimiento de los tiempos de los gentiles.
Y en ese día se oirá de guerras y rumores de guerras, y toda la tierra estará en conmoción, y desmayará el corazón de los hombres y dirán que Cristo demora su venida hasta el fin de la tierra.
Y el amor de los hombres se enfriará, y abundará la iniquidad.
Y cuando llegue el tiempo de los gentiles, resplandecerá una luz entre los que se asientan en tinieblas, y será la plenitud de mi evangelio;
mas no lo reciben, porque no perciben la luz, y apartan de mí su corazón a causa de los preceptos de los hombres. —D.y C. 45: 24-29.

Esta profecía concerniente a los judíos fué cumplida literalmente. Jerusalén fué hollado por los gentiles, pero no más es hollado sino se convirtió en la morada de los judíos. Están volviendo a Palestina y por eso sabemos que el fin de los tiempos de los gentiles está cerca.

Conmociones y Tribulaciones

Esto también es una señal de tribulación y conmoción, porque el Señor ha dicho:

Pero mis discípulos estarán en lugares santos y no serán movidos; pero entre los inicuos, los hombres alzarán sus voces y maldecirán a Dios, y morirán.
Y también habrá terremotos en diversos lugares, y muchas devastaciones; sin embargo, los hombres endurecerán su corazón contra mí y levantarán la espada el uno contra el otro, y unos a otros se matarán.
Y cuando yo el Señor hube hablado estas palabras a mis discípulos, se turbaron.
Y les dije: No os turbéis, porque cuando todas estas cosas acontezcan, sabréis que se cumplirán las promesas que os han sido hechas.
así será en aquel día cuando vean todas estas cosas, entonces sabrán que la hora está cerca.
Y acontecerá que el que me teme estará esperando que llegue el gran día del Señor, sí, las señales de la venida del Hijo del Hombre.
Y verán señales y maravillas, porque se manifestarán arriba en los cielos y abajo en la tierra. — D. y C. 45: 32-35, 38-40.

Maravillas en los cielos y en la tierra

Las palabras de los profetas se están cumpliendo rápidamente, pero se hace por medio de principios tan naturales que la mayoría de nosotros no lo percibimos. Joel prometió que el Señor derramaría su Espíritu sobre toda carne, y profetizarían los hijos y las hijas; los viejos soñarían sueños y los mancebos verían visiones. Se verán prodigios en el cielo y en la tierra, y habría fuego, sangre, y columnas de humo. Al fin el sol se tornará en tinieblas, y la luna en sangre, y entonces vendrá el día grande y espantoso de Jehová. Han acontecido algunas de estas señales y otras están para acontecer. El sol tiene que obscurecerse. Nos dicen que éste será uno de los últimos acontecimientos un poco antes del advenimiento del Señor.

Uno se pregunta, ¿si no estamos viendo algunos de estos prodigios en el cielo? No todos, porque sin duda algunos de ellos ocurrirán entre los cuerpos celestiales, tal como la luna y el sol, los bólidos y cometas; pero hablando de los cielos, se refiere a la parte que rodea la tierra y que pertenece a ella. Está en la atmósfera donde se darán muchas de las señales. ¿No vemos aeroplanos de diversas clases viajando diariamente por los cielos? ¿No hemos tenido señales en la tierra y por la tierra con los radios, ferrocarriles, automóviles, buques submarinos y en muchas otras maneras? Habrá otras grandes señales; los cielos se sacudirán; se dará la señal del Hijo del Hombre; y entonces las tribus de la tierra lamentarán.

La ciencia aumentada

Entre las señales de los últimos días estaba un aumento de ciencia. Daniel fué mandado a “cerrar estas palabras, y sellar el libro hasta el tiempo del fin”. Y en aquel día, “muchos correrán de aquí para allá”, él dijo, “y la ciencia será aumentada”. ¿No “está corriendo la gente de aquí para allá”?, ¿o no lo están haciendo hoy como nunca lo han hecho en la historia del mundo? Váyase a la Oficina de Información y pregunte cuántos turistas visitan la Manzana del Templo cada año. Pregunte en los varios parques nacionales y en las compañías de autobuses, ferrocarriles y vapores. Adivine cuántos están corriendo a Europa, a Asia y a todas partes del mundo. ¿No estamos, la mayoría de nosotros, corriendo de aquí para allá en nuestros automóviles, buscando el placer? ¿No está aumentando la ciencia? ¿Ha habido un tiempo en la historia del mundo en que tanto conocimiento ha sido derramado sobre la gente? Con tristeza confesamos que las palabras de Pablo son verdaderas: “¡la gente está siempre aprendiendo, y nunca puede acabar de llegar al conocimiento de la verdad!” ¿Ha tratado usted de asociar el derramamiento de conocimiento, los descubrimientos grandes y las invenciones de los últimos cien años, con la restauración del evangelio? ¿Piensa usted que existe una relación? No es porque somos más inteligentes que nuestros antepasados sino que así lo ordenó Dios para nuestra generación. Sin embargo, los hombres toman sobre sí la honra y dejan de reconocer la mano de Dios en estas cosas. Fué descubierta América porque así lo ordenó el Señor. Fué restaurado el evangelio en América en vez de otra nación, porque así lo quiso el Señor. Esta es la tierra que hace sombra con las alas de que se habla en Isaías, que hoy envía mensajeros por la mar a una nación tirada y repelida, que en un tiempo fué asombro en su principio. Ahora otra vez se está congregando esa nación, y una vez más gozarán del favor del Señor.

Guerras y la caída de naciones

¿No hemos tenido rumores de guerras? ¿No hemos tenido guerras tal como nunca se ha visto en el mundo? ¿No hay movimiento entre las naciones de hoy, y no están preocupados los gobernadores? ¿No han sido revolcados los reinos y grandes cambios efectuados entre las naciones? El mundo entero está en un tumulto. Cada día se están reportando terremotos en diversos lugares, y todas las señales dadas por el Señor se han visto o están para verificarse. Por medio de la observación y la profecía sabemos que es cierto. Hace cien años el profeta Elías dijo a José Smith que el día grande y terrible del Señor estaba cerca, “aun a las puertas”.

Desatentos a la destrucción amenazante

Sin embargo el viejo mundo sigue haciendo poco caso de todo lo que el Señor ha dicho, y de todas las señales e indicaciones que se han dado. Los hombres endurecen sus corazones y dicen “que Cristo demora su venida hasta el fin de la tierra”. (D. y C. 45:26). Están “comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento” según las costumbres del mundo y no las de Dios, y lo hacen sin pensar en que el fin de la iniquidad esté cerca. El placer y el amor del mundo han capturado los corazones de la gente. No hay tiempo para que una gente así pueda adorar a Dios y hacer caso de sus amonestaciones; de modo que así continuará hasta que el día de destrucción les sobrevenga. En toda la historia del mundo no ha habido un tiempo más preciso para que los hijos de los hombres se arrepientan. Nos jactamos de nuestra civilización tan avanzada y del gran conocimiento y sabiduría que poseemos, ¡pero con todo esto nos olvidamos del amor de Dios! El Señor, así como Elías, nos amonestó por medio de José Smith. El Señor dijo: “Porque he aquí, de cierto, de cierto te digo, que está próxima la hora en que vendré en una nube con poder y gran gloria.

Y será un día grande al tiempo de mi venida, porque todas las naciones temblarán.
Pero antes que venga ese día grande, el sol se obscurecerá y la luna se tornará en sangre; y las estrellas se negarán a brillar y algunas caerán; y grandes destrucciones esperan a los malvados”. —D. y C. 34:7-9.

Si cuando Elías vino estaba cerca el día grande y terrible del Señor, entonces estamos un siglo más cerca hoy que antes. “¡Pero no! Seguramente estás equivocado, Elías. ¿De cierto han pasado cien años y estamos en condiciones mejores? ¡Mira a nuestros inventos, nuestro conocimiento y nuestra sabiduría! ¡Seguramente estás equivocado!”. Parece que muchos piensan y dicen; y por sus acciones podemos decir que tienen la seguridad que el mundo va a permanecer en esta condición por millones de años antes que venga el fin. Hablen con ellos; escuchen lo que estos sabios hombres del mundo tienen que decir. Dirán, “hemos pasado temporadas peores”. “Estás equivocado en pensar que hay más calamidades hoy que en tiempos pasados. No hay más terremotos; siempre ha temblado la tierra, pero ahora tenemos medios para recoger las noticias que no tenían nuestros padres”. “Estas no son señales de los tiempos: las cosas no están diferentes que en los tiempos pasados”. Y así la gente rehúsa darse cuenta de las amonestaciones dadas tan bondadosamente por el Señor y en esta manera cumplen las Escrituras. Pedro dijo que hablarían tales cosas y amonestó a la gente con estas palabras:

Amados, yo os escribo ahora esta segunda carta, y en las dos despierto con exhortación vuestro limpio entendimiento,
para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por nosotros, los apóstoles;
sabiendo primero esto, que en los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias,
y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación.
Ellos desconocen voluntariamente que los cielos existieron desde tiempo antiguo, y que la tierra surgió del agua y mediante el agua y que fue establecida por la palabra de Dios,
por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua.
Pero los cielos y la tierra que existen ahora están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos. —2 Pedro 3:1-7.

Una amonestación igual dada a todos

En esta amonestación Pedro hace resaltar la destrucción de la tierra por el diluvio, y dice que en la venida de Cristo vendrá otra detersión y que la segunda vez será por fuego. En esta venida los burladores aplazarían o negarían. ¿No está la condición de la gente hoy muy parecida a la de los días de Noé? ¿Creyó y se arrepintió la gente en aquel entonces? ¿Puede usted hacer que los hombres crean que hay algo de peligro? ¿Cree usted lo que dijo el Señor hace unos cien años: “porque no hago acepción de personas, y quiero que todo hombre sepa que el día viene con rapidez; la hora no es aún, mas está próxima, cuando la paz será quitada de la tierra, y el diablo tendrá poder sobre su propio dominio.” (D.y C. 1:35). “Y he aquí, vengo pronto para hacer juicio, a fin de convencer a todos de sus obras inicuas que han cometido en contra de mí, como está escrito de mí en el libro“. (D.y C. 99: 5). “Preparaos, preparaos para lo que ha de venir, porque el Señor está cerca;
y la ira del Señor está encendida, y su espada es limpiada en el cielo y caerá sobre los habitantes de la tierra.” (D. y C. 1:12-13). “De cierto os digo, no pasará la generación en que se mostraren estas cosas hasta que se cumpla todo lo que os he dicho”.—P.de G. P. Escritos de José Smith, 1: 34.

Velad, pues, y estad apercibidos

¿Dormiremos en ignorancia completa? ¿Despreciaremos todo lo que el Señor nos ha dado como amonestación? Os digo, “Velad pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Esto empero, sabed que si el padre de la familia supiese a cuál vela el ladrón había de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad apercibidos; porque el Hijo del Hombre ha de venir a la hora que no pensáis”.

Capítulo 40 — La reunión en Adan-Ondi-Ahman