El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 37

La nueva Jerusalén y su Templo

“Porque allí estará mi tabernáculo, y se llamará Sión, una nueva Jerusalén.” Moisés 7:62.

Desde la organización de la Iglesia hasta este tiempo los Santos de los Últimos Días han esperado el día de la construcción de la Nueva Jerusalén con su santuario santo. En la primera parte del año 1830 se levantó algo de especulación acerca de la construcción de esta ciudad la cual, los santos aprendieron del Libro de Mormón, que iba a ser construida en este continente de las Américas.

Una ciudad santa en esta Tierra

Se le enseñó a Éter en una visión muchas cosas aun hasta el fin del tiempo. Se le enseñó la ciudad de Jerusalén en Palestina y el ministerio de Jesucristo. También fué enseñado que debía de haber una ciudad santa edificada en esta tierra de promisión en los últimos días. En registrar Moroni lo que vio Éter, nos ha dado lo que sigue:

Porque, he aquí, que desecharon todas las palabras de Éter; porque en verdad les había dicho de todas las cosas desde el principio del hombre; y que después que las aguas se retiraron de sobre la superficie de este país, vino a convertirse en una tierra escogida sobre todas las demás, una tierra escogida del Señor; por lo que el Señor desea que todos los hombres que la habiten le sirvan; Y que era el lugar de la Nueva Jerusalén que descendería del cielo, y el del Santo Santuario del Señor.

He aquí, que Éter vio los días de Cristo, y habló de una Nueva Jerusalén en este país.

Y habló también concerniente a la casa de Israel, y de Jerusalén de donde vendría Lehi; la que, después que fuese destruida, sería reconstruida de nuevo, una ciudad santa para el Señor; por lo tanto, no podría ser una Nueva Jerusalén, puesto que había existido ya en los tiempos antiguos, sino que sería reconstruida, y vendría a ser una ciudad santa del Señor; y sería construida para la casa de Israel; (Éter 13:2-5).

Construida por la simiente de José

Y que una Nueva Jerusalén sería levantada en este país, para el resto de la posteridad de José, para lo que hubo un tipo.

Porque del mismo modo que José llevó a su padre al país de Egipto, de modo que murió allí; del mismo modo el Señor trajo a un resto de la descendencia de José, del país de Jerusalén, para usar su misericordia con la posteridad de José, de modo que no perecieran así, aun como tuvo misericordia con el padre de José, para que no pereciera.

Por lo tanto, el resto de la casa de José se establecerá en este País, que será la tierra de su herencia; y levantarán una santa ciudad para el Señor, igual a la antigua Jerusalén; y no serán confundidos más, hasta que venga el fin y pase la tierra.

Y entonces habrá un cielo nuevo, y una tierra nueva; y serán semejantes a los antiguos, salvo que los antiguos habrán desaparecido, y todas las cosas habrán sido hechas nuevas.

Entonces vendrá la Nueva Jerusalén; y benditos sean los que habiten en ella; porque serán aquellos cuyos vestidos hayan sido blanqueados por medio de la sangre del Cordero; y ellos son los que son contados entre el resto de la posteridad de José, los que son de la casa de Israel.

Y entonces viene también la antigua Jerusalén; y benditos sean sus habitantes, porque se han lavado en la sangre del Cordero, siendo ellos los que estaban esparcidos, y han sido recogidos de las cuatro partes de la tierra, y de los países del Norte, y participan del cumplimiento de la alianza que Dios hizo con su padre Abrahán. (Éter 13:6-11).

Un lugar de reunión para Israel

Cuando el Salvador visitó a los nefitas él habló de la Nueva Jerusalén en esta tierra, y dijo: Porque sucederá, dice el Padre, que, a quienquiera que no se arrepienta y vaya a mi Muy Amado Hijo en aquel día, yo le talaré de entre los de mi pueblo, ¡oh casa de Israel!

Y ejecutaré mi venganza, y ejerceré mi furor sobre ellos, aun como sobre los paganos, de una manera tal como nunca ha llegado a sus oídos.

Pero, si se arrepintieren, y escucharen mis palabras, y no endurecieren sus corazones, estableceré mi Iglesia en medio de ellos; y vendrán a disfrutar de la alianza, y serán contados entre este país por herencia,

Y asistirán a mi pueblo, el resto de Jacob, como también a cuantos vengan de la casa de Israel, para que construyan una ciudad que será llamada la Nueva Jerusalén.

Y ayudarán, entonces a mi pueblo que está dispersado por toda la superficie de este país, para que se reúna en la Nueva Jerusalén.

Y entonces el poder del cielo bajará en medio de ellos; y yo mismo estaré con ellos.

Y entonces la obra del Padre empezará en aquel día, aun cuando sea predicado este evangelio entre el resto de este pueblo. En verdad, os digo que, en aquel día, empezará la obra del Padre entre todos los dispersos de mi pueblo; sí, aun entre las tribus perdidas, a las cuales ha sacado el Padre de Jerusalén.

Sí, empezará, con el Padre, entre todas las naciones, preparando la vía por donde su pueblo sea recogido a sus hogares en el país de su herencia.

Entonces saldrán de todas las naciones; y no saldrán apresurados, ni irán huyendo, porque yo iré delante de ellos, y será también su retaguardia, dice el Padre. (3 Nefi 21:20-29).

La Ley saldrá de Sión

Este continente occidental es conocido como la tierra de José y también es designado como la tierra de Sión. Isaías y otros profetas antiguos así se han referido a él. A veces es llamada la Ciudad de Sión, la ciudad santa que se construirá en esta tierra. Debemos tener en mente que estos términos Ciudad de Sión y Nueva Jerusalén, se refieren al mismo lugar santificado de donde saldrá la ley como la palabra del Señor saldrá de Jerusalén.

El regreso de Sión, la ciudad de Enoc

La ciudad de Enoc también fué llamada Sión, que por interpretación quiere decir, los puros de corazón. El Señor dijo a Enoc: Y enviaré justicia desde los cielos y haré brotar la verdad de la tierra para testificar de mi Unigénito; su resurrección de los muertos, sí y también la resurrección de todos los hombres; y haré que la justicia y la verdad a nieguen la tierra como un diluvio, a fin de recoger a mis escogidos de las cuatro partes de la tierra a una Ciudad Santa, para que mi pueblo ciña sus lomos y espere el tiempo de mi venida: porque allí estará mi tabernáculo, y se llamará Sión, una Nueva Jerusalén.

Y el Señor le dijo a Enoc: Entonces tú y toda tu ciudad los recibiréis allí, y los recibiremos a nuestro seno, y ellos nos verán; y nos echaremos sobre sus cuellos, y ellos sobre los nuestros, y nos besaremos los unos a los otros;

Y allí será mi morada, y será Sión, la cual saldrá de todas las creaciones que he hecho; y por el espacio de mil años la tierra descansará. (Moisés 7:62-64).

Dos ciudades como capitales en el reino de Cristo

En cumplimiento a esta promesa cuando venga Cristo, habrá en la tierra dos ciudades que se harán santas, con sus santuarios santos, o templos. Una será la ciudad de Jerusalén en la tierra de Judá, que ha de ser reconstruida; la otra la tierra de Sión, o la Nueva Jerusalén en la tierra de José.

Cuando se dio a conocer que la Nueva Jerusalén se construiría en las Américas, los santos empezaron a preguntarse ¿dónde estaría la ciudad? Hiram Page, uno de los testigos del Libro de Mormón, consiguió una “piedrita” por la cual reclamó recibir revelación para la Iglesia. Entre unas de las cosas que quiso hacer conocidas fué en donde se construiría la ciudad. Naturalmente prevaleció mucha confusión, y aun Oliverio Cowdery fué engañado a aceptar lo que Hiram Page había dado. El profeta José Smith tuvo algo de dificultad para poder corregir este mal y calmar las mentes de los miembros de la Iglesia. Pero a la vez vino bien por causa de esta ocasión, porque el Señor dio a conocer que sólo uno a la vez es dotado con el don de recibir revelación para la Iglesia, y esto iba a ser una ley por la cual la Iglesia había de ser gobernada. En esta misma revelación el Señor corrigió la enseñanza falsa de Hiram Page e informó a la Iglesia que el lugar de la Nueva Jerusalén no se había revelado, pero cuando se revelara iba a ser en las fronteras cerca de los lamanitas. Oliverio Cowdery fué asignado a ir a una misión a los lamanitas y después, Parley P. Pratt y Ziba Peterson fueron llamados para acompañarlos. En esta manera se llevó el mensaje del evangelio al condado de Jackson, Misuri.

Una tierra de herencia para siempre

En los primeros días del año 1831, la jefatura de la Iglesia se cambió de Fayette, Nueva York, a Kirtland, Ohio, dijo el Señor que allí les daría su ley, y donde estarían dotados con poder de arriba. (D. y C. 38:32). También prometió el Señor revelar a los santos el lugar de su herencia: “Y éste será mi convenio con vosotros; Será la tierra de vuestra heredad, y la de vuestros hijos para siempre, mientras dure la tierra, y la poseeréis otra vez en la eternidad para nunca más volver a pasar.”

Cuando los miembros se reunieron en Kirtland el Señor les dio su ley. También dio instrucciones con el propósito de prepararlos para su herencia. Llamó a sus élderes que fueran a declarar su palabra “a las regiones del oeste,” y de edificar mi Iglesia, “hasta el tiempo en que os sea revelado de lo alto, cuando ha de ser preparada la ciudad de la Nueva Jerusalén, para que seáis congregados en uno; a fin de que seáis mi pueblo y sea yo vuestro Dios.” Al obispo de la Iglesia se le dio instrucciones en cuanto a las propiedades de los santos; el cuidado del almacén; el ver por los pobres y necesitados, y también en juntar fondos para comprar tierras y para construir a la Nueva Jerusalén, el lugar del cual se revelaría en lo futuro. En los primeros días de junio del año 1831, se llevó a cabo una conferencia en Kirtland. Al terminar esta conferencia, el 7 de junio, dijo el Señor: “Yo, el Señor, os haré saber lo que quiero que Juagáis, desde ahora hasta la próxima conferencia, la cual se verificará en Misuri, en la tierra que consagraré a los de mi pueblo, quienes son un resto de Jacob, y a los que son herederos conforme al convenio. . . . Así que, aun como he dicho, si sois fieles, os congregaréis para regocijaros en la tierra de Misuri, que es la tierra de vuestras heredades, la cual ahora es la tierra de vuestros enemigos. Pero he aquí, yo, el Señor, daré prisa a la fundación de la ciudad en su tiempo, y coronaré a los fieles con gozo y regocijo.” (D. y C. 52:2, 42-43).

El lugar de la ciudad de Sión

Obedientes a este mandamiento; los élderes se fueron de dos en dos, en su debido tiempo llegaron al condado de Jackson, estado de Misuri. Allí, en contestación a su ferviente oración, el Señor reveló el lugar de la Nueva Jerusalén, y el lugar de construir este templo, o santo santuario, el que fué visto por Enoc y también por Éter, como siendo construida en los últimos días. Y dando a conocer este lugar el Señor dijo: “Escuchad, dice el Señor vuestro Dios, oh vosotros, los élderes de mi iglesia, quienes conforme a mis mandamientos os habéis congregado en esta tierra de Misuri que he señalado y consagrado para el recogimiento de los santos. Por lo tanto ésta es la tierra prometida, y el sitio para la ciudad de Sión. (D. y C. 57:1-2). El lugar en donde se construiría el templo en ese tiempo fué señalado. El día 2 de agosto de 1831, la tierra fué dedicada por Sidney Rigdon como una posesión y herencia de los santos, y el día siguiente el profeta José Smith dedicó el lugar para el templo en un lugar que quedaba a una distancia al oeste del juzgado de Independence.

Era natural que los hermanos quienes estaban congregados pensaban que la Nueva Jerusalén, o ciudad de Sion y el templo se construirían en ese tiempo. Anteriormente el Señor les había dado mandamiento respecto a sus deberes y los había instruido acerca de la ley que se observaría en Sión. El también indicó, que la ciudad no se construiría en ese tiempo. “Por lo pronto no podéis ver con los ojos naturales el designo de vuestro D os concerniente a aquellas cosas que vendrán después, y la gloria que seguirá a la mucha tribulación. Porque tras mucha tribulación vienen las bendiciones, por tanto, el día viene en que seréis coronados con gran gloria; la hora no es aún, más está a la mano.” (D. y C. 58:3-4).

Es verdad que el Señor hubiera bendecido a los santos y hubiera empezado el establecimiento de la Ciudad Santa en ese tiempo, si hubiera escuchado fielmente a sus mandamientos, pero de estas palabras es claro que la gloria de Sión era en lo futuro, pero “está a la mano” en el sentido espiritual. En otras revelaciones es hecho claro que los élderes tendrían que ser dotados de poder de lo alto, e ir a declarar el evangelio a las naciones, y arrimar al pueblo de los fines del mundo antes que se pudiera edificar a Sión. Así el Señor desde el principio les dio instrucciones a los santos que la edificación de la Nueva Jerusalén y el templo sagrado sería detenida hasta llevar a cabo muchas otras cosas y que pasaran por muchas tribulaciones.

“La ciudad Nueva Jerusalén ha de ser edificada”

Han pasado más de cien años desde que se dedicó el lugar de Sión y se escogió el lugar para el templo, y parece que unos de los miembros de la Iglesia temen que falle la palabra del Señor. Otros han querido convencerse que el plan original se ha cambiado, y que el Señor no requiere de nuestras manos esta gran obra que ha sido predicha por los profetas de la antigüedad. No hemos sido relevados de esta responsabilidad, ni lo seremos. La palabra del Señor no fracasará. Si vemos hacia atrás y examinamos su palabra con cuidado descubriremos que nada ha fracasado de todo lo que él ha predicho, ni pasará una jota ni una tilde sin cumplirse. Es cierto que el Señor mandó a los santos construir un templo a su nombre en Sión. Estos se esforzaron a hacerlo pero sus enemigos no lo permitieron, por lo tanto el Señor no requirió el trabajo de sus manos en ese tiempo. El ser relevado de construir el templo en el año de 1833, en ninguna manera canceló la responsabilidad de edificar la ciudad y la casa del Señor, en un tiempo futuro. Cuando esté listo el Señor para que se lleve a cabo, mandará a su pueblo, y se hará el trabajo.

En una revelación dada el 22 y 23 de septiembre de 1832, dijo el Señor: De cierto, ésta es la palabra del Señor, que la ciudad de la Nueva Jerusalén será edificada por el recogimiento de los santos, principiando en este lugar, aun el lugar del templo que se edificará en esta generación.

Porque en verdad, no pasará toda esta generación sin que se edifique una casa para el Señor, y sobre ella descansará una nube, la cual será la gloria del Señor que llevará la casa. (D. y C.84:4-5).

“No Pasará toda esta generación”

Se han dado muchas interpretaciones al término “generación”. Hay aquellos quienes sostienen que una generación es cien años; que no puede ser más ni menos; otros sostienen que una generación es ciento veinte años. Unas de las referencias en las escrituras indican que el término se debe aplicar a aquellos quienes están viviendo en cualquier período de tiempo, o la gente del mismo período o edad. Pero, a mí me parece, que se debe interpretar su sentido por leer el contenido. Cuando el Salvador dijo; “La generación mala y adulterina demanda señal,” tenía en la mente la gente, y no un período de tiempo. Así parece, podemos estar justificados en concluir que la expresión mencionada en la revelación anterior: Porque en verdad, no pasará esta generación,” tiene referencia a aquellos quienes vivían en ese tiempo, no a un período de cien años. Yo a la verdad creo que habrá unos de aquella generación quienes vivían cuando se dio esa revelación que estarán viviendo cuando se edifique este templo. Y no creo que el Señor se haya limitado a llevar a cabo este asunto dentro de los cien años de 1832, pero él tiene el poder de llevarlo a cabo cuando él desee hacerlo.

No importa que sea la interpretación correcta, queda el hecho de que la Ciudad de Sión, o Nueva Jerusalén, eventualmente se construirá en el condado de Jackson, Edo. de Misuri, y también el templo del Señor se construirá. Tengo toda confianza en la palabra del Señor que no fracasará.

Se construirá el templo por los fieles y verídicos

Ni tampoco llamará el Señor a aquellos quienes están cortados de su pueblo para llevar a cabo su santa obra. El templo no se construirá por aquellos quienes dicen que José Smith era un profeta caído, y quienes han dejado de aceptar la plenitud de la palabra del Señor como vino por él. Ningún pueblo será mandado y dirigido por revelación del Señor para edificar su templo, cuando no saben cómo construir templos, y de las ordenanzas hechas allí. Los santos de los últimos días poder estar seguros que cuando venga el tiempo para construir la casa del Señor, llamará a su pueblo que ha sido fiel en los propósitos del Señor de llevar a cabo la salvación de los vivos y los muertos. Podemos estar muy seguros que el Señor no mandó a Elías el Profeta con las llaves que a él, fué mandado a conferir, y pedirles a ellos que edificaran el templo.

Cuando hablará el Señor

Aquellos quienes tienen el lugar, que fué dedicado en el año 1831 como el lugar para construir el templo están sin autoridad divina. Nosotros decimos de ellos como el Señor dijo a aquellos de la antigüedad: “ay de vosotros. . . porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; que ni vosotros entráis, ni a los que están entrando dejáis entrar.”

Cuando hablará el Señor, se presentará la manera para llevar a cabo sus propósitos, y toda oposición se derretirá como la escarcha ante el sol. “Porque así dice el Señor; acortaré mi obra en justicia, porque vendrán días en que enviaré juicio hasta lograr la victoria.” (D. y C. 52:11) “He aquí, yo apresuraré mi obra en su tiempo.” (D. y C. 38:73).

“Y de cierto, de cierto te digo, que lo que ligares en la tierra será ligada en los cielos; y lo que atares en la tierra, en mi nombre y por mi voz, dice el Señor, será eternamente atado en los cielos; y los pecados que perdonares en la tierra serán eternamente perdonados en los cielos; y los pecados que retuvieres en la tierra serán retenidos en los cielos.” (D. y C. 132:46.)

Capítulo 38 — La ley de consagración