El Camino Hacia la Perfección

Capítulo 29

Porque de los tales es el Reino de los Cielos

Todos los espíritus de los hombres fueron inocentes en el principio; y habiéndolo redimido Dios de la caída, el hombre llegó a quedar de nuevo en su estado de infancia, inocente delante de Dios.—D. C. 93:38.

Inocente delante de Dios

¿Qué es más amable que un niño pequeño? ¿Es posible contemplar la cara inocente y confiada de un infante de un año, o menos, y sentir que hay mancha en su alma? ¿Creen que el débil y dependiente niño pequeñito está bajo condenación a causa del pecado de otro y tiene que ser limpiado por algún rito religioso falsamente llamado “bautismo”? Si creen tal cosa su propia ama está en las profundidades del cautiverio del pecado. Si creen esto, no ha comprendido el significado de la expiación de Jesucristo. No comprenden la misión de nuestro Salvador, y están ligados con las cadenas del infierno.

El Bautismo de infantes es una burla solemne

Escuchen las palabras de un profeta que vivió hace aproximadamente mil quinientos años.

De esta manera es como el Espíritu Santo me manifestó la palabra de Dios; por lo tanto, amado hijo mío, sé que es una burla solemne ante Dios el bautizar a los niños pequeñitos.

He aquí, os digo, que esto es lo que enseñaréis: el arrepentimiento y el bautismo a los que sean responsables y capaces de cometer el pecado; sí, enseñad a los padres que tienen que arrepentirse y bautizarse, humillándose a sí mismos como niños pequeñitos. Y entonces se salvarán todos ellos con sus niños pequeñitos.

Y sus niños pequeñitos no tienen necesidad de arrepentirse ni de ser bautizados. He aquí, que el bautismo es para el arrepentimiento para que se cumplan los mancamientos para la remisión de los pecados.

Pero los niños pequen tos viven en Cristo, aun desde la fundación del mundo; si no fuere así, Dios sería un Dios parcial, un Dios variable, que haría acepción de personas; parque, ¿cuántos niños pequeñitos no han muerto sin el bautismo.

Por lo tanto, si los niños pequen tos no podrían salvarse sin ser bautizados, éstos hubieran ido a un infierno sin fin.

He aquí, que os digo, que el que supone que los niños pequeñitos tienen necesidad del bautismo, se halla en la hiel de amargura y en las ligaduras de la iniquidad; porque no tiene fe, ni esperanza ni caridad; por tanto, si pereciere con este pensamiento, iría al infierno.

Porque terrible es la iniquidad de suponer que Dios salva a un niño a causa del bautismo, y que otro debe perecer por no haberlo recibido.

¡Ay del que pervierta, de esta manera, las vías del Señor, porque perecerá excepto que se arrepintiere! He aquí, hablo sin temor, porque tengo autoridad de Dios; y no temo lo que el hombre hiciere, porque el amor perfecto desecha todo temor.

Y estoy lleno de caridad que es un amor eterno; por lo tanto, todos los niños son iguales ante mí, y, por lo tanto, amo a los niños pequeñitos con un perfecto amor; y todos ellos son iguales y participantes de la salvación.

Porque yo sé que el Señor no es un Dios parcial, ni un Ser inconstante; sino que es invariable de eternidad en eternidad.

Los niños pequeñitos no pueden arrepentirse; por consiguiente, es una terrible iniquidad el negarles las puras misericordias de Dios, puesto que todos tienen vida en El a causa de su misericordia.

Y quienquiera que diga que los niños pequeñitos tienen necesidad de bautizarse, niega las misericordias de Cristo, y tiene en nada su expiación y el poder de su redención.

¡Ay de los tales, porque están en peligro de la muerte, del infierno y de los tormentos sin fin! Lo digo sin temor, porque así me lo mandó Dios. Escucha las palabras de Cristo, y dales atención; porque, sino, ellas se pondrán contra ti ante el tribunal de Cristo.

Porque, he aquí, que todos los niños pequeñitos viven en Cristo, como todos aquellos que no tienen la ley. Porque el poder de la redención alcanza también a todos aquellos a quienes no ha sido dada la ley. Porque el que no ha sido condenado, el que no se halla bajo la condenación, no puede arrepentirse; y entrada a una vida nueva. El nacer “de agua y del Espíritu,” dijo el Salvador a Nicodemo, es esencial para la entrada al reino de Dios. ¿Quién puede entender mal estas palabras? Escudriñen las escrituras; ¿no nos enseñan que el bautismo es para la remisión de pecados? “Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo del arrepentimiento para remisión de pecados.”— (Marcos 1:4). Juan dijo a los judíos que venían a él: “Haced frutos dignos del arrepentimiento. *** Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; más el que viene tras de mí, más poderoso es que yo.”—Mateo 3:8,11.

Todos son redimidos del Pecado Original

Todos los hombres han sido redimidos del pecado original. No somos responsables por él. Todos somos redimidos de sus consecuencias mediante la expiación de Jesucristo, ya sea que creamos en él o no. La resurrección vendrá a todos, así a los justos como a los inicuos. Pero cada hombre tiene que responder por sus propios pecados, a menos que se arrepienta y reciba el evangelio. Si hace esto la sangre de Jesucristo lo limpia de sus pecados individuales. Los niños pequeñitos, no teniendo pecado, son redimidos de la caída. Si murieren en su infancia recibirán la vida eterna, y serán recibidos en el reino de Dios para morar en su presencia.

Esta es la doctrina enseñada por Cristo. Cuando le trajeron los niños pequeñitos, él no preguntó, “¿Han sido bautizados, o rociados, para limpiarlos del pecado original?” ¡No! Él dijo: “¡Dejad a los niños, y no les impidáis de venir a mí; porque de los tales es el reino de los cielos!” ¡Qué doctrina tan gloriosa es ésta! Que consuelo es el saber que los niños pequeñitos pertenecen al reino de los cielos. Sólo cuando llegan a la edad de responsabilidad y empiezan a comprender el pecado y participar de él, necesitan arrepentirse y ser limpiados del pecado cuando no tienen pecado.

Una Doctrina del Inicuo

Los niños pequeñitos no pueden arrepentirse. No han hecho nada de que arrepentirse. Son inocentes ante Dios, y el enseñar que deben ser bautizados es una doctrina de Satanás. No hubo bautismo de infantes en los días de Cristo y .sus apóstoles. Esta perversidad fué introducida muchos años después de la muerte de los apóstoles, y es una de las señales principales del dominio de Satanás sobre los corazones de los hijos de los hombres, porque es una doctrina que niega las misericordias de Cristo y el poder de su expiación.

Cuando el evangelio fué restaurado hace cien años, se enseñaba una doctrina perniciosa entre la gente. Todos debemos estar agradecidos al Señor que ha desaparecido casi completamente, porque no pudo continuar su existencia a la luz del evangelio restaurado. Esta era la doctrina de que los infantes que no fueron bautizados (rociados), muchos de ellos de solo “un palmo de largo”, estaban en el infierno en tormento eterno, porque sus padres no los llevaron a ser bautizados por un sacerdote que no tenía ninguna autoridad divina. Cuando estuve en el campo misionero hace treinta años, un hombre y su esposa, a quienes estaba yo enseñando el evangelio, me preguntaron si. Había esperanza para los niños pequeñitos que mueren sin ser bautizados por un sacerdote. Entonces me relataron la siguiente historia: Uno de sus hijos había muerto en su infancia. Pidieron al ministro de su iglesia que se encargara del funeral y que diera al niño una “sepultura cristiana”. Este lo rehusó hacer, porque, explico él, el niño no había sido “bautizado” y por lo tanto no podría recibir una sepultura cristiana. Los padres estaban acongojados; se les había hecho creer que su niño estaba condenado eternamente, y que no deberían pensar que lo verían otra vez porque había sido señalado a permanecer en el tormento del infierno para siempre. ¿Pueden imaginar algo más lejos del cristianismo que una enseñanza como ésta? Imagínense a sí mismos en tal situación. Supongan que a ustedes se les había hecho creer que uno de sus hijitos había sido consignado al tormento eterno porque no había sido bautizado, y entonces supongan que aprendieran la verdad y descubrieran la misericordia de Jesucristo y su amor para los niños pequeñitos? ¿No condenarían en la manera más enfática esta doctrina falsa? No dirían que los que enseñan tales perversidades están en la hiel del infierno? No se sentirían agradecidos a su Salvador por la verdad y no aumentaría su amor para él cuando descubrieran que él ha redimido a todos los niños pequeñitos que mueren?

Todos los niños pequeñitos se salvan en el Reino Celestial

En una visión dada a José Smith en el Templo de Kirtland en el año de 1336, esta verdad le fué dada a conocer, y él dijo:

También vi que todos los niños que mueren antes de llegar a la edad de responsabilidad, se salvan en el reino celestial de Dios.

Esta no fué la primera vez que esta verdad fué dada a conocer. Encontramos esta doctrina enseñada en el Libro de Mormón, y al joven profeta en septiembre de 1830, poco después de la organización de la Iglesia, el Señor dijo:

Pero he aquí, os digo que los niños pequeños son redimidos desde la fundación del mundo, mediante mi Unigénito;
por tanto, no pueden pecar, porque no le es dado poder a Satanás para tentar a los niños pequeños, sino hasta cuándo empiezan a ser responsables ante mí;
porque a ellos les es dado conforme a mi voluntad, según me plazca, a fin de que se requieran grandes cosas de las manos de sus padres.
Y además os digo, ¿a quién de los que tienen conocimiento no le he mandado yo que se arrepienta?
Y en cuanto al que no tiene entendimiento, queda en mí hacer de acuerdo con lo que está escrito…—D. C. 29:46-50.

La misericordia del Señor es maravillosa. No roba a la justicia, porque obran en armonía perfecta, pero se robaría tanto a la justicia como a la misericordia y se cometería un crimen imperdonable en el nombre del Señor, si no fueran redimidos todos los niños pequeñitos mediante la expiación de Jesucristo.

Maestros falsos llegan a esclavos del “Hombre de Pecado”

Canon Stowell de la Iglesia Anglicana declaró la verdad cuando dijo: “¿Qué es una opinión? Doscientos millones de hombres civilizados son los esclavos de una opinión, y esa opinión los hace siervos del ‘hombre de pecado’.” Esta opinión, o doctrina falsa, de que los niños pequeñitos que mueren sin ser bautizados son condenados eternamente, la que trajo miseria al mundo por muchos siglos y que erróneamente fué enseñada como parte del evangelio de Jesucristo, hizo de los hombres esclavos del “hombre de pecado,” tal como Mormón enseñó claramente en su epístola a su hijo Moroni.

Hace muchos años, David King, un inglés, publicó una obra pequeña titulada: “¿Por qué Bautizar a los Niños Pequeñitos?” El Sr. King trató el tema detalladamente y mostró terminantemente la falacia y la iniquidad de la doctrina del “bautismo de infantes.” Al concluir su argumento dijo:

Las iglesias griega, la romana, la anglicana, la presbiteriana, y otras iglesias, bautizan a niños pequeñitos como miembros. Ya sean convertidos o no en años posteriores, permanecen miembros de la iglesia. De esta manera el mundo está abiertamente en la iglesia. *** ¡No es de maravillarse que el incrédulo señala con el dedo de escarnio al así llamado, cristianismo!

No que una persona justa se perderá a causa de un error en cuanto al bautismo. Pero miles crecen con la creencia de que en la infancia se hicieron cristianos —hablan de “nuestro Salvador” y de vez en cuando van a la iglesia. Nunca se les ocurre el hecho de que no son cristianos. Dígales que no lo son, e indignamente le preguntarán si cree que son judíos o paganos? ¿Acaso no nacieron en un país cristiano? ¿Y acaso no se hicieron hijos de Dios por medio de los santos bautismos? Si no fuera por esta ilusión tal vez se les podría hacer descender su condición verdadera —sin Dios, sin Cristo, sin perdón, sin esperanza— y tal discernimiento les llevaría en muchos casos a una inquietud profunda y a la conversión verdadera. Pero la mentira está sobre sus frentes y en su corazón. Ellos parecen, sacrificados al bautismo de infantes y la creencia de que son miembros, tan completamente como los aplastados adoradores del hinduismo son sacrificados a sus ídolos.

Estas son algunas de las consecuencias malas del bautismo de infantes. Si es de Dios, que sea honrado, pero si no, de ninguna manera es sin daño e indiferente, sino una perversidad horrible, afligiendo tanto a los niños como a los padres, así a la iglesia como al mundo. —Págs. 53-4.

La palabra del Señor declara que:

Todos los espíritus de los hombres fueron inocentes en el principio; y habiéndolo redimido Dios de la caída, el hombre llegó a quedar de nuevo en su estado de infancia, inocente delante de Dios.
Y aquel inicuo viene y despoja a los hijos de los hombres de la luz y la verdad, por medio de la desobediencia, y a causa de las tradiciones de sus padres.
Pero yo os he mandado criar a vuestros hijos en la luz y la verdad. — D. C. 93:38-40.

Capítulo 30 — Preparación para la vida eterna