El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 22

Los gentiles en la tierra de Sion.

Pero si los gentiles se arrepienten y vuelven a mí, dice el Padre, he aquí, serán contados entre los de mi pueblo, oh casa de Israel. — 3Ne­fi 16:13.

El Espíritu obró sobre un hombre entre Gentiles.

Hace como cuatro siglos y medio un navegador valiente y atrevido partió en un buque del puerto de Palos, Es­paña, en tres buques chicos con las proas hacia el poniente. Pensó que ha­bía sido impulsado por la esperanza de que encontraría una ruta más cerca a la India, porque pensaba que el mun­do era redondo. La influencia que lo impulsó era el Espíritu del Señor, por­que el tiempo había llegado para que la tierra de José, o Sión como fue lla­mada en la Biblia, se diese a conocer al mundo gentil. Sin embargo, era un he­cho muy atrevido lo que hizo Cristóbal Colón, porque el pueblo de aquel tiem­po, estando en obscuridad espiritual, creían que el mundo era plano, y el centro del universo. Fué bien conoci­do por profetas antiguos que el mundo era un planeta girando alrededor del sol, (Abrahán 1:13; Helamán 12:15), pe­ro los hombres habían perdido este co­nocimiento por causa de transgresión. Después de navegar muchos días, en lugar de encontrar a la India, Colón descubrió la tierra de Sión con sus ha­bitantes desconocidos, los descendientes degenerados del Profeta Lehi. Cuando el mundo del oriente aprendió de este mundo nuevo en el poniente muchos otros gentiles emprendieron su viaje sobre las muchas aguas y muchos gen­tiles se establecieron en esta tierra.

Otros Gentiles en la tierra Prometida.

Todo esto había sido predicho. No era asunto de casualidad. El tiempo señalado por el Señor había llegado para favorecer a los gentiles. La llegada de Colón era un incidente en la prepara­ción para la restauración del evangelio sempiterno. Las multitudes de gentiles sobre la tierra de promisión, había si­do predicho por los profetas desde el principio. Como seiscientos años antes del nacimiento de Jesucristo, Nefi, via­jando en el desierto de Arabia con la familia de su padre hacia la tierra de Sión, vió todo esto en visión, y mucho más, aun hasta el fin de los tiempos. Se le dió a saber que sus descendien­tes y los descendientes de sus hermanos mayores, se dividirían y formarían dos naciones que estarían en guerra unos con los otros. Vió el tiempo de la ve­nida de Cristo y su ministerio con sus apóstoles, también que después de su resurrección visitaría a los habitantes de este continente y les daría el evan­gelio en su plenitud. Con tristeza vió la destrucción completa de su propio pueblo por rebelión, y los lamanitas es­parcidos por toda la faz del país, vi­viendo en obscuridad, sin luz divina, porque la ira del Señor estaba sobre ellos. Al verlos en visión, Nefi escri­bió:

Y aconteció que el ángel me dijo: He aquí, la ira de Dios está sobre la posteridad de tus hermanos.
Y miré, y vi entre los gentiles a un hombre que estaba separado de la posteridad de mis hermanos por las muchas aguas; y vi que el Espíritu de Dios descendió y obró sobre él; y el hombre partió sobre las muchas aguas, sí, hasta donde estaban los descendientes de mis hermanos que se encontraban en la tierra prometida.
Y aconteció que vi al Espíritu de Dios que obraba sobre otros gentiles, y salieron de su cautividad, cruzando las muchas aguas.
Y sucedió que vi muchas multitudes de gentiles sobre la tierra de promisión, y vi que la ira de Dios vino sobre los descendientes de mis hermanos, y fueron dispersados delante de los gentiles, y afligidos.
Y vi que el Espíritu del Señor estaba sobre los gentiles, y prosperaron y obtuvieron la tierra por herencia; y vi que eran blancos y muy bellos y hermosos, semejantes a los de mi pueblo antes que los mataran. —1Nefi 13:11-15.

Una obra maravillosa para los Gentiles

Nefi vió las promesas hechas a los gentiles en este país, y que el Señor tenía para ellos una obra maravillosa que consistía en dar a luz el evangelio en su plenitud y llevarlo a la simiente de sus hermanos. Se hizo la promesa de que después que los lamanitas fueran esparcidos y maltratados por los genti­les, vendría el tiempo cuando serían co­mo ayos a ellos, no solamente a ellos, sino a otros de los esparcidos de Is­rael. Fué reservado a los gentiles con­gregar al resto de Israel, y darles las bendiciones del Evangelio. Fué escrito que el tiempo llegaría cuando el Señor manifestaría su verdad a todas las na­ciones, “tanto a los judíos como a los gentiles” y después que se hubiese ma­nifestado a los judíos y también a los gentiles, entonces se manifestaría a los gentiles y también a los judíos, y los postreros serían los primeros, y los prime­ros serían los postreros. Todo esto se ha cumplido de acuerdo con la promesa.

Los Gentiles fieles serán contados entre los del Pueblo de Israel.

Y sucederá “dijo el Señor a Nefi”,que si los gentiles escucharen al Cordero de Dios el día en que él mismo se manifieste a ellos, tanto en palabra, como también en poder, real y verdaderamente, para quitar sus tropiezos,

y no endurecieren sus corazones contra el Cordero de Dios, serán contados entre la posteridad de tu padre; sí, serán contados entre los de la casa de Israel; y serán para siempre un pueblo bendito sobre la tierra prometida, y no serán llevados más al cautiverio; y la casa de Israel ya no será confundida. — 1Ne­fi 14:1-2.

De los Gentiles a Israel.

Cuando Moroni iba a esconder el com­pendio del Libro de Mormón, profetizó que vendría para convencer a los ju­díos y gentiles y para enseñar al resto de la casa de Israel las cosas grandes que el Señor ha hecho para sus padres, y que había de venir en el debido tiem­po del Señor, “por medio de los genti­les, siendo su interpretación dada por el don de Dios.” Nefi al explicar su vi­sión dijo que el “libro del Cordero de Dios, que salió de la boca del judío”, vendría de los gentiles al resto de la posteridad de sus hermanos. (1Nefi 13:38-40.) Además, el mismo Salvador cuando vino a los nefitas, los informó que en los postreros días cuando el evangelio fuese revelado, y viniese a la casa de Israel, vendría de los genti­les. Estas son sus palabras:

Y os mando que escribáis estas palabras después que me vaya, para que si se da el caso de que mi pueblo en Jerusalén, aquellos que me han visto y han estado conmigo en mi ministerio, no le piden al Padre en mi nombre recibir conocimiento por medio del Espíritu Santo, acerca de vosotros, como también de las otras tribus, de las cuales nada saben, estas palabras que escribáis se preserven y sean manifestadas a los gentiles, para que mediante la plenitud de los gentiles, el resto de la posteridad de aquellos, que será esparcido sobre la faz de la tierra a causa de su incredulidad, sea recogido, o sea, llevado al conocimiento de mí, su Redentor.
Entonces los reuniré de las cuatro partes de la tierra; y entonces cumpliré el convenio que el Padre ha hecho con todo el pueblo de la casa de Israel.
Y benditos son los gentiles por motivo de su creencia en mí, mediante el Espíritu Santo, que les testifica de mí y del Padre.
He aquí que debido a su creencia en mí, dice el Padre, y a causa de vuestra incredulidad, oh casa de Israel, la verdad llegará a los gentiles en los últimos días, para que les sea manifestada la plenitud de estas cosas. 3 Nefi 16:4-7.

Bendiciones prometidas a los Gentiles que Creyeren.

De estas citas y muchas otras pre­dicciones en el Libro de Mormón, descubrimos que grandes son las bendicio­nes a los gentiles en la tierra de Sión que creyeren. Que sea recordado que las bendiciones no son para los gentiles incrédulos. El Señor habló por medio de Jacob, el hermano de Nefi, diciendo que haría de este continente la heren­cia de los gentiles que vivieren en él. “Y esta tierra será un país de libertad para los gentiles; y en ella no se ele­varán reyes entre ellos. Y fortificaré esta tierra contra todas las otras na­ciones.” (2Nefi 10:11-12.) Tales son las promesas hechas a las naciones gen­tiles en esta tierra dada a José por su herencia, y los gentiles serán con­tados entre los hijos de José, si reciben el evangelio. 1Nefi 14:2.

Los Injustos no pueden reclamar las Bendiciones.

Hasta hoy el Señor ha protegido a los gentiles en esta tierra contra toda otra nación, y la ha hecho una tierra de libertad para los gentiles. Y siempre que estén dispuestos a ser humil­des y esforzarse a hacer lo correcto, es­tas bendiciones seguirán. Cuando ven­ga el tiempo que rehúsen servir a Je­sucristo, entonces toda protección alvi­na será retirada de ellos. Los injustos no han de suponer que pueden reclamar las promesas de protección dadas por el Señor a los fieles. Dijo el ángel a Nefi:

…Tú has visto que si los gentiles se arrepienten, les irá bien; y también sabes acerca de los convenios del Señor con la casa de Israel; y también has oído que el que no se arrepienta deberá perecer.

Por lo tanto, ¡ay de los gentiles, si es que endurecen sus corazones contra el Cordero de Dios!

Porque viene el día, dice el Cordero de Dios, en que haré una obra grande y maravillosa entre los hijos de los hombres, una obra que será sempiterna, ya para una cosa u otra; ya para convencerlos a la paz y vida eterna, o entregarlos a la dureza de sus corazones y ceguedad de sus mentes hasta ser llevados al cautiverio, y también a la destrucción, tanto temporal como espiritualmente, según la cautividad del diablo, de la cual he hablado.— 1 Nefi 14:5-7.

Estas promesas son dadas a los gen­tiles en esta tierra y pueden asistir en construir a Sión y el templo, y tener parte en todas las bendiciones de la ca­sa de Israel. Ha sido su privilegio ser honrados y bendecidos en que han si­do como ayos al resto de los lamanitas, y han sido bendecidos con el sacerdocio y con el privilegio de organizar la iglesia en preparación para el recogimien­to de Israel. Es cierto, que estos que han llevado a cabo esto, que son de los Gen­tiles, también son descendientes de Israel por medio de Efraín. Por virtud de su descendencia tienen derecho a estas bendiciones; pero otros quienes no sean de la sangre de Israel las recibirán si so­lamente acepten las promesas hechas por el Señor a los gentiles en esta tie­rra. Y si lo rehúsan cuando “se levan­ten en el orgullo de sus corazones por encima de todas las naciones, y de todos los pueblos de la tierra,” el Señor ’os cortará y les quitará el evangelio, y lo dará a la casa de Israel el pue­blo del convenio. (3 Nefi 16: 10-11) Entonces el Señor recordará los conve­nios que hizo con sus padres por me­dio de Isaías:

Tus centinelas levantarán la voz; unánimes cantarán, porque verán ojo a ojo cuando el Señor hiciere volver a Sion.

¡Prorrumpid en alegría! ¡Cantad juntamente, lugares desolados de Jerusalén! Porque el Señor ha consolado a su pueblo, ha redimido a Jerusalén.

El Señor ha desnudado su santo brazo a la vista de todas las naciones, y todos los extremos de la tierra verán la salvación de Dios.— 3 Nefi 16:18-20.

Capítulo 23 Nuestra responsabilidad individual